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Marta Jiménez Serrano: «El contacto con la muerte es inmutable, azaroso, impredecible y fortuito»

En la más reciente novela de la escritora española se establece un diálogo entre el amor, la muerte y el asombro de vivir.

Marta Jiménez Serrano (Madrid, 1990) presenta la novela Oxígeno (Alfaguara, 2026) donde narra una experiencia real: un aciago incidente domestico la llevó al borde de la muerte en noviembre de 2020 junto con su pareja: la fuga de monóxido de carbono de la caldera de su departamento la fue adormeciendo hasta que se desplomó y se golpeó la cabeza. Relato de cómo ella y su novio estaban muriendo sin saberlo. La muerte asediando de forma sigilosa en una fábula que conjuga tensión narrativa, ansiedad y esperanza. 

“Hay una mujer tirada en el suelo del cuarto de baño. La mujer está inconsciente y el suelo del baño es gris claro. […]. Es el sábado 7 de noviembre de 2020 y la mujer que está tirada en el suelo soy yo. […]. La literatura necesita una trama, y aquí no hay trama: simplemente alguien inconsciente en el suelo, alguien muriéndose, con causa por lo pronto desconocida”: fragmentos iniciales de una crónica que la autora escribió durante cinco años y “es el libro que nunca hubiera querido escribir”. 

“No fue fácil darle forma a esta historia. La muerte es sigilosa y se presenta en formas muy variadas, me ha costado mucho, nunca hubiera querido escribirla. En estas páginas se desmenuzan los minutos en que la vida se nos puede escapar y el tiempo que sigue después de un infausto acontecimiento. Aparece aquí el testimonio de cómo nos enamoramos mi pareja y yo, y decidimos edificar una vida en común. Realmente, en esta novela se establece un diálogo entre el amor, la muerte y el asombro de vivir”, expresó Marta Jiménez Serrano en entrevista para Revista Purgante

¿Apelación a un humor seco y a la perspicacia para dilucidar, desde la catarsis, temas sustanciales de la existencia humana?

Derramo mi sensibilidad con un poco de humor para hablar de asuntos trascendentes de la vida: el amor, las exaltaciones de vivir, las festividades, los asombros cotidianos y la muerte insoslayable

¿Accidente que la puso frente a las coordenadas de los miedos?

Sobre todo, cambió mi escalafón personal de los recelos, los cuales me vi obligada a graduarlos. El incidente sucedió en el resguardo de mi casa, ese lugar que nos cobija y donde nos sentimos seguros. La muerte se concierne con el exterior, la enfermedad o circunstancias arriesgadas. Estábamos en nuestro departamento y sucedió lo terrible. Sí, el accidente alteró mi sentido lógico frente a los miedos. 

¿La experiencia de la muerte también de su pareja?

Él fue quien llamó a emergencia. Experimentamos la misma adversidad desde espacios y circunstancias distintos. A él le preocupaba el tiempo y los agobios. Yo tenía miedo de caer en la inconsciencia. Cada uno vivió la cercanía con la muerte de manera diferente. La relación sentimental se fortaleció.    

¿La muerte nos asedia siempre?

Sí, debemos admitirlo: la muerte está rondando siempre, todo el tiempo y sin pausa. El contacto con la muerte es inmutable, azaroso, impredecible y fortuito. Pude morir intoxicada por monóxido de carbono a causa de una negligencia técnica en la caldera del departamento que alquilé con mi pareja. ¿Quién lo iba a sospechar?

¿Evoca usted el cosmos mexica de los destinos tras la muerte?

Siempre me ha llamado la atención la presencia de la muerte en la cultura mexicana; el destino tras la muerte en el México antiguo, no dependía del comportamiento en vida, sino de la forma en que moría la persona. De ahí la evocación a Mictlán, Tlalocan, Omeyocan y Chichihuacuauhco. ¿Qué puerto correspondería a mi muerte? 

¿Por qué la inclusión del Covid-19 en la novela?

Dudé mucho en incluirlo; es cierto, no tiene un papel central en el relato, pero me parecía que añadía un poco a ilustrar esos casuales episodios que nos acercan a la muerte. Además, no olvidar que esa pandemia nos hizo tomar razón de la inconsistencia de la vida. 

¿Por qué recurre usted a Rilke?: Señor, da a cada quien su propia muerte.

Hay muertes que han de ser y otras que no, muertes oportunas e inoportunas, muertes que nos corresponden como nuestra propia muerte y muertes que no nos tocan. Morir sin sufrir es la muerte que ha de ser. En mi experiencia supe lo qué es estar muriéndose. Aunque todos sabemos que vamos a morir, yo lo aprendí de verdad. Me resultó atinada la petición de Rilke a Dios. 

¿Qué significa estar muriéndose?

Es algo muy extraño que no tiene explicación. En esa extrañeza supe que lo corporal y lo espiritual peregrinan por ramales opuestos, por caminos diferentes.

¿La muerte cosida en los acasos y en lo sorpresivo? 

Esta experiencia me hizo comprender que la vida no sigue una línea ordenada de períodos: todo es imprevisible. Nunca sabemos lo que va a suceder: todo acontece bajo los códigos de las eventualidades. Organizamos nuestro tiempo, hacemos planes, pero el mañana es un enigma. El futuro nos inquieta: vamos a envejecer, nos vamos a enfermar o a lo mejor, no. La verdad está en que todo puede cambiar en cualquier momento. 

¿Marcado el influjo de Joan Didion? 

Esta novela le debe mucho a la memorable crónica de Joan Didion: El año del pensamiento mágico, que narra con distancia emocional la muerte repentina de su marido, el escritor John Gregory, y también su entrañable Noches azules, donde aborda la muerte de su hija. Aparecen referencias de Maggie O’Farrell, W. G. Sebal, Rilke, Calderón de la Barca, Roberto Bolaño, Dante, Unamuno, Machado, Antonio Tabucchi o Carmen Maite Gaite a través de libros que fueron determinantes para suscribir la tonalidad de Oxígeno

Ficha
Oxígeno
Autora: Marta Jiménez Serrano
Género: Novela
Editorial: Alfaguara, 2026