Fotos: Fondo de Cultura Económica

Fotos: Fondo de Cultura Económica

Ciudad copyright de Conrado Romo: Pensar en el futuro sin olvidar el presente

“Pero los proyectos de gentrificación como procesos globales no sólo nacen de la iniciativa de particulares, sino que son parte estructural del funcionamiento del capitalismo contemporáneo”.

Si bien es cierto que los creadores deben tener la posibilidad de vivir dignamente por el aporte social de su obra, el modelo actual al único que favorece es al intermediario propietario de derechos patrimoniales. Por lo que un modelo alternativo será aquel donde los derechos del creador y los del público estén perfectamente balanceados, y en el cual la cultura vuelva a ser un patrimonio colectivo que nos permita la autodeterminación como individuos, y la coexistencia y progreso como comunidad.”

Ciudad copyright; Condado Romo

Las redes sociales están repletas de conversaciones superfluas, debates que se desmoronan tan pronto como se pasa al siguiente comentario, al siguiente meme, al siguiente video. No es por sonar mocho, como me dijo Conrado Romo (Guadalajara, 1988), pero es cierto que se pierde el objetivo. Yo diría, también, que las plataformas sociodigitales no son el lugar propicio para debatir.

Sí sirven para problematizar, sin embargo. Para bien y para mal. Aunque, de nuevo, las más de las veces no trascienda. Empero para algunas personas, muchas o pocas, es motivo suficiente para dinamitar, digamos, la curiosidad, para entregarse al placer de lo desconocido.

Y cito a Conrado en un principio porque es su primer libro, Ciudad copyright (2024), el que ha removido la corteza de lo sobreentendido, de aquello que se da por sentado.

“La gentrificación, más que un destino inexorable, es una técnica de conquista territorial”.

A través de una serie de crónicas y ensayos, el también maestro en Urbanismo oriundo de Guadalajara pone sobre la mesa aquellos conceptos que a diario corren con libertad y que, curiosamente, no trascienden.

Por mencionar algunos, entiéndase los más pronunciados, está la gentrificación, esa loza inamovible de ciudad inteligente, el progreso y, fundamentalmente, la propiedad intelectual y los derechos de autor.

El autor está consciente de que los conceptos mutan para poder adecuarse a lo que urge ser nombrado. Por ello a lo largo del libro, aunque sobre la misma línea, hallamos versiones que sirven de complemento a las mismas ideas.

Aunque el uso de conceptos es inexorable, Conrado Romo no busca que sólo un tipo de lector especializado se interese en el contenido. Pese al uso deliberadamente abundante de tecnicismos, la apuesta está del lado de la democratización, de expandir el debate.

Para ello, no sólo ejemplifica con certeza y sin demasiados artilugios a través de un lenguaje sencillo que permite la interpretación personal, sino que echa mano de elementos cotidianos y de la cultura popular que permiten masificar el discurso. Puede ser una canción de moda, alguna frase que se haya hecho famosa o una película de Spike Lee.

Asimismo, más allá de lo anterior, una lista considerable de referencias –que para comodidad del lector vendrán a pie de cada página y no, como sucede algunas veces, en las páginas finales del libro– permiten la unión adecuada entre los ensayos, los conceptos, las ideas.

Por otro lado, aunque nunca se menciona directamente, parece ser importante tener en cuenta que estos conceptos, por mucho que estén en boga y no dejen de ser nombrados en tiempos recientes, no son nuevos. Que tienen su origen incluso en el año pasado, en autores ya vetustos, y que su labor ha sido adaptarse a las necesidades de lo que se presenta. Por ello, en algún momento el autor escribe:

“La forma en que conceptualizamos el espacio urbano desde el lenguaje es estructurante de su realidad material”.

En otro momento específico, el autor se pregunta, por supuesto de manera retórica: ¿Cuál es la necesidad de seguir tomando por la fuerza el patrimonio colectivo para convertirlo en privado? Y pese que la pregunta no exige respuesta, podría contestarse con lo que escribe más tarde, a propósito de ello:

“Marx habló de la “acumulación originaria” como el proceso en el que las grandes fortunas nacieron. Y no fue debido a la inventiva y el trabajo de unos pocos visionarios de los negocios y las finanzas, fue más bien a partir de acciones de despojo violento de los bienes colectivos, el contrabando, el colonialismo y la imposición de normas internacionales que legalizaron estos hurtos y permitieron la existencia de un mercado global”.

Se trata, parece ser, de un ciclo. En el que, claro, quienes se mantienen en el escalafón más bajo, no se ven sino afectados por esas acciones de despojo en su mayoría de veces violento, asimismo acentuado por el neo-colonialismo, la segregación, entre otras cosas.

El problema parece ser, tal como reza el meme, el sistema, los sistemas de producción. Cómo, inevitablemente, quedamos atrapados en los momentos de transformación. Bien apunta Conrado Romo en otro atinado momento, a propósito de una definición dada por Henri Lefevbre:

“Hoy, el espacio se instrumentaliza para la reproducción del sistema capitalista, y las narraciones se emplean como instrumentos primarios de conquista territorial y espiritual, acciones circunscritas al soft power”.

No queda más remedio que pensar en el futuro sin olvidarse del presente. No permitir la gentrificación propia de los conceptos para no perder esta batalla. Hay que resistir.
Pronunciarse. No ceder.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *