Foto: Antílope.

Apuntes sobre Fruto de Daniela Rea

En el libro Fruto, Daniela Rea ejerce su capacidad para reportar sobre las representaciones simbólicas y culturales del cuidado. Une fragmentos, archivos y fotografías. Propone entramados genealógicos de consistencia transgeneracional. De inicio, advierte: no es un libro sobre maternidad. No todas hemos sido madres pero todas hemos sido cuidadas. 

La escritora guanajuatense pasea entre la etnografía y el diario personal a tiempo que charla con varias sensibilidades para escucharse a sí misma: madres solteras, madres jornaleras, madres suicidas o ausentes. Madres sin redes de apoyo, madres de sicarios, madres frenéticas que escriben o madres devotas. Desde el poder de las preguntas y el testimonio, múltiples relatos germinan. Son diferentes y también tienen mucho en común. 

En Fruto, ellas son el foco de enunciación. Amplían el campo del debate para marcar derroteros por fuera del discurso masculino protagonista. La autora declara cómo su libro nace como un susurro para volverse un conjuro de mujeres ¿Cuál es la historia que nuestras madres contarían si pudiéramos escucharlas? En ese sentido, muestra el modo con el que a las madres, en todas sus declinaciones, se les ha exigido vivir incondicionales para los demás, desde un sacrificio sin cuestionamientos. 

Me asomo con ternura a las experiencias de otras. Descubro el acto de cuidar lejos de perspectivas inamovibles. Fruto reúne soledades con matices diversos y emprende mecanismos de escritura a modo de puentes estratégicos. Por ejemplo, además de las entrevistas, hay muchas autoras invitadas en este tejido. No es pequeña la lista de poetas, filósofas, economistas, antropólogas, cineastas y ensayistas citadas: Maricela Guerrero, Toni Morrison, Verónica Gago, Donna Haraway, Lina Meruane, Rita Segato, Alejandra Márquez, Brenda Navarro o Joan Didion, son algunas de las múltiples voces contenidas entre retazos de memoria y transversalidad entre géneros narrativos.  

Para ampliar el territorio de la escritura en femenino y sin manipular el lenguaje desde recursos sensacionalistas, Daniela Rea distorsiona el clásico sentido heteropatriarcal de la crianza al enfocar su aspecto económico en la violenta sociedad mexicana contemporánea: ubica la brecha de género que existe en las labores de cuidado no pagadas, la infrarrepresentación femenina bajo el presentismo incesante de lo masculino y los bajos salarios de las mujeres en el mundo laboral:

Nuestro trabajo cumple una función esencial en las economías capitalistas al reproducir la fuerza de trabajo. Sin esto que hacemos cotidianamente, el capital no tendría personas listas para trabajar (ni consumir) a su disposición y no podría reproducirse… Nuestro trabajo sostiene emocional, social y económicamente a un Estado y, sin embargo, no es reconocido. 

No es fácil desmantelar nuestras concepciones heredadas sobre las labores de cuidado. Sin embargo, para reflexionar y nombrar sobre el sometimiento de aquellas que cuidan, es importante comprender que cuidar es poner el cuerpo. Pero además, va más allá del cuerpo: supera la soledad, el amor y la ternura.  

A inicios del año, tuve la fortuna de presentar Fruto bajo el cobijo de la librería independiente La Pessoa, ubicada en Querétaro. Esa tarde, Daniela Rea invitó a interiorizar, reconocer y ver nuestras historias con curiosidad para identificar gracias a qué cuidados estamos aquí.  Hoy Fruto alcanza su segunda edición con la editorial Antílope. Con alegría, recomiendo su lectura si buscan un luminoso encuentro con reflexiones complejas sobre labores de crianza.  

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