Categorías
Libros

Lecturas de enero (V)

Un alegato sobre el insomnio, un compendio de relatos con multiplicidad de voces, una defensa a las salas de cine y una novela postsoviética que confronta al ser humano con la nostalgia comandan la selección de lecturas propuestas por la redacción purgante para despedir enero.

Las buenas noches; Isaac Rosa

En Las Buenas noches, Isaac Rosa construye una novela inquietante a partir de un gesto mínimo: la imposibilidad de dormir. El protagonista, un hombre corriente atrapado en la vigilia nocturna, comienza a percibir la noche como un espacio incómodo, cargado de amenazas difusas. Lo que al inicio parece un problema íntimo —el insomnio— se transforma progresivamente en una experiencia colectiva, un síntoma de una sociedad dominada por el miedo, la desconfianza y la hipervigilancia de un capitalismo cada vez más hostil. Como insomne crónica que soy, me atrae como utiliza la noche como metáfora del presente: un tiempo en el que la seguridad es una obsesión y la sospecha se filtra en cada rincón de la vida cotidiana.  La prosa de Isaac Rosa es sobria y precisa, con un tono reflexivo que acompaña el estado mental del protagonista. No hay grandes giros argumentales, pero sí una tensión sostenida que mantiene al lector alerta, casi cómplice de esa vigilia interminable. El autor evita respuestas fáciles y apuesta por la incomodidad y nos obliga, de manera irremediable, a reconocer hasta qué punto compartimos esas mismas inquietudes.

Grand Union; Zadie Smith

Pese a las críticas esgrimidas por The Guardian, Grand Union me parece una increíble colección de relatos. Quizá porque la multiplicidad temática que abarca no se agota en ningún momento. Y una prueba de ello es la maestría con la que describe la tensión ideológica entre una madre y su hija en ‘The Dialectic’. O la forma en que las primeras relaciones perduran en la memoria, aún cuando la maternidad es una realidad, tal y como es el caso en ‘Sentimental Education’. Sin embargo, también hay relatos que me parecen profundamente políticos, como ‘Miss Adele Amidst the Corsets’, sobre una drag queen entrada en años; que, junto con ‘Two Men Arrive in a Village’ y ‘Kelso Deconstructed’, son tres de las mejores historias que hay en el libro. Por último, la forma en la que Zadie Smith va de la ficción al realismo, pasando por la intimidad que implica un ejercicio autobiográfico en cada uno de los cuentos que componen esta obra, demuestra una fuerza descomunal. Casi que podríamos decir que su voz es una voz que contiene multitudes, allí donde el sueño de un relato comienza a emerger.

Breve historia de la oscuridad; Vicente Monroy

Hace unos días los actores Matt Damon y Ben Affleck aparecieron en el podcast The Joe Rogan Experience como parte de la promoción de la película The Rip (2026), de Joe Carnahan. Ahí, hablaron de la manera en que el streaming está transformando la narrativa cinematográfica, con escenas espectaculares desde el primer acto y la reiteración de la trama a lo largo del metraje. La plataforma Netflix sabe que los públicos se desenvuelven hoy en la era del scroll infinito, con la atención dispersa en el mar de chats y apps de los teléfonos celulares, que ahora se usan para todo, menos para hablar. A Netflix no le interesa el cine, solo lo utiliza como medio para vender su contenido, que regularmente es intrascendente y repetitivo. “Ya no vemos películas, sino que consumimos contenido”, afirma el escritor y programador de la Cineteca de Madrid Vicente Monroy (Toledo, 1989) en su Breve historia de la oscuridad (2025), un ensayo que enfatiza en la defensa de las salas cinematográficas ante la voracidad del streaming. Publicado en la serie nuevos cuadernos Anagrama, el texto analiza las metáforas de Pasolini sobre las luciérnagas, con una humanidad que avanza al abismo; alude a la gloriosa oscuridad que envuelve a las salas de cine y la emoción antes de empezar el espectáculo; propone la revancha de Edison y su quinetoscopio, con miles de usuarios viendo series y filmes de forma individual, a plena luz del día; pero, principalmente, Monroy hace apuntes sobre la evolución de un arte que ha sido tomado como rehén por las plataformas digitales y la desaparición paulatina de las salas de cine, en un momento donde la nostalgia queda vapuleada por la vertiginosa generación TikTok. Vicente Monroy expresa mucho en pocas páginas, donde va quedando claro que el daño es irreparable: el exceso de luz erradica la penumbra donde antes sucedía la magia de la experiencia cinematográfica, en un momento donde lo único que importa es viralizar el contenido y vender merch de audiovisuales basura, con el consumismo desmedido como bandera. Se necesita volver a las salas, salvarlas del olvido y el abandono, regocijarse del cine como arte y valorar las películas que son hechas para verse en la gran pantalla; la sensación de estar abrazado por la oscuridad, en compañía de un montón de desconocidos, nunca será la misma a ver una cinta en la pantalla del celular, con mil distractores atacando. Breve historia de la oscuridad provoca reflexión y pone sobre la mesa lo que todos saben pero nadie acepta: el streaming le ha propinado un aguijonazo severo al séptimo arte. El autor sigue exponiendo su amor por el cine desde su libro anterior Contra la cinefilia: Historia de un romance exagerado (2020), abriendo aquí un indicio de esperanza, como las luciérnagas de Pasolini. Lo dicho por Matt Damon en aquel podcast reafirma lo trágico de la actualidad: audiencias desinteresadas incapaces de mantener la atención en una obra por 90 minutos, con tecnología a la vanguardia en la palma de la mano, utilizada con fines meramente frívolos.

Las tempestálidas; Gueorgui Gospodínov

El pasado no solo como punto de partida: el pasado como presente perfecto. Gueorgui Gospodínov nos sumerge en una novela ¿utópica o distópica?, en la que enfrenta al ser humano a la máquina —¿destructiva o constructiva?— que es la nostalgia. La historia, entretejida entre el narrador y un personaje esquivo y enigmático llamado Gaustin, bucea en el pasado: el suyo —el del autor— y el de muchísimos otros. Lo hace, primero, a través de la creación de una clínica para enfermos de Alzheimer y, después, tras el éxito de esta y su replicación en distintos puntos de Europa, mediante un referéndum destinado a elegir la mejor época para vivir el tiempo pasado en el hoy de todos. Esta novela, ganadora de los reconocidos premios Booker y Strega, se inunda de reflexiones certeras, pensamientos puntuales y un sinnúmero de alusiones a una infancia y adolescencia vividas bajo el telón de la Cortina de Acero. Todas ellas se van cosechando y subrayando a lo largo de la narración, cuya bisagra histórica y continental queda marcada por una fecha: 1.º de septiembre de 1939. «Cuanto más olvida una sociedad, tanto más alguien fabrica, vende y rellena con sucedáneos de memoria los nichos desocupados», escribe Gospodínov. Y eso es lo que más debería preocuparnos en este momento, insinúa. «Tras la dictadura del futuