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Verónica Avilés Calderón: «Escribir novela es un viaje en la oscuridad»

Si te dijeran que tus próximas vacaciones te van a cambiar la vida de una forma que no puedes anticipar, ¿irías?

Este es el dilema que nos plantea Verónica Avilés en Arena Negra, su primera publicación editorial que se encuentra en las librerías desde el pasado mes de enero, de la mano de Editorial Cuadranta, después de que en 2013 autopublicara en Amazon su novela Domitila.

Verónica nació en Caracas y estudió ingeniería de materiales con mención polímeros en la Universidad Simón Bolívar y después un máster en dirección y administración de empresas en ESADE. Actualmente se dedica al marketing, desarrollo de negocios y al comercio.

Residente en la actualidad en Barcelona, recibió clases de escritura creativa, relato, poesía y novela en escuelas independientes con autores de la talla de Eloy Tizón o Elvira Navarro. Gracias a las buenas críticas y buenas cifras de veta que está cosechando Arena Negra, Verónica está llamando a las puertas de este grupo de escritoras latinoamericanas que están tendiendo fuertes lazos entre América Latina y España como Mariana Enríquez, Liliana Colanzi, Samanta Schweblin o María Fernanda Ampuero. Hemos tenido la suerte de poder entrevistarla:

¿Quién es Verónica Avilés, la escritora?

Verónica, la escritora, es una investigadora. Descubre las pistas de una historia y busca la forma de llegar hasta el final de la misma. Cuenta con una brújula, su intuición y su versión crítica. Es capaz de desdoblarse para: por un lado jugar, tantear y escribir a mano suelta; y por otro lado, juzgar con severidad la calidad de lo escrito. Ambos roles no trabajan a la vez y esa simbiosis hace posible la creación de la historia.

¿Por qué escribes?

Soy una persona de ciencias. Estudie ingeniería y me encantó. En lugar de prácticas en una empresa hice tesina y descubrí el agua tibia (no el agua tibia pero sí hice un pequeño descubrimiento, de verdad). En realidad mi primera publicación fue a los 22 años en una revista científica. Me encantaba la investigación pero Venezuela es un país donde la investigación no paga buen dinero.

Además, cuando investigas solo ves un parte minúscula del todo. Cada avance (la cura del covid, por ejemplo) es el resultado de un largo de recorrido de pequeños descubrimientos, experimentos desarrollados por diferentes grupos de investigación en diferentes países. Esto tiene su parte buena y su parte mala, eres un grano de arena en la playa del descubrimiento.

Con la escritura, trabajo y disfruto de cada parte del proceso, pero además puedo ver el todo. Cada historia que escribo es un descubrimiento completo en sí mismo.

¿Qué lleva alguien que nació en el caribe y que vive en España, dos lugares turísticos donde los haya, escribir una novela con una pareja de turistas como protagonista y ambientarla en Bali?¿Qué te ofrecía Bali?

Leí en algún sitio que la gente iba a Cortázar y le decía “te voy a contar esta historia para que puedas escribirla”. Cada vez que sabían que se dedicaba a escribir. Él solo sonreía porque no ocurre de esta forma. El escritor escribe acerca de aquello que de alguna manera u otra resuena en su interior. Coincido.

La idea fue concebida a partir del lugar, no a la inversa. Putra, uno de los protagonistas de la novela, fue mi chófer en Bali (y vivía en Batubulan). Alguna reflexión del libro proviene de las conversaciones que tuve con él en esos trayectos de coche. Además, durante la temporada que estuve en Bali tuve la sensación de que ellos vivían una vida diferente, con criterios diferentes y que no aspiraban al estilo de vida occidental. Por ejemplo: no toman café. Eso me sorprendió. Tienen uno de los cafés más caros del mundo, pero es una bebida que no ingieren. La tienen allí para los turistas, igual que el alcohol. A mí me gusta hablar de las diferencias de paradigmas mentales, así que cuando observé estos detalles durante mi estancia me dije “aquí hay una historia”. Cerró el círculo un documental de Joshua Oppenheimer que recomiendo ampliamente, se llama The art of killing.

¿Qué esperas de Arena Negra?

Me gustaría que al final de la lectura pueda haberle regalado una sonrisa al lector, la sensación de que el tiempo que dedicó a esta historia mereció la pena. Además quisiera dejarle con ganas de leer mi próxima novela.

¿Por qué deberíamos leerla?

Uy, ‘deber’ es un verbo difícil de encajar en mi vocabulario. Diré: Arena Negra ofrece una perspectiva fresca en el ámbito literario, una propuesta original, diferente en cuanto tipo de narrador y tipo de historia que “está de moda”, y, en cierto sentido, también es un viaje; así que es una buena opción para ser incluida entre los 12 libros al año que lee, de media, un español.

Has elegido un narrador en tercera persona, lejos de la corriente actual de la primera persona y una estructura basada en los diálogos (algo que también escasea en la novelística actual). ¿Por qué estas decisiones narrativas?

No decido el narrador en función de las tendencias actuales sino de la forma que mejor me encaje en la historia. Una vez ha ocurrido “el chispazo” y me digo “aquí hay una historia” la idea se queda rondando en mi cabeza hasta que encuentra un narrador adecuado, me parece fundamental para que la historia funcione. En el caso de Arena Negra es un narrador en tercera persona, pero no es un narrador omnisciente. Por poner una imagen, el narrador es una luciérnaga en la oscuridad que ilumina ahora a un protagonista, ahora a otro.

Cuando ilumina a ese protagonista podemos ver la historia desde su perspectiva y también lo que piensa y siente. Escogí este tipo de narrador porque ayudaba a que la novela fluyese. La alternativa habría sido un narrador múltiple, pero habría ralentizado la acción; habría estorbado más que ayudar.

Por otra parte, los diálogos tratan asuntos que sonaría forzado que los dijera un narrador. Así, los dos elementos narrativos se retroalimentan. Los diálogos dan una cercanía que ningún tipo de narrador logra, es casi como estar dentro de la escena.

¿Qué ha supuesto para ti la publicación de Arena Negra?

Un sueño hecho realidad. Escribir novela es un viaje en la oscuridad y el hecho de que una o más editoriales muestren interés por el libro es ver la luz al final del túnel. Escribir novela es un ejercicio de optimismo empedernido. Se tenga escaleta o se escriba con brújula, el autor no sabe si la novela va a llegar a buen puerto hasta que la termina y ni siquiera en ese momento puede estar seguro. El punto crítico viene cuando se reciben los comentarios del primer lector y después, por supuesto, cuando alguna editorial decide que el esfuerzo, que ese viaje que el autor ha realizado como un salto al vacío, puede tener mercado, puede haber alguien que pague por aquello que él ha escrito.

¿Qué consejo te gustaría darte a ti misma como escritora a tu ‘yo’ que aún no había publicado?

Dale más y ataca cuanto antes aquellos puntos que te generan inseguridad. Publicar también es un ejercicio de autoestima.

Nota -no viene al caso del todo pero te lo cuento por si sirve para la presentación-: Entre Domitila (2013) y Arena Negra (2023), escribí que no ha visto la luz; se llama La peregrina. Es una novela que tiene un corte de autoficción y trata acerca de las diferencias de paradigmas -igual que con Arena negra -entre dos emigrantes del mismo país y que me tutoró Elvira Navarro y que he revisado tantas veces como para terminar volviendo a cambiar cosas que había cambiado la vez anterior. La metí muchas veces a diferentes editoriales y no encontró cabida. Podría haberme quedado encallada e insistir (aún más) en intentar encajar esa novela. Sin embargo, decidí avanzar, meterme en otra historia y confiar. Creo que leer la biografía de autores famosos ayuda a aguantar. La primera novela de García Márquez (La hojarasca) se publicó después de que tuviera éxito con otras.

¿Arena Negra es una novela con una ambientación internacional, deslocalizada, y por tanto con una proyección a poder ser traducida y vendida en distintos países, incluso más allá de mercado hispanoamericano? Además el lenguaje en la que está escrita está desprovisto de léxico latino. ¿Se debe a una aspiración de buscar lectores en todo el mundo?

Nuevamente el proceso ocurre de adentro hacia afuera, no a la inversa. Yo no me planteo primero el tema y después lo desarrollo sino al contrario: el tema me encuentra. Mientras estoy viviendo voy atenta a elementos susceptibles a ser narrados, así aparecen las temáticas de las novelas (La peregrina, Arena negra, La plataforma).

En el caso de Arena Negra funcionaba bien para la historia que los turistas fuesen americanos, no españoles o latinos, así que no tendría sentido utilizar un lenguaje latino con unos personajes americanos.
Igual creo que nuestros orígenes, todo lo que vivimos y viajamos nos provee de herramientas para utilizar no nos esclavizan ni estigmatizan. Ser latina no me obliga a escribir historias latinas con léxico latino sino que me permite escribirlas (si lo decido) con la fuerza de haber nacido y vivido allí.

¿A dónde te gustaría llegar en tu viaje como escritora? ¿Cuáles son tus aspiraciones literarias?

Hasta el final, hasta donde den mis capacidades, hasta la muerte. Sobre todo, éste es un viaje que me apetece y que quiero hacer a mí manera. Sea como sea, quiero escribir acerca de temas que me interesan y de la forma que me interesa. Creo que no entraré en el juego de “voy a escribir acerca de xxx porque está de moda” (nunca digas nunca, pero de momento no).

¿Qué tienes en mente para tu próxima publicación?

La plataforma, una novela coral que está articulada en puros diálogos, casi sin narrador. Una novela acerca de los pecados capitales, más concretamente la codicia, y todas las emociones/sentimientos que los rodean: deseo, necesidad, vergüenza, rabia. Una novela que invita a reflexionar acerca de la forma cómo juzgamos a otros, cómo nos juzgamos a nosotros mismos, y quizás también una invitación a observar que, en el fondo, todos estamos en el mismo barco. Siendo muy soñadora quisiera que esa fuese la reflexión final de La plataforma, algo que creo que se ha logrado con Arena Negra.

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