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Rafael Burgos: «Barcelona es como Pessoa»

Comprometido con la importancia de relatar las múltiples realidades a través de una mirada poliédrica, arraigada en valores históricos y culturales, este historiador y guía oficial de Catalunya se ha convertido en uno de los principales referentes en la defensa del periodismo local.

¿Qué papel tiene el periodismo en la construcción de la identidad de un territorio? ¿De qué manera los medios esbozan y retratan las ciudades? Estas son algunas de las preguntas sobre las que aún reflexiona Rafael Burgos, (Santa Coloma de Gramenet, Barcelona, 1972), uno de esos periodistas comprometidos con la importancia de relatar las múltiples realidades a través de una mirada poliédrica, arraigada en los valores históricos y culturales. Este historiador y guía oficial de Catalunya se ha convertido en uno de los principales referentes en la defensa del periodismo local. Ahora, acaba de publicar su último libro, Els amos del passeig de Gràcia (Pol·len Edicions), un trabajo de investigación sobre las grandes corporaciones y familias que componen una de las localizaciones más icónicas de Barcelona.

Conocí la figura de Rafa realizando una ruta en Barcelona por los comercios centenarios de la ciudad. Su entusiasmo y la forma de transmitir su conocimiento me hicieron comprender inmediatamente que estaba ante un amante de la ciudad condal. Su retrato de la capital catalana, un espacio que empieza a desdibujarse y que se encuentra inmerso en una pérdida criminal de patrimonio, ahondaba precisamente en esos aspectos. Me reuní con él en el Café de la Pedrera, donde pude ratificar que su bagaje periodístico, afianzado en la cultura y en la defensa de lo local, constituía un verdadero modelo a reivindicar.

“Después de años de navegar sin rumbo fijo y con el viento de cara hice de la pasión virtud. Barcelona me guió, e hizando velas, traje mis naves a buen puerto; el de compartir el equipaje con todo el que quiera escuchar”.

Has unido tus dos pasiones, la historia y el periodismo.

Después de estudiar Historia en la Universidad Autónoma de Barcelona realicé Periodismo en la Universidad Pompeu Fabra. Siempre me había interesado la comunicación. La universidad se convirtió en ese “salto” hacia el interés por la cultura que luego acabaría desarrollando a nivel profesional. Siempre he pensado en esa reiteración del periodismo como “periodismo de investigación” y como un compromiso social. Ahora, que falta una mayor contextualización en esta profesión, es necesario recordar que se necesita tiempo y experiencia. Citando a Rosa María Calaf, “prima más lo que impacta que no lo que importa”.

Ese espíritu crítico lo has reflejado en tu trilogía sobre la corrupción en Catalunya: Crema Catalana. Amiguismo, corrupción y otras miserias (Icaria Editorial), La Casta. Quiénes son y cómo actúan (El viejo topo) y L’Orgia diplomàtica. Ambaixadors i cònsols als descobert (Pol·len Edicions) ¿Crees que el periodismo de investigación está perdiendo terreno en los grandes medios?

Sí. Porque la parte periodística consiste en ir siempre más allá. En L’Orgia diplomàtica era la primera vez que un periodista ponía el foco en el mundo de los consulados. Fue un trabajo muy difícil. Por una parte, nos enfrentamos a la autocensura impuesta por los propios periodistas, y por otra, al investigar y escribir sobre ciertos temas, es inevitable no sufrir censura en otros medios, sobre todo para la difusión del proyecto. Ahora, con Els amos del passeig de Gràcia la situación se ha repetido. Llevo analizando la avenida modernista por excelencia desde el año 2010 y he podido sacar el libro al mercado gracias a una campaña de micromecenazgo. Es complicado que los medios tradicionales quieran, o puedan, dar ese paso. En este último en concreto, hablamos del “kilómetro cero de la gentrificación” y de los negocios inmobiliarios que poseen empresarios como Amancio Ortega entre otros muchos. Por estas razones, intento publicar en plataformas que aún dedican tiempo a la investigación, como Directa y El crític. También, he podido analizar quiénes son los amos de la emblemática plaça Catalunya, desde el punto de vista arquitectónico y sobre todo financiero, que es una de las partes que falta y que te ayuda a comprender muchos aspectos sobre el control y el poder.

