Categorías
Historias

Te descubrí, amor

Esos pequeños recortes de cotidianeidad (que a veces pasan desapercibidos), se identifican como diminutos e íntimos momentos donde el verdadero acto de amor que profesamos hacia ellos, es no olvidarlos nunca.

Hay algo en mí que no me deja arrancar fragmentos de recuerdos que tengo de él; la lucha constante entre una negación sentimental de regresar el tiempo, y la cordura de mi limítrofe edad adulta con la realidad. Hace DIEZ años experimenté ese amor cinematográfico, donde fui protagonista de un enamoramiento desbocado y de abundante deslumbramiento.

Jamás en mi vida había amado tanto a una persona. Le di todo el tiempo que pude; mis pensamientos, mi amor, mi necesidad de no separarme porque su presencia, sonrisa y abrazos eran lo más perfecto que la vida pudo darme.

Me alejé de mis amigos, de mi familia; mis padres se decepcionaron de mí, por mentirles, por preferirlo y no entender cuánto daño me hacía. Me hubiera casado con él a los tres meses de conocerlo.

Nunca entendí por qué la prefirió a ella; yo quería ser ella. ¿Alguna vez han llorado y sentir que morirás asfixiado de dolor? Inclusive, la muerte de un ser querido no ha podido compararse con esa agonía desgarradora e incurable.

Estuve semanas hundida en una depresión incomparable, bajé de peso, agoté toda mi reserva de lágrimas; a pesar de todo, de forma intermitente seguimos intentando seguir juntos durante muchos años.

¿Cuántas noches en vela se necesitan para entender que el amor no sólo existe de esa manera?

En ese período, mi papá estuvo yendo a trabajar a una obra que detestaba pero siempre estuvo al pendiente de mí. Tuve amigas rogándome a salir con ellas para despejarme; otros amigos, hablándome todos los días para hacerme saber que estaban ahí; mi mamá envolvía mi lunch en hojas de aluminio con una nota: ‘Bonito día =)’; mi hermano me invitaba a ver películas con él, para que por unos minutos olvidara mi depresión; uno de mis abuelitos me daba su bendición, no importaba si profesaba o no su religión. Nada ni nadie podrían darme lo que necesitaba.

Estuve seca, con meses áridos y sin rumbo. Muchos años después tuve intentos de amor lúdico, sin importancia, sin compromisos, llena de un ridículo vacío que me hacía sentir un poder efímero, pero que naturalmente desaparecería. Quería sanar y evitar enamorarme de nuevo. Pero tampoco funcionó, no importa si volví a ilusionarme o si él regresó, sino que el verdadero problema seguía latente, todavía no comprendía qué era el amor.

Me propuse estar sola, completamente amurallada e intentar evitar un romance maníaco utópico, incoherente y equívoco. Necesitaba deconstruir mi concepto de amor para descubrir si existía otra forma de sentirlo.

Mi trauma evitaba que dejara de enfocarme en una sola persona, no podía ignorar el ideal construido desde la niñez y adolescencia de historias que me orillaron a creer en un solo tipo de amor… pero increíblemente lo logré.

Te descubrí, amor:

En el baño de agua tibia y hojas de lechuga que una abuelita le da a su nuevo nieto; con los besos de un papá primerizo en la pequeña barriguita de su hijo; en la piñata de Minnie que un tío está haciendo para su sobrina; en una carta recibida de un buzón escolar con la frase: T.K.M. Nunk cambies escrita con una pluma de brillitos olor a uva.

En prestar el control de la t.v. al hermano menor, para que vea a su personaje favorito; con la llamada telefónica de tres horas con tus familiares de E.U.A.; despertar un domingo con el olor a hot cakes calientitos y música a todo volumen.

Con tu mamá revisando uno de tus ensayos a las 3 a.m.; con un café en la mano, llegar a casa y ver a tu nuevo cachorrito mover la cola corriendo hacia ti; abrazar a tu hermano limpiando sus lágrimas por no entender ‘cómo ser adulto’ (aunque definitivamente tú tampoco lo sabes); en recibir el mensaje de tu mejor amigo de la infancia: “Ábreme, estoy afuera”; con dos litros de café con leche y canela, que hizo una de tus tías porque es tu favorito; que tu pequeño sobrino te diga: “Tía, juega conmigo”.

Ver todos los partidos de la temporada para platicarlos con tu padre, quien, durante tu juventud, fue el mejor entrenador de todos; tomar a tu mamá de la mano, mientras ven una serie juntas, ella con 77 y tú con 57; que tus padres sigan cuidándote como esa pequeña enana que veía caricaturas los domingos. Que todos ellos nunca te hayan dejado caer.

Esos pequeños recortes de cotidianeidad (que a veces pasan desapercibidos), se identifican como diminutos e íntimos momentos donde el verdadero acto de amor que profesamos hacia ellos, es no olvidarlos nunca.

Una respuesta en “Te descubrí, amor”

por alguna razón últimamente he recibido links o cuentas que me han dado un mensaje en la nueva mala racha, de Ale Junco esta historia ha sido una de mis historias favoritas, justo lo que necesito. Por cierto, gracias a revista purgante por seguirme en Instagram :3

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *