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Sandra Jiménez: «La metáfora es una trinchera desde donde batallar»

La collagista madrileña Sandra Jiménez, más conocida como Mirada de Mujer Collage, nos habla sobre las imágenes, el poder de las palabras y cómo caminar por los diferentes senderos del mundo.

«Una imagen vale más que mil palabras». Una frase que transcendió a lo largo de los años y supuso un quebradero de cabeza en numerosos debates. Enfrentando a los adalides de la palabra frente a los de las imágenes, planteando la pregunta pertinente: ¿quién tiene razón? Según Sandra Jiménez, mejor conocida como Mirada de Mujer Collage y autora del libro Una imagen, mil palabras, sin las palabras la imagen no valdría nada, pero sin la imagen tampoco habría palabras. En definitiva, ambas se nutren mutuamente, creando así un ciclo infinito.

La artista madrileña tiene raíces en el teatro y saltó hacia al arte del collage. Además de ser actriz profesional y dramaturga, su fascinación y vocación residen en el arte visual, llevándola a la metáfora a través del collage.y utilizando objetos como su motor para conectar la realidad.

Charlé con ella acerca de su trayectoria, la creación artística, la expresión metafórica y su libro. 

Eres actriz profesional e incursionas en el collage, ¿cómo fue esa transición?

Creo que pasaron varias cosas que me hicieron transicionar hacia el collage, porque yo no sabía lo que era. Todo parte cuando me fui a vivir a Inglaterra con una beca en arte dramático. Me encantó por el tratamiento que hay hacia las artes escénicas. En ese momento, hace como 20 o 25 años, conocí a un autor, Tadeusz Kantor, director teatral polaco. Venía de las artes plásticas, por lo que era también pintor y escultor. Él se caracteriza por montar sus obras en espacios no teatrales. De hecho él empieza después de la Segunda Guerra Mundial. Era judío y hacía teatro en Polonia en lugares que fueron bombardeados o antiguas iglesias. Es decir, empezó a buscar maneras de habitar otros espacios y resonar con ellos. 

Además, el tratamiento que hacía de los objetos en escena era increíble, porque transmutaba al objeto. Tomaba objetos cotidianos y los transformaba a través de la metáfora. En ese momento me voló la cabeza y me cambió la vida. De hecho mi tesis la hice sobre él y había algo de su plasticidad que me llamó la atención. Cuando yo vuelvo a España y empecé con la tesis, me contaron de una compañía de teatro que yo no conocía, que se llamaba la Zaranda. Me quedé fascinada cuando lo observé. El problema es que cuando yo empecé a estudiar a Kantor ya había fallecido, no había manera de ver nada suyo, yo había visto muchos vídeos, muchas cosas, pero ver a la Zaranda era como ver a Kantor de alguna manera, había como un poso. 

A mí siempre me ha acompañado en todo lo que he hecho, porque además he sido una persona que, a pesar de que mis estudios han sido como muy ortodoxos y he estudiado interpretación, me he formado para ser actriz, interpretación de texto puro, pero yo sé que yo siempre he sabido que mi camino era otro. A mí me gusta mucho más la creación propia. El buscar nuevos léxicos o nuevos lenguajes teatrales.

Recuerdo una exposición surrealista en Inglaterra llamada Surrealism-desire unbond. Vi todos esos objetos también surrealistas y a mí me también como que dejaron ahí un poso grande en mí entonces. Yo creo que esto es un poco el cóctel.

¿Realmente cuándo empezaste con el collage?

A partir de la exposición que te menciono y todo ese cóctel que se venía gestando. Cuando yo vivía en Inglaterra empecé a hacer mis propias decoraciones porque no puedo tener las paredes en blanco y con la situación económica tampoco podía comprarme láminas, así que empecé a crear cuadros con las colecciones de todas las revistas y todos los folletos de obras de teatro. De ahí parte trabajar con el mundo del objeto y a partir de la pandemia, que a todos se nos disparó la creatividad, me puse enserio. De ahí nace el libro donde utilizo objetos reales que con objetos pequeños, lo considero como pequeñas puestas en escena con objetos cotidianos. Es como si yo hiciera teatro en miniatura y me ayudaba sobre todo a escribir. Además en mi faceta como dramaturga estos dos artes se han unido y el collage me ayudó a escribir la última obra de teatro. 

