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La poesía como lente para observar el mundo: una entrevista con Isabel Zapata

En el México contemporáneo ha estado presente un grupo de escritoras e intelectuales que han escrito y hablado acerca de diversos temas que contextualizan vertientes sociales y políticas de nuestro día, como el amor romántico y la manera en cómo nos comprendemos a través de una sociedad en un cambio constante, el feminismo, el estado de todas las personas que viven en situaciones de violencia, la educación emocional que la mayoría de las veces nunca recibimos en el hogar o en las escuelas, las cicatrices que deja una separación afectiva, los dolores del alma (depresión, ansiedad y soledad), la conceptualización del matrimonio, el impacto de las redes sociales en nuestra cotidianidad, entre otros; todo ello a través de letras que cargan consigo una prosa auténtica, apasionante, crítica, elegante, férrea, libre, sensible y revolucionaria.

Varias de estas autoras, como Alejandra Eme Vázquez (Su cuerpo dejarán: ensayo, 2019), Aura García-Junco (Anticitera, artefacto dentado, 2021), Andrea Muriel (A veces el amor es un cactus, 2019), Brenda Navarro (Casas vacías, 2019), Clyo Mendoza (Furia, 2021), Elisa Díaz Castelo (El reino de lo no lineal, 2020), Laura Sofía Rivero (Tomografía de lo íntimo, 2018), Olivia Teroba (Respirar bajo el agua, 2020), Sabina Orozco (La lengua de los osos polares, 2021), Yolanda Segura (Serie de circunstancias posibles en torno a una mujer mexicana de clase trabajadora, 2021), por mencionar algunas, abordan diversos géneros literarios como la novela, el cuento y el ensayo; sin embargo, algunas de ellas optan por la poesía (sin dejar de lado a los otros estilos de la literatura), debido a los puentes que se pueden construir a partir de la creación de la obra y su lectura, que lleva a la interpretación de cada persona que la lee.

No obstante, en esa línea autoral, también se encuentra una poeta que visibiliza a los animales a través de un espejo, en donde, como seres humanos, debemos valorarlos por su naturaleza; de igual manera, también deja un espacio temático importante en su estilo: la maternidad, de la que parte de anécdotas personales para escribir sobre ella.

Isabel Zapata nació en la Ciudad de México en 1984. Es escritora, editora y traductora. Estudió Ciencias Políticas en el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM) y Filosofía en la New School for Social Research (NSSR; Nueva Escuela de Investigación Social). Ha colaborado en diferentes medios de comunicación como Este País, Horizontal, Letras Libres, Langosta Literaria, La Tempestad, Literal, Periódico de Poesía y Revista de la Universidad de México (UNAM). En 2015 cofundó, junto con amistades, la editorial Ediciones Antílope. Es autora de Ventanas adentro (Antílope, 2002), Las noches son así (Broken English, 2018), Una ballena es un país (Almadía, 2019), Alberca vacía (Argonáutica, 2019) e In vitro (Almadía, 2021). Sus textos han sido parte de varias antologías, como Antología épica (2008), Poemas para un poeta que dejó la poesía (2011), Inventar lo posible. Manifiestos mexicanos contemporáneos (Taurus, 2017), por destacar algunas. Ha sido becaria del programa Jóvenes Creadores del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (Fonca) y colaboró en la coordinación de festivales de cine en México, como el Festival de Cine Ambulante y el Festival Internacional de Cine de Morelia.

En entrevista para purgante, Zapata expuso algunas de sus visiones como poeta y ensayista, pero también repasa su trayectoria como lectora, deja una reflexión sobre la labor editorial, explora una serie de pensamientos alrededor de Una ballena es un país y menciona algunas recomendaciones poéticas.

Dos conexiones literarias

El nacimiento de la relación que tiene Isabel con la poesía nace cuando algo le inquieta o le confunde. «La poesía ha sido, para mí, una especie de lente para observar el mundo; la poesía me ha regalado ángulos distintos, ojos nuevos», expresó.

Asimismo, otro de los sellos característicos literarios que ha definido a la autora es el ensayo, ante esto mencionó que «el ensayo le gusta porque es un jarrito en el que todo cabe, sabiéndolo acomodar. Es un género que permite gran libertad».

Cuando Zapata escribe un poema, uno de sus principales objetivos es: «Que al apropiarse de él, la persona lectora encuentre algo que no sabía que buscaba». Por otra parte, cuando las palabras de un poeta son publicadas y llegan al lector, considera que el autor se vuelve invisible «solo cuando el poema es bueno».

