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Manifiesto Mecha y Taconeo

Quememos el paraíso, amigas

Paraíso viene del persa “paerdís”, que significa terreno vallado. Es este el edén que hoy tratamos de habitar, aquel que no pudimos elegir. ¿De dónde salieron las vallas? Nosotras, las locas, las malas, las enfadicas, las desertoras, hemos decidido negarnos a ocupar más este espacio. Nosotras, las ñoñas, las lloronas, las inocentes, las demasiado niñas, nos sentimos tremendamente agotadas de poblar la violencia y normalizar la crueldad. Nosotras, que somos muchas, estamos hartas de sobrevivir intentando ganarle la batalla al tiempo. No creemos en sus banderas. No queremos vivir caminando sobre andamios para atisbar el vértigo constante ante la posibilidad de pisar fuera. Desistimos de la culpa que ha desfigurado nuestra sombra. Rechazamos la máxima que nos invita a consumir hasta consumirnos. Nos resistimos a formar parte de la guerra de los precios.

Nosotras nos hemos mirado hacia dentro y hemos encontrado que las vallas han atravesado nuestra piel. Su arquitectura de hierro fija los límites de una circunferencia irregular: un hueco. ¿Nos engullirá este agujero que somos? Nos hemos tragado el paraíso. Despacito, nos hemos acercado a nuestro vacío y lentamente hemos susurrado el miedo que nos persigue. Tememos que sea más grande que nosotras. Pero, quizá, esta cavidad, justo en la boca del estómago, no esté tan vacía. Puede, por el contrario, que se encuentre llena. A rebosar de todo aquello que digerimos sabiendo que nos era ajeno. Tal vez, estemos tan llenas de todo lo que nos duele que nos sentimos vacías. ¿Cuándo oxidaremos con nuestro llanto las vallas? ¿Cuándo sostendremos el grito en la garganta para pronunciar el daño?

Nosotras, las que saldremos bailando del paraíso, deseamos habitar “otros posibles”. Nosotras, las que transita las grietas, añoramos otras formas de vivir. Nosotras, las indecibles, queremos poner nuestros propios límites. Soñamos con dejar entrar la luz hasta que conozcamos todo lo que aún no sabemos. Proponemos aceptar esta vulnerabilidad que somos, porque reconocer el riesgo constante de ser dañadas nos hace abrazar la persistente posibilidad de sentir placer. ¿En qué momento el cuerpo volverá a pertenecernos? Correremos el riesgo de abandonar la casa para crear un hogar. Nos haremos cargo de la tierra que moramos, como ella se hace cargo de nosotras. ¿Y si atravesamos con nuestras flores el asfalto? Nuestra historia se escribirá en minúsculas y en plural porque hablará de lo cotidiano.

Audre Lorde nos lo preguntó una vez, nosotras lo recordamos: <<¿Qué palabras son ésas que todavía no poseéis? ¿Qué necesitáis decir? ¿A qué tiranías os sometéis día tras día, tratando de hacerlas vuestras, hasta que por su culpa enfermáis y morís, todavía en silencio?>>. Compañeras, esto es un canto para que aunemos nuestros cuerpos y quememos EL paraíso. Empecemos, por qué no, nombrando nuestros “otros posibles” y compartiéndolos.

Comparte aquí el mundo que quieres habitar: https://psyuam.eu.qualtrics.com/jfe/form/SV_a2GBrzVZ6YvVAZE

Por María Bonafonte Recio

"Qué es este espacio que somos" Alejandra Pizarnik

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