…ya tenía corazón rarámuri que late al ritmo de los tambores, que vuela con el canto de los pájaros, que baila con las lluvias. La Sierra era sus pulmones y su sangre; de irse lejos, se moriría. Un rarámuri no existe solo, un rarámuri es con todos o no es. Su casa es la montaña, no cuatro paredes. Su familia, el pueblo entero, no un apellido. Corazón rarámuri.
Lo demás es silencio; Camila Villegas
I
Escribir Teatro siempre me ha parecido un género literario bastante complejo, pues se trata de contar una historia que será vista y leída a base de puro diálogo.
Las pocas notaciones narrativas son para establecer temas de ambientación en el montaje.
II
En alguna de las clases que tomé —en la extinta Casa del Escritor de Puebla— con Daniel Sada, recuerdo que hacía mucho énfasis en la importancia del diálogo. Palabras más, palabras menos, decía: el diálogo en una novela debe servir para eliminar párrafos narrativos y contar de mejor forma la historia. Un diálogo debe reflejarle al lector la forma de pensar, actuar, comer, vestirse y más de un personaje. Si no mejora la historia, lo mejor sería prescindir del diálogo.
III
Durante el tiempo que estuve viviendo en Ciudad de México, me hice un asiduo asistente al Teatro; podría decirse que me convertí en un fanático empedernido. Una de mis gratas sorpresas fue enterarme de que Juan Villoro –reconocido novelista, cuentista y cronista mexicano— había escrito una obra de teatro llamada Conferencia sobre la lluvia, la cual siempre ha sido montada por la Compañía Nacional de Teatro y con la excelsa actuación de Arturo Beristain. Después, disfruté de dos versiones de La desobediencia de Marte con Víctor Trujillo y José María de Tavira/Mauricio Isaac.
IV
Ahora que llevo un rato en Puebla, donde bajo mi consumo de teatro y retorno mi ritmo de lectura, la vida me vuelve a tender un puente formidable: Camila Villegas, de quien vi Jacinto y Nicolasa y leí Las arañas cumplen años, ha escrito la novela Lo demás es silencio (Editorial Planeta de México/Tusquets, 2024).
V
En aproximadamente 280 páginas, Camila Villegas construye una novela dividida en tres capítulos: Fuego, Tierra y Agua; los cuales están precedidos por un pequeño fragmento que da una idea: lo que estás por leer es el sueño/pesadilla o la cruda realidad de “El lobo” Montejo.
Los capítulos son relativamente cortos, dando la sensación de avanzar muy rápido en la historia, y la estructura narrativa tiene un coqueteo muy amplio con el Teatro.
En Fuego, los personajes son presentados de forma intempestiva y acción constante; la persona lectora irá conociendo a cada uno de los personajes conforme la historia se va desarrollando.
En Tierra, quien se acerque a la novela, profundizará en la complejidad de los personajes, en la familiaridad que comparte cada uno con el otro y en el papel que desempeñan con su familia y la comunidad.
En Agua, igual de corta que Fuego, se asiste al cierre de los personajes y la historia.
VI
Quizá se debiera por mis búsquedas recientes, pero mientras leía Lo demás es silencio encontraba una novela en dos bandas o con un texto y subtexto.
La primera lectura es Lo demás es silencio, que cuenta la trágica historia de un pueblo rarámuri de Chihuahua: Norogachi, que padece las consecuencias del narcotráfico.
La segunda lectura es Lo demás es silencio, que narra una historia con un gran contenido espiritual/filosófico —cuya base es la visión rarámuri: el ser es uno con el cosmos y la naturaleza, y dialogan a través del movimiento, el respeto y la comunidad— donde todos los habitantes, para elevarse espiritualmente, deben pasar por un proceso de purificación (fuego), asimilación (tierra) y renovación (agua) que les permitirá entender que lo material es efímero y la verdadera riqueza está en la naturaleza, en la relación con el otro y vivir el presente, porque el siguiente día nunca está asegurado.
Una novela en la que el dolor y la felicidad son parte y complemento en esta vida; existen para que el otro tenga sentido y significado.
VII
Al terminar la novela, pensé: a esta novela le faltó el aire.
Faltó en la mención, pero estuvo presente en la acción: el aire está cuando das la vuelta a cada página, cuando la metáfora/acción cobra vida en tu cerebro/imaginación y cuando dejas la historia reposar, pues permanece lo importante de la historia y se desvanece el resto.
VIII
Y aunque lo material no es tan importante, es curioso que una de las páginas, a la hora de encuadernarse, se haya roto un poco, afectando unas cuantas líneas de algún capítulo.
Como si ese pequeño accidente fuera un mensaje involuntario.
IX
Lo demás es silencio, de Camila Villegas, es una constancia de que aún hay mucho por decir y escribir en la literatura mexicana.