La poesía y sus influencias

—A lo largo de diversas entrevistas has mencionado que la poesía es el género que más has releído, en ese rubro, ¿qué poetas han influido en tu escritura?

Algunos poetas a los que vuelvo constantemente son Wisława Szymborska, Mark Strand, Mary Oliver, José Watanabe y Nicanor Parra.

—¿Cuál crees que sea la finalidad de que existan poetas en nuestro mundo actual?

Ninguna.

—Para ti, ¿qué es la poesía?

Es una pregunta sin respuesta, por supuesto, pero hay algunos intentos que me gustan mucho. Uno es de Eliot Weinberger, que dice que la poesía es aquello que merece ser traducido. Para Eileen Myles, la poesía son caminos trazados alrededor de las montañas, porque no podemos atravesarlas. Y por último, alguna vez leí a un profesor que dijo que un alumno suyo, de diez años, definió un poema como un huevo con un caballo adentro.

Entre poetas

Generalmente los poetas vuelven cada cierto tiempo a sus autores de preferencia para obtener un mensaje diferente al que consiguieron la primera vez que los leyeron: «Los libros están vivos y por lo tanto te dicen cosas distintas cada vez que te acercas a ellos», dijo.

Algunas de las poetas mexicanas contemporáneas que la ensayista recomienda para leer y analizar su obra son: Elisa Díaz Castelo, Yolanda Segura, Xitlálitl Rodríguez y Maricela Guerrero, entre muchas otras. Además, comentó que un poemario vital para toda persona que quiera adentrarse a la poesía es Hospital Británico, de Viel Temperley.

Libros que perduran

—En Claus y Lucas, de Agota Kristof, novela que descubriste en 2021, hay una reflexión sobre la «escritura del yo», en ese sentido, ¿tu cotidianidad influye para escribir algo verdadero o inventado en tu escritura?

He estado pensando mucho en eso últimamente, y cada vez estoy más convencida de que es un falso dilema. Las fronteras entre imaginación y memoria son difusas, y no hay nada que escribamos que no tenga un pie en la ficción y otro en “lo real”, por llamarlo de algún modo.

—¿Algún libro que te haya marcado?

La historia interminable, Moby Dick, Las cartas de Abelardo y Eloísa

Empatizando con otros seres vivos

En el poemario Una ballena es un país hay unas líneas dedicadas a Laika, la perrita espacial, en sus palabras, «más que homenajear a los animales de ese libro, su intención era ponerlos bajo los reflectores, para intentar considerarlos por lo que son y no por la utilidad que tienen para nosotros».

Igualmente, añadió que no es una visión personal, es una realidad: «Históricamente hemos enfocado los discursos relacionados con los animales a nuestras propias características, ya sean virtudes o defectos. Muchos relatos con protagonistas animales, por ejemplo, son usados para transmitir enseñanzas o dar lecciones morales, como las fábulas. Al margen de los efectos que este discurso antropocéntrico pueda tener, lo cierto es que a los seres humanos nos cuesta mucho trabajo ponernos en los zapatos de otras especies».

La labor editorial

—En 2015, Ediciones Antílope da luz, editorial en la que eres cofundadora. A lo largo de estos siete años, ¿qué es lo que más has disfrutado y aprendido a la hora de descubrir y publicar nuevas voces literarias?

Al contrario de lo que podría pensarse, la labor editorial es una labor creativa. Estos años en Antílope me han permitido ampliar mi imaginación y buscar caminos colectivos a los que jamás hubiera llegado en solitario.

—Además de ser escritora, eres traductora y editora, ¿cuáles son los principales retos que te han tocado vivir a la hora de traducir y editar textos?

El principal reto, en ambos casos, tiene que ver con el equilibrio. Tanto al traducir como al editar, intervenir en un texto, sin que este pierda su identidad ni se vuelva acartonado, requiere una serie de decisiones atentas y cuidadosas. Traducir y editar se parecen en eso: exigen la atención completa de quien lo hace.

—Maxwell Perkins dijo: «Los editores deberían ser anónimos. Nuestra labor como editores es mejorar el libro y ofrecerles a los lectores una buena historia». En tu experiencia como editora, ¿cuánta veracidad hay en sus palabras?

Mucha: los editores debemos trabajar para que el libro resplandezca.

Por Sebastián López

Ser de anomalías.

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