Sin embargo, tu primer libro tiene un tono más histórico y surge de una ruta turística: Cervantes en Barcelona Guía de la ciudad vista por don Quijote (Marge Books) ¿Es importante empezar a observar las ciudades con otros ojos?

Deseaba unir la parte periodística e histórica y tenía como idea el hilo conductor de Miguel de Cervantes y Don Quijote. Creo que desde tu propia ciudad se pueden realizar múltiples y dispares viajes. Los guías tenemos mucha responsabilidad, somos embajadores de la ciudad y sus ojos. Una imagen.

Esa responsabilidad se plasmó en una iniciativa tuya que daría lugar a la primera ruta guiada sobre la corrupción en Catalunya (La Ruta de la corrupción: el poder bajo sospecha) y que se aplicó a otras ciudades como Valencia.

Como te decía, entiendo la profesión de guía turístico, al igual que el periodismo, como un compromiso social. Es nuestro deber enseñar todas las partes de una ciudad, porque son poliédricas y nos hablan constantemente. También todo lo que está fuera de las guías tradicionales, aunque quizás estos aspectos los busca un público más local. Cuando amas indagar y preguntarte siempre qué hay más allá, es cuando consigues especializarte en ese público. La pasión que siento por Barcelona me permite conocer sus puntos débiles y me concede “poder criticarla y desdibujarla”. Nos encontramos ante un intrusismo exponencial. En las grandes ciudades como Barcelona, los guías turísticos no oficiales se multiplican y generan una avalancha. Llevan años sin que se apruebe el reglamento final sobre las acreditaciones de guía oficial. Por ello, es necesario poner el foco en un mercado concreto. Ser guía es mi alimento, como el respirar.

¿Crees que debería haber más rutas reivindicativas como la que organizaste sobre los comercios centenarios junto a la asociación Amics de La Rambla?

Sin duda hay que poner en valor el pasado. En los barrios se están organizando rutas más sociales. Si echamos un vistazo al panorama actual, existen proyectos que están gustando mucho, como el trabajo sobre los personajes ilustres que han pasado por otra de las localizaciones más icónicas de Barcelona: la Rambla. En este proyecto, junto a la ilustradora Isabel Gálvez, contamos sus anécdotas más divertidas (por ejemplo la historia de Federico García Lorca y el café del Hotel Oriente, el poeta era un enamorado de Barcelona). Si recordamos, en Catalunya siempre ha habido una tradición de asociacionismo, al no haber tenido nunca un estado. La primera burguesía, desde el punto de vista cultural, fue muy activa. Los barrios, durante toda su historia, han vivido ese asociacionismo. Los centros cívicos han jugado un papel muy importante, reivindicando. Un buen ejemplo de trabajo de denuncia en nuestra ciudad es City for Sale, un documental y una reflexión sobre el fenómeno de la turistificación.

Dices que Barcelona es un mosaico conformado por diferentes barrios, cada uno de ellos con su propia personalidad. ¿Cómo se puede traspasar la imagen turística global que predomina sobre ella?

Los Juegos Olímpicos de 1992 y la apertura al mar supusieron un punto de inflexión para la sociedad barcelonesa. Se convirtió en una de las ciudades más visitadas internacionalmente. Esto ha ido trayendo la “cara b”: precios de alquiler excesivos, expulsión de la gente de los barrios, pérdida de personalidad…Barcelona ya no puede crecer más. En los últimos años lo hemos visto muy claro con el barrio de La Barceloneta. Es una “mancha de aceite” que se ha extendido a todo el área metropolitana, a Sabadell y a Terrassa. Es verdad que Barcelona es un mosaico; hay muchas “Barcelonas”. Es un caleidoscopio. Cuanto más la conoces más la amas, aunque de vez en cuando está bien distanciarse un poco. Es mi pasión pero también mi objeto de estudio y por ello he de ser crítico. Cuando llevo horas fuera la echo de menos. Su agenda cultural es inmensa y me permite realizar todo tipo de actividades. Barcelona es como Pessoa, un mundo repleto de heterónimos.

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