Los objetos transmutan y cuenta una historia. Es interesante no todo parte desde un mismo origen, es decir, tu vienes del teatro y ahora estas en las artes plásticas. Los caminos no son unidireccionales. 

Yo soy una persona muy ecléctica. Conecto todo el rato, por eso me encanta. Tomo referencias no solo del teatro, me gusta la neurociencia, la biología… Considero que todo tiene conexión y que, como dices, no son caminos unidireccionales. Por eso de alguna manera llegas desde otros lugares y traes otras cosas.

En tu libro Una imagen y mil palabras dices que el lenguaje articula el mundo y también que la palabra es la que se adhiere a la imagen para alumbrarla. 

La frase esta de «una imagen vale más que mil palabras» no creo que sea así. Porque si tú no tienes palabras la imagen no vale nada. Pero sin la imagen tampoco hay palabras. Una cosa se nutre de la otra, que en el fondo nosotros articulamos. El mundo es de dos maneras: desde lo que vemos y desde lo que procesamos. Y lo que procesamos se vuelca otra vez en la imagen y vuelve a nutrirnos; o sea que es un ciclo infinito.

Si no lo nombramos no existe. 

Me gusta pensar que las artes son un proceso creativo que tiene que ver con la vida y en ella están todos los ingredientes. Entonces tú no los puedes separar de alguna manera, porque no eres sin lo que te rodea y no eres si no lo articulas.

En tu libro tratas diferentes temas interesantes, hay uno en particular en el capítulo noveno que escribes: «Por su gesto, los conoceréis en mi país durante muchos años, en las cabalgatas de Reyes, el rey Baltasar era un blanco». No añado más pero quiero indicar el uso que haces de la metáfora a través de la imagen y la palabra.

El collage siempre va acompañado de un texto. No que es que explique el collage sino que forma parte con una metáfora. Yo intento crear una alegoría finalmente de varias metáforas con la que te lleven a pensar como ese capítulo de lo que subyace la caja de Betún, es decir, una lata de betún no es nada, pero ¿qué es el betún? El betún es el domingo, tu padre te limpia los zapatos. Cuando yo era pequeña me los limpiaba para salir a dar la vuelta del domingo, pero el betún es el betún del Rey Baltasar que pintamos para la cabalgata. Entonces de ahí empiezan a surgir todos estos pensamientos que son del subconsciente pero que sí que forman parte de mi ideología. Para mí la metáfora es la trinchera desde donde batallar.

Un discurso ideológico que se ha instalado y que va desde el patriarcado hasta la colonización. Creo que cuando generas metáforas en el fondo, te vas alimentando de información, te alimentas de lecturas, te vas alimentando de ponencias, discursos, arte… Y luego tú generas ese discurso, entonces yo no puedo separarlo. Dejar de reivindicar lo que lo que veo, lo que creo que no. Y creo que todo eso está contenido en todos los objetos. Los objetos hablan de quiénes somos como civilización.

Toda acción es política y hasta los objetos son políticos.

Sí, de hecho yo hice una exposición que se llamaba mujer-objeto sobre cómo asociábamos. Por ejemplo, en el collage de la fregona con cara de mujer tristemente se asocia una escoba o fregona a una mujer. Esta ahí, forma parte de nuestra civilización. Primero hay que deconstruirlo y hacerse las preguntas para luego cambiarlo. Por eso la metáfora es un cañonazo visual y apela al pensamiento.

Sí, de hecho quería hablar de esa exposición en particular, porque mujer-objeto me rompió la cabeza. Creas metáfora en la imagen. 

