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Lecturas de octubre (VI)

Daniel Verdú, Ander Izagirre, Nona Fernández y Anne Carson se confabulan para despedir octubre con este compendio de lecturas propuestas por la redacción purgante.

La bola; Daniel Verdú

La bola cuenta una historia de un enigma, también de engaño, identidad falsa, ambición y manipulación en el mundo de los medios de comunicación españoles en plena crisis de 2008 y tras los ERE, despidos y traspasos varios de medios como El País. Es en este contexto en el que aparece una misteriosa mujer que se hace llamar Mar de Marchis, quien pretende sacar adelante una revista literaria y de periodismo narrativo y musical sin pagar a ninguno de sus afamados colaboradores. Se presenta como una abogada de origen siciliano, sofisticada, culta y con excelentes contactos. Nadie parece conocerla personalmente, pero consigue ganarse la confianza de periodistas, escritores, políticos y personas influyentes. Mar no es más que una máscara, un personaje grandilocuente creado a medida que esconde una mujer con serios problemas de identidad y fobia social. Plantea, además del lema “la realidad siempre supera a la ficción”, un mundo en el que nada es tan despampanante y glamuroso y en el que todos llevamos máscaras y caretas.

La mochila; Ander Izagirre

 «A mí la explosión de la bomba me sigue alcanzando todos los días». Me da miedo escribir cuando estoy consiente de lo limitado (e ingenuo) que soy al tratar de reseñar o querer explicar o entender o dimensionar Mochila, el más reciente libro de Ander Izagirre (Donostia, 1976). Me da miedo asomarme al infierno que describe. Me resulta incomprensible el nivel de violencia de un lado y de otro. Me gustaría ir a abrazar a Alberto (Muñagorri) y a la lista interminable de víctimas que en un poco más de cuatrocientas páginas desfilan. Y, sobre todo, pensar que esto solo es una descripción “microscópica” de este planeta. Izagirre realiza una autopsia certera de la violencia en el País Vasco, y en específico en Rentería, tomando como referencia un hecho que, en junio de 1982, le cambió la vida a Alberto Muñagorri. ETA dejó una mochila-bomba en una plaza de Rentería que se suponía debió explotar a la media noche. No lo hizo en ese momento y sí doce horas después, justo cuando Alberto Muñagorri, de 10 años, cruzaba la plaza para ir a jugar al fútbol con sus amigos. La explosión le arrancó una pierna, le cegó un ojo y le dejó secuelas para toda la vida, algunas visibles y otras que se manifestaron décadas más tarde. El libro nos va llevando a ser, si no testigos, al menos sembrar un testimonio de cómo los atentados de ETA, la kale borroka, las amenazas, los disturbios sin respiro, los GAL, la devastación de la heroína fueron destruyendo y aplastando gente hasta llegar al día de hoy. El escritor y periodista vasco va sumando con maestría a través de la historia las voces de involucradas e involucrados y nos enfrenta con los significados (verdaderos) de violencia, paz y reconciliación.

Mapocho; Nona Fernández


Desde su origen, en la cordillera de Los Andes, hasta su desembocadura en el río Maipo, el río Mapocho discurre a lo largo de 16 comunas en la Región Metropolitana de Santiago. Ese “río moreno”, “sucio y triste”, que arrastra su historia, ha devenido en depósito de cuerpos flotantes como parte de esa inquietante vocación chilena de ir escondiendo muertos en su regazo de agua. Hace ya más de dos décadas, Nona Fernández emprendió la escritura de Mapocho, la primera novela de su hoy célebre corpus literario, encerrada en un piso de Barcelona que, como la propia escritora chilena reconoce en el epílogo, sirvió de puente, de baranda y de mirador. El hallazgo de una fotografía de tres cadáveres flotando en el Mapocho, el patio trasero de la sociedad santiaguina, movilizó a Fernández para reparar en esa práctica histórica que no solo es monopolio de la dictadura pinochetista, sino parte de la cara más salvaje de la construcción de identidad chilena. Cuando al inicio del libro La Rucia decreta, con la resignación más cruel e insoportable, “Nací maldita. Desde la concha de mi madre hasta el cajón en el que ahora descanso. Me escupieron y fui a dar al fin del mundo, al sur de todo”, mientras su cuerpo flota sobre el oleaje del Mapocho, sabemos que estamos ante una de esas novelas sociales, políticas e históricas con las que no es posible eludir la conmoción.

Estéticas liminales; Valentina Tanni

David Bowie dijo en 1999 a la BBC: “El potencial de lo que internet va a hacer con la sociedad, tanto para bien como para mal, es inimaginable. No creo que hayamos visto siquiera la punta del iceberg…de verdad, creo que estamos al borde de algo tan emocionante como aterrador”. El periodista que lo entrevistaba, Jeremy Paxman, le dijo: “Pero nada más es una herramienta, ¿no?” Bowie respondió contundente: “No. Es una forma de vida alienígena”. En el aclamado ensayo de la historiadora italiana Valentina Tanni, Estéticas liminales. Vaporwave, Backrooms, weirdcore o cómo la cultura de internet está enrareciendo la realidad (Caja Negra, 2026), se despliega una interesante arqueología digital que permite mapear aquellos movimientos específicos de la web, abordando con respeto las ideas nacidas en foros como Reddit, 4chan, YouTube o Tumblr. Se trata de un libro que no solo reflexiona sobre las complejidades de internet, sino que intenta entender por qué los usuarios sienten nostalgia por pasados que no vivieron y horror por la inmensidad de espacios vacíos. En el fenómeno cinematográfico del año Backrooms (2026), del joven cineasta Kane Parsons, la teoría de Tanni se materializa, abordando de forma puntual la psicología del espacio inquietante: el horror no viene de monstruos o fantasmas, sino de la arquitectura cotidiana vacía, infinitos pasillos amarillentos de atmósfera agobiante. Estéticas liminales desarrolla cómo un mito germinado en la bulla anónima online (creepypastas e hilos de Reddit), puede mutar hasta convertirse en parte de la cultura pop actual, donde los espacios liminales atraen por la capacidad de suspender el tiempo real. Si antes los escenarios favoritos del terror eran castillos y pueblos desolados, en esta nueva realidad el miedo sale de las ruinas del capitalismo tardío: oficinas abandonadas, alfombras húmedas y luces de neón que zumban mientras algo acecha al fondo. Valentina Tanni, también curadora y docente, advierte que internet lleva tiempo enrareciendo la existencia, hasta el punto de hacerla una vorágine inexplicable. El volumen inyecta una sospecha escalofriante: la realidad ha quedado vacía y los usuarios atrapados fuera de ella. Considerado un mapa imprescindible para entender la psicología y el arte nativo de la web, Estéticas liminales conecta además con las teorías de Mark Fisher y Marc Augé, en las incómodas sensaciones del limbo y lo siniestro; la hauntología digital en su forma más pura: fantasmas de tecnologías pasadas que regresan para enrarecer este presente. Necesario es al mismo tiempo el libro anterior de Tanni, Memestética (Turner, 2024), un estudio que profundiza en la relación entre las artes visuales y la cultura digital, recorriendo el rocambolesco viaje que va de las obras de Marcel Duchamp hasta llegar a la era TikTok.

Campeón gabacho; Aura Xilonen

Años antes de la explosión de uno de los nuevos mundos literarios que florecen sin avisar, ese mismo que luego tendría entre sus principales faros a personas como Andrea Abreu, Karina Sosa, Larisa Cumin, Elaine Vilar Madruga o Johan Mijaíl, la escritora mexicana Aura Xilonen escribió Campeón gabacho, una novela que, vista a la distancia, bien podría ser una de las semillas de ese movimiento hoy reconocible por su riqueza lingüística, la creación imperfecta de imágenes tiernas y crueles, sus críticas inteligiblemente desproporcionadas en su humanidad y agudeza cómica en las que prevalece, aunque a veces falle, la intención de complejizar y democratizar el diálogo con las realidades que descomponen el mundo. Mediante un perfecto uso del ingleñol, acaso inventado o perfeccionado por Xilonen, seguimos con morboso detenimiento las madrizas que la vida y uno que otro cabrón le acomodan a Liborio, un crítico criticón hasta la médula, necio migrante, lector honesto y cruel esquivo de la poesía, enamorado primerizo y pugilista imbatible, mientras que entrega sus días al sinsentido que causan las desgracias cotidianas, las malas decisiones y el inexorable desamparo. Asistimos también, incómodos y divertidos y preocupados, a la reconstrucción de sus memorias, todas ellas salpicadas de la desgracia que acompaña al solitario en tierra de multitudes frívolas, la tristeza del que nunca tuvo un hogar y se aferra a la feralidad de aquel al que, de paso, nadie a ofrecido nada más que hostilidad y gestos parecidos a una lastimosa compasión. Asistimos, sí, como quien asiste escéptico a terapia y en una hora de soliloquio descubre que efectivamente: todos son culpables menos él, sí, hasta que la vida nos grite pendejos a la cara y nos demos cuenta que estamos equivocados.

Eros the bittersweet; Anne Carson

Anne Carson, recién condecorada premio Nobel de literatura, utiliza el concepto de “eros” como un vehículo de interpretación trascendental y, al mismo tiempo, como una configuración de la subjetividad. No por nada Carson busca desentrañar tanto la apropiación e interpretación del amor en la Grecia Clásica como de su función en la sociedad de aquel tiempo. De ahí que la autora diga que “eros es un verbo”, pues su función es casi un movimiento de la existencia, donde al mismo tiempo que se experimenta un éxtasis, también se interpreta al mundo de una forma distinta y estéticamente eléctrica. Quizá por eso es que a través de las páginas de Eros the Bittersweet (Princeton University Press, 2023) encontramos a Safo, de quien parte la interpretación que Carson hace de “eros”, como una fuerza que te sobrecoge y al mismo tiempo es agridulce. Eso sin olvidar a Platón, que también aparece junto a Sócrates, Sartre y Virginia Woolf, entre muchos más. Tal vez por ello este libro deviene en una singularidad cósmica, en un espacio de cosas mundanas, allí donde el corazón de Safo y del griego antiguo sigue latiendo.