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Enrique Ortiz: «La Historia no se juzga con ideología»

Las celebraciones históricas siempre suponen una oportunidad para reflexionar y cuestionarnos sobre la imposición de un discurso con personajes buenos y malos, sin escala de grises. Por tal motivo, hablé con el divulgador cultural Enrique Ortiz, mejor conocido como Tlatoani Cuahtémoc en Twitter, sobre los mitos construidos en torno al grito y la consumación de la Independencia de México.

¿Debemos seguir llamando a Miguel Hidalgo como el Padre de la Patria, aunque los archivos nos digan que él nunca buscó la Independencia de Méjico de la Nueva España?

De pronto pareciera muy fácil juzgar a los personajes del pasado desde nuestra perspectiva histórica del momento en el que vivimos; si partimos desde esa mirada, la mitad de nuestros personajes se caerían a pedazos con todas estas corrientes revisionistas. Por ejemplo, Iturbide buscaba la independencia de estas tierras, pero quería establecer una monarquía moderada constitucional o incluso hacerle la oferta a Fernando VII y los Infantes de la familia reinante española para que vinieran a reinar el Imperio Mexicano. Creo, desde ese punto de vista, que sí le debemos seguir llamando Padre la Patria, porque de una u otra forma inició el movimiento insurgente de Independencia que finalmente se consuma en 1821. Si no hubiera sido por Hidalgo, tal vez no hubieran existido Morelos, Vicente Guerrero; todos fueron una especie de relevo durante el periodo de 1810 a 1821. Hidalgo, entonces, es uno de los muchos Padres de la Patria.

En el discurso oficial da la impresión de que se le reconoce muy poco a Morelos su habilidad militar y que tampoco se le concede su verdadera importancia en el movimiento, asumiendo que en Sentimientos de la Nación descansa buena parte de la ideología del movimiento. ¿Qué mirada tienes al respecto?

La historia en general se toca de manera muy precaria, superficial. Morelos fue uno de los grandes estrategas, si no es que el mayor estratega del movimiento insurgente. Entre sus hazañas está el rompimiento del Sitio de Cuautla, enfrentando a nadie más y nadie menos que a Félix María Calleja —uno de los comandantes realistas más capaces, gracias a lo cual llegó a ser Virrey. También recordemos que Morelos tomó el fuerte de San Diego en Acapulco. Fue un gran militar, un gran estratega que nunca tuvo un tipo de educación asociada a la carrera militar. Él destacó por esa gran visión estratégica, táctica, y también sobresale por sus ideas motivadas en buscar la independencia, la autonomía, la soberanía de estas tierras; y eso es muy relevante, convirtiéndose en el primero en conceptualizar el proyecto de Nación. Algo que ni Hidalgo, Allende o Aldama tenían. Él es el que empieza a ver la formación de México. Así se explica Sentimientos de la Nación y el Congreso de Apatzingán que él funda. Me quedó, pues, con estos aspectos de Morelos: su parte militar y su parte ideológica.

Recientemente ha comenzando a darse una discusión en torno a Mariano Matamoros, en la que se dice que en realidad era una mujer que se hizo pasar por hombre para lograr participar en el movimiento de Independencia. ¿Conoces algo al respecto?

No he leído nada tan descabellado. Él era un sacerdote. Imagínate, hubiera sido mucho más fácil si se tratará de un Hermenegildo Galeana, López Rayón. No veo ningún tipo de fundamento sobre este tema para aseverar algo semejante. No sólo habría tenido que fingir cuando se une al movimiento insurgente con Morelos, sino quién sabe por cuántos años de su vida. Él era un hombre del clero secular. De hecho, es importante recordar que a Mariano lo fusilan el 3 de febrero de 1814, en uno de los costados de la plaza principal de Valladolid. Él fue uno de los tenientes más importantes de Morelos. 

Ahora, hablando del papel de las mujeres, están Leona Vicario y la Güera Rodríguez, quienes siguen sin tener el reconocimiento como protagonistas en el movimiento de Independencia.

Está avanzando mucho, probablemente como nunca se había visto. Hablo de los últimos cinco años. Creo que vamos dando buenos pasos, pasos agigantados hacía este reconocimiento de las mujeres. Una muestra de esto es el nuevo billete de mil pesos, donde aparecen Carmen Serdán, Hermila Galindo y Francisco I. Madero. Eso es muy importante. Por otro lado, se colocó en Paseo de la Reforma una escultura de Leona Vicario. La idea, según se anunció el año pasado, es honrar a más mujeres heroínas. Las mujeres fueron importantísimas desde el movimiento Insurgente, en 1810, hasta la Revolución Mexicana. Muchas, se sabe, combatieron. Y falta mencionar a las esposas de los grandes personajes históricos, como Margarita Maza de Juárez, que pasó por una tremenda situación porque no tenía ni un centavo ni qué comer durante el exilio de Benito Juárez, en tiempos de Antonio López de Santa Ana. Mujeres que lucharon para sacar adelante a los hijos, que esperaron estoicamente a que sus maridos regresaran vivos, exitosos de la empresa. Ahí está el caso de Rafaela Padilla, esposa de Ignacio Zaragoza, quien muere en enero de 1862, meses antes de la Batalla de Puebla. Zaragoza no pudo acompañarla en sus últimos momentos de vida. Murió muy joven, algo asociado a la neumonía. También se sabe que Zaragoza tampoco estuvo el día de su boda por estar cumpliendo su deber como militar, por lo que el hermano de Zaragoza es quien la lleva al altar. Imagínate qué resistencia, qué amor, qué tolerancia de estas mujeres hacia esos personajes. 

Todo este tema de la mujer en la Historia no debe tomarse como un simbolismo, como una cuestión abstracta. Debe de enfocarse en mujeres de carne y hueso, mujeres con nombres. No solamente en el tema de la mujer anónima. Es más enriquecedor tener las crónicas de mujeres que vivieron y puedan contar toda una historia, las adversidades de las cuales salieron adelante. Eso es más importante para la historia nacional que estos símbolos difusos, medio cargados de tendencias ideológicas que no nos dicen mucho o de los cuales es más difícil acercarnos e identificarnos. Como el caso reciente de Tlali, la escultura esta que iban a colocar en Paseo de la Reforma. Era una abstracción que pocos mexicanos entendieron, puesto que solamente era la visión propia del artista. Mejor que hablen de una de las mujeres que estuvieron presentes en La Conquista. 


Iturbide, para algunos el gran traidor, para otros el otro Padre de la Patria, al final logra la Consumación de la Independencia de México, misma que también puede ser interpretada como un acuerdo político. ¿Qué lugar ocupa Iturbide en el discurso histórico?

Él consumó la Independencia tratando de evitar más violencia, utilizando correspondencia, cartas. Lo que llamaríamos en la actualidad relaciones públicas, contactos. Fue un personaje criollo nacido en Valladolid, que tuvo diez hijos y que en un principio combatió a los insurgentes de forma durísima, cometiendo incluso algunas atrocidades en el Bajío, para obtener información. Sin embargo, más allá de esto, él es quien consuma la Independencia, buscando proteger los intereses de los criollos. En España, en 1820, Rafael del Riego se levanta en armas para establecer la Monarquía Constitucional y reivindicar la Constitución de Cádiz de 1812, la cual le quitaba privilegios a los militares, al clero y al Rey Fernando VII. Entonces, es importante mencionar que Iturbide y todos los miembros de la conspiración de la Profesa, en gran medida criollos e incluso peninsulares, se adhieren al plan porque buscan proteger sus privilegios. Esa es la historia. El caso es que Iturbide consuma la Independencia con la entrada del Ejército Trigarante a la Ciudad de México el 27 de septiembre de 1821.

La Historia está para conocerse, para conocer nuestros orígenes y cómo se conforman las naciones en que vivimos. Cómo se conforma nuestra identidad nacional. Sin embargo, la Historia no debe juzgarse como lo hacemos. Es muy fácil juzgar a los personajes siglos después. Hidalgo, de cierta forma, nunca buscó la Independencia; él decía: “¡Muera el mal gobierno! ¡Viva Nuestra Madre Señora de Guadalupe!” Todo esto viene arrastrándose desde las Reformas Borbónicas de Carlos III. Había una cantidad de impuestos terribles, una sobrexplotación de los Virreinatos, de las Colonias, que buscaban eficientar la maquinaria burocrática y la recaudación de impuestos. Entonces, no es prudente juzgar como otros historiadores, divulgadores que toman una línea ideológica, incluso dependiendo de su afiliación política. A mí no me parece correcto. Nosotros estamos para compartir los hechos y que cada persona saque sus conclusiones.


Juan Villoro llegó a decir que México es un país de inicios y no de conclusiones. Que festejamos el inicio de la Independencia pero no su consumación. Recordamos el arranque de la Revolución pero no su culminación. Tomando en cuenta esto, ¿qué tanto afecta al inconsciente colectivo del mexicano? 

Es una muy buena pregunta. No creo que afecte al mexicano actual. Realmente es parte del discurso que han construido los gobiernos a través de los siglos. Es parte de un constructo en el cual se van creando mitos, identidades. Se trata de homogeneizar a nuestro gran mosaico de personas/grupos que conforman la nación. Lo que sí creo que realmente afecta a los mexicanos son los discursos maniqueos, con villanos y héroes que no son tratados como lo que fueron: personas, humanos con defectos y virtudes. No hay un solo personaje en la historia que haya tenido una trayectoria intachable, que no haya cometido algún error o atrocidad. Desde los olmecas, pasando por Teotihuacán, los mexicas, los tlaxcaltecas que realizaban sacrificios humanos y pocas veces se menciona. Antonio López de Santa Ana perdió una pierna defendiendo Veracruz durante la Guerra de los Pasteles y también detuvo a un ejército invasor español que llegó a lo que actualmente es Tamaulipas. Entonces, lo que daña son las posturas ideológicas, la visión bipolar de ver la Historia.

Cuando se realizaron los festejos del centenario de la Independencia, ordenados por Porfirio Díaz, se dice que éste construyó el discurso en torno a cuatro grande héroes de la Nación: Cuauhtémoc, Hidalgo, Morelos y Benito Juárez. ¿Será cierto que necesitamos en quién creer como país?

No creo que sea una cuestión de en quién creer, sino en construir este discurso para poder concretar una entidad nacional. Los héroes se crean para ser alabados, respetados, para inspirar a las poblaciones, a los ciudadanos, a través de sus valores. Curioso que sea Porfirio Díaz quien inicie el culto a Benito Juárez, cuando sabemos que en vida, una vez terminada la gran década nacional, fueron acérrimos rivales por la lucha el poder. Sin embargo, Díaz era lo suficientemente listo para darse cuenta de los logros de Benito Juárez. No perdamos de vista que si no hubiera sido por Juárez y muchos otros personajes, el México en el que viviríamos sería actualmente otro. Tal vez hablaríamos francés. Benito Juárez fue una figura fundamental para el presente de México. Él sentó las bases del México independiente con la defensa del territorio, la soberanía, la separación de Estado e Iglesia y la constitución de 1857.

Para cerrar, ¿algún día pasaremos de la Historia de piedra y bronce a una Historia de hechos y personajes con virtudes y defectos?

Una gran ventaja que tiene nuestra generación es el acceso a la información, a las nuevas tecnologías, las redes sociales, a la gran divulgación que se está dando a nivel mundial con estas nuevas formas de comunicación. Esto lleva, quiero pensar, a ciudadanos más informados y críticos. Ciudadanos que ya no se quedan callados. A pesar de la gran basura que hay en internet, cada vez somos una sociedad más informada. Ergo, creo, será cada vez más difícil para los gobiernos, las oligarquías, las camarillas, poder construir estos héroes y discursos oficialistas que van de la mano con su forma de gobernar e ideologías. Ya la ciudadanía no se lo cree. Ya investiga. Ya hay líderes de opinión que no salen de las grandes familias encumbradas o de estos linajes de escritores, de intelectuales. Ya son líderes de opinión jóvenes, informados, que ya cuestionan, y eso es fundamental para tener mejores sociedades en el futuro y comenzar a destruir estos mitos. Estos personajes de bronce, de marfil, de mármol.

Por Fredo Godínez

Gestor cultural, poeta y tarotista. Lector empedernido y apasionado por el Esoterismo y el mundo simbólico. Reseñista de libros y teatro.

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