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Historias

La normalización de la violencia

Corrupción y violencia, este parece ser el binomio que da sustento a la ecuación que ataca a México desde hace muchos años, día tras día, minuto a minuto.
Por: Santiago del Bosque Arias

“Así como podemos habituarnos al horror en la vida real. Podemos pues, habituarnos al horror de ciertas imágenes.”; Susan Sontag

Corrupción y violencia, este parece ser el binomio que da sustento a la ecuación que ataca a México desde hace muchos años, día tras día, minuto a minuto. Susan Sontag, la fotógrafa y filósofa dejó claro que las imágenes con discurso de Pathos siempre tendrán un impacto en nosotros, pues “la gente quiere llorar”, como ella misma menciona en su texto “Regarding the pain of others”. El problema que ella señala es ¿qué hacemos con éste tipo de imágenes? ¿cómo es que este tipo de imágenes pueden llegar a provocar en nosotros una experiencia estética?
Día con día aparecen cientos de imágenes de muertos, quemados, masacrados, la miseria, la enfermedad, etc. en los medios de nuestro país,  y ésta “modalidad” ha permeado en los agentes del sistema artístico mundial desde hace bastantes años.
Para responder a estas preguntas, Sontag utiliza y acopla el valor de culto y el valor exhibitivo del filósofo Walter Benjamin, con los términos estético-ético. La autora estadounidense nos dice que cuando vemos imágenes como la crucifixión, somos espectadores de imágenes con valor de culto, se encuentran alejadas de nosotros, son representaciones, no compartimos el espacio-tiempo con ellas. Al tener ese espacio-tiempo separado, los espectadores tenemos tiempo de experimentar, entender y juzgar al Cristo muerto de Holbein y la experiencia estética se vuelve posible gracias a la distancia. Por lo tanto, para Sontag el valor de culto, lo estético, tiene su potencia en la distancia.
Por otra parte, el valor exhibitivo va de la mano con lo ético, con la cercanía, con lo que hacemos con esas imágenes, y para Sontag, hemos llegado al punto en el que nos acercamos a ellas sin responsabilidad. “Hacer feo” es una función más moderna que el hecho de “embellecer”, el tema “afeado” nos invita a una reacción activa con el fin de provocar y cambiar nuestras conductas, las imágenes deben chocar. En teoría, las ideas de la tan mencionada autora son geniales, pero creo que aquel choque se ha vuelto cotidiano, normal y por to tanto, un poco invisible. ¿Cuántas imágenes violentas (colgados, quemados, etc.) vemos a diario? ¿Cuántas series de “narcos” existen hoy en día?
Creo que es importante no tomar distancia de éste tipo de hechos que han evolucionado en millares de imágenes, no demos el valor de culto a algo que nos denigra como humanos. Sin importar raza, color, sexo, género o religión; en primer orden somos personas. Daré dos ejemplos de la normalización de la violencia visual, en primer lugar la fotografía de Javier Bauluz, ganador del Pulitzer, tomada en el año 2000. En ella se observa a una pareja sentada en la playa, tomando el sol y a pocos metros el cadáver de un inmigrante. Acerca de este caso existe una maravillosa discusión entre el fotógrafo y el periodista Arcadi Espada que recomiendo ampliamente.
La otra imagen es la ganadora del World Press Photo del presente año, en ella se muestra a un joven venezolano (José Víctor Salazar Balza) en llamas durante una protesta contra el presidente Maduro; dicha foto fue tomada por el fotógrafo venezolano Ronaldo Schemidt.
No describiré más acerca de ninguna de las fotografías, únicamente invito a la reflexión de ellas y de este pequeño texto.

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