En los textos más banales están todas las verdades sobre las que se sustentan nuestras ideologías y nuestros pensamientos. Por eso en la imagen de la fregona con la cara de mujer es pensar que a las mujeres nos escurren y nos sacan todo, además del encasillamiento de no poder ser otra cosa. Así que es un gesto reivindicativo de que sí podemos.

También tratas el tema de la memoria y la identidad, temas muy importantes particularmente en España.

Este es el primer libro que hice. Yo necesito que todo sea muy tangible y como las redes sociales crean esta nebulosa, yo necesitaba ponerlo ahí. Es cierto que hay temas: la memoria, la mujer, la identidad y la interseccionalidad. 

En el tema particular que me comentas sobre la memoria creo que hay un papel importante en este país, porque considero que tiene un problema grave de demencia. Por ello necesitamos recuperarla. Es importante saber de dónde venimos y de alguna manera rescatar estos objetos y rescatar estas fotos con las que yo trabajo. Una recopilación de rescate y dignificación. 

Podría mencionarte muchas obras, pero la del sacapuntas: ¿cómo llegaste a esa historia?

Me paso el día pensando e ideando la manera de buscar reflejar mis pensamientos. En esta obra en particular me surgió la imagen de dos, es decir, dos niños que sacan punta en la papelera, como el lugar prohibido, una manera de huir del pupitre. La construcción que existe sobre el pupitre es rescatar los actos subversivos de la cotidianidad.

A mí el tiempo me obsesiona mucho y todas estas metáforas que aluden al tiempo, todas estas acciones que son como progresivas, como sacar punta. ¿Qué es sacar punta? ¿Qué es que es ser afilado? ¿Qué es afiliado a ti no está como si fuera el lápiz? ¿Si fuera el lápiz de la existencia de lo que escribe su historia y va sacando punta y un día se acaba? No pintas más. El lenguaje es importantísimo.

Esos elementos naturales que usas en tus trabajos y en tu libro hay uno en especial hecho con una planta seca, no distingo bien lo que es por ignorancia.

Creo que hablas de la obra de la madre con su hijo en brazos. Sí, usé un carrizo que se estaba secando y cuando lo corté pensé: tengo que hacer un cola sobre esto. En el fondo yo cuando escribo apelo de alguna manera el germen de la naturaleza; esta naturaleza que es que es cobijo porque no tenemos otro sitio a pesar de que no nos estemos dando cuenta totalmente. Reclamo ese cuidado independientemente no tiene que ser algo materno; puede ser tu padre, tu prima o tu vecina. 

¿Pero qué está en la naturaleza? La naturaleza es amparo. ¿Entonces cuando tú ves esos carrizos? Da mucha pena, porque en el fondo yo siento desamparo. Entonces yo pienso que deberíamos cultivar más ese amparo de cobijo que se nos presenta en la naturaleza, pero no como un ente externo a nosotros. No, no como esta reivindicación de la madre tierra. Sencillamente, de que formamos parte de esto, de que somos esto, somos cobijo también para el otro.

En otro de los puntos de tu libro me gustaría mencionar: «Incluso el terror tiene su propia indumentaria».

Todo empezó porque el abuelo de la productora de nuestra compañía de teatro fue superviviente de un campo de concentración. Ella realizó una obra de teatro sobre esta trágica experiencia de su abuelo. A partir de ese momento yo empecé a investigar, indagar, a ver documentales, en definitiva a informarnos. Esta obra tendrá como 5 o 6 años y bueno, tiempo después mira lo que está pasando ahora al otro lado del Mediterráneo. Entonces creo que el terror tiene su indumentaria, su relato.

En el mismo marco hay una frase que remarco de tu libro: «La destrucción siempre vence a la belleza».

La destrucción vence a la belleza hasta que pongamos remedio. En el fondo quiero decir que a lo mejor la destrucción encierra la belleza dentro de sus propios muros. La belleza es un intento desesperado de eternidad, pero en el fondo todo, todo, todo se destruye y todo acaba siendo polvo.

Por Alba Otero

Periodista. Observar, escuchar y reflexionar, mi mantra periodístico.

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