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Five Out of Five: el romance del público con los Arctic Monkeys

Mi periplo con los Arctic Monkeys comenzó por ahí del 2008, cuando la banda ya preparaba su primer gran cambio con Humbug, un álbum más oscuro y personal en comparación a sus dos primeros proyectos, donde el sonido fresco, las guitarras alegres y sus letras pícaras me hicieron volverme un fanático incondicional. Desde aquel entonces he consumido sin un pero su música en cada una de sus facetas, pues no tuve quejas cuando se agringaron en Suck It And See y mucho menos con la faceta de crooner de Alex Turner en Tranquility Base Hotel & Casino, el álbum que dividió a la opinión por el cambio tan abrupto después de cinco años sin sacar un nuevo material.

Por razones del destino –por llamarlo de una forma–, el Foro Sol fue mi primera experiencia en vivo con los Monkeys. La expectativa, y no solo mía, era demasiado alta. Lejos quedan esos años del caótico concierto en la explanada del Estadio Azteca, cuando Turner, O’Malley, Cook y Helders apenas iban saliendo de la adolescencia. Su boom con AM fue la plataforma para volverse una banda más atractiva comercialmente, aunque también les atrajo más haters. Puede parecer por un momento que a los Arctic o los quieres mucho o no los quieres nada, pues para este concierto en México estuvieron bajo la lupa sobre todo por el experimento que fueron sus baladas del su más reciente disco.

Para calentar ánimos estuvieron dos viejos conocidos de los de Sheffield. Primero Miles Kane salió a tocar algunas de sus rolas más conocidas como Rearrange y Don’t Forget Who You Are, después The Hives, con un Pelle Almqvist bastante enérgico y que dejó claro que «con los Hives no puede haber silencio», se encargó de poner a brincar a la audiencia con sus guitarrazos, gritos y carisma.

A las 20:45, como estaba estipulado –ingleses tenían que ser…– los Arctic Monkeys salieron al escenario ya con el Foro Sol lleno. Sin la necesidad de los diálogos de Miles Kane o la electrizante gracia de The Hives, los protagonistas del evento lograron enganchar a la gente durante las 21 canciones que tocaron. Alex Turner, en su papel frío se limitó a decir una que otra palabra en español, pero a pesar de su casi nula interacción, la gente se dejó llevar por el set list y no dejó de disfrutar con cada canción. Do I Wanna Know? inicio la fiesta y la gente se puso a saltar enseguida con Brianstorm, una de las oldies más queridas de la banda. El ritmo de Snap Out Of It y Don’t Sit Down ‘Cause I Moved Your Chair marcaron el final del primer bloque.

Después llegó la primera del nuevo álbum. Con un aire de melancolía («And you cried some of the hottest tears you ever cried multiplied by five…») le dieron al público One Point Perspective. La gente coreó al unísono mientras las lamparitas del celular –los hipsters intentaron con encendedor– se hicieron parte de una envolvente escenografía de 360º. El cambio fue abrupto y continuó el sube y baja de emociones, pues el riff de I Bet That You Look Good On The Dance Floor volvió a prender a la gente y los hizo recordar aquellas épocas donde Turner sí se despeinaba en sus recitales en vivo y los outfits de la banda se limitaban a suéteres con tenis. Los Monkeys se mantuvieron siempre cautos. La elegancia, sobre todo en esta etapa, es una de sus características y se mantuvieron fieles al cambio a pesar de que la gente estaba dispuesta a recibir más energía. 

Juntaron Library Pictures y Knee Socks, dos canciones algo underground que también fueron bastante bien recibidas por la gente. Igual que The Ultracheese, que también estuvo acompañada por las luces alrededor del recinto; la última balada del más reciente álbum puso la piel chinita a más de uno, sobre todo a los enamoradizos con su muy coreada parte final («I’ve done some things that I shouldn’t have done, but I haven’t stopped loving you once»). Después del bajón –no para mal–, se tenía que elevar otra vez el ánimo, así que pusieron a la gente a bailar al ritmo de Dancing Shoes para después volver a un mood reflexivo con Why’d You Only Call Me When You’re High?, que tuvo una de las mejores respuestas del público.

Se volvieron a poner amorosos. Para aquellos que no superan relaciones siguió Cornerstone, también acompañada del escenario improvisado de luces móviles del que la gente fue protagonista. Y si de por sí la respuesta con el “himno” de Humbug fue buena, cuando Turner se sentó en el piano para volver a 505 la gente se dejó llevar. Para ese punto, el vaivén de ritmos hizo que el ambiente se prestara un tanto al romance («I’d probably still adore you with your hands around my neck») y no faltaron algunas peculiares muestras de cariño entre los asistentes.

Llegó el tiempo para una breve sección instrumental, que se mezcló con Tranquility Base Hotel & Casino, la canción homónima de su reciente record. Se volvió a hacer la luz con Crying Lightning y Pretty Visitors sorprendió gratamente a los asistentes. Por fin Turner se dirigió más directo al público y soltó un sutil: «Gracias México, son muy amables, ha sido un placer estar con ustedes» y pidió un aplauso para Miles Kane y  The Hives antes de anunciar Four Out Of Five como última canción. Tras mandar besos al público se retiraron por unos segundos.

En el encore los Arctic reabrieron recordando como Alex Turner inició su travesía hace más de 10 años («I just wanted to be one of the Stokes…») con Star Treatment y continuaron con la rockera Arabella. Como nunca es tarde, antes de anunciar la canción final, Turner le habló al público para ahora sí presentar a la banda, soltando un ingenioso: «Mexico City, we are the Arctic Monkeys, by the way». Acto seguido, cerraron con R U Mine?, que fue la guinda del pastel para un público que terminó por ser protagonista, se prestó al peculiar show que ofrecieron los británicos y le dieron un sabor aún más agradable a un set canciones bastante peculiar.

Five out of five para la gente. Ah, y para los Monkeys, claro.

Por Miguel Balderas

Aprendiendo a perderle el miedo a las hojas en blanco.

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