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Jane Eyre: las cicatrices de Charlotte Brontë

De principio a fin nos encontramos con personajes reales: apasionados, llenos de dicha por volver a vivir y al mismo tiempo atormentados por las deudas del pasado.

Totalmente sola e invadida por una inmensa oscuridad interna, la vida de Jane Eyre va transcurriendo a través de las letras de Charlotte Brontë y de su propia desdicha.

Haciéndonos testigos de cada uno de sus reprimidos sentimientos, encontramos a un ser humano que, a la edad de diez años, se encuentra totalmente sumergido en una profunda tristeza. Una niña que se siente poco merecedora de los rayos del sol, que al mismo tiempo sobrevive a los inhumanos tratos de su tía política la señora Reed y su abusivo primo John. Acompañado de la apatía e indiferencia de sus dos primas Georgina y Eliza dentro de las imponentes pero atormentadoras murallas de Gateshead. 

De principio a fin nos encontramos con personajes reales: apasionados, llenos de dicha por volver a vivir y al mismo tiempo atormentados por las deudas del pasado.

En cada uno de nosotros existe cierta parte de Jane. En sus palabras encontramos consuelo de las penas cargadas en nuestros hombros. Incluso compartí momentos en los que me encontré abrazando a Jane y ella a mí; por momentos podía sentir que Jane era la mujer de carne y hueso atravesando las fronteras de todo sentido de la realidad que me rodea y la ficción que le pertenece a ella.

El libro es extenso, más no complejo. Así es Jane: ágil y amplia. Tiene su odio claro y su pasión dada. Jane habla poco pero piensa mucho, con amor y el corazón a flor de piel. Es una narradora casi invisible que relata los sucesos alrededor de ella misma, hasta que llega el señor Rochester, el único capaz de poder verla tal cual es. Siendo al mismo tiempo un hombre maduro atormentado por los errores de su pasado y guardando un oscuro secreto, libera a la oprimida Jane, desenjaula su opinión y desborda su pasión. La autora nos muestra la huella de la amargura y desdicha, reflejando la oscuridad en la madurez de uno y en la juventud malherida del otro.  

Jane y Rochester fueron dos almas cegadas y solitarias, encontrándose a tientas en la oscuridad a través de conversaciones enigmáticas y potentes, llenas de todo ese humanismo que se habían obligado a callar y oprimir durante años siendo uno de otro su propia ruina.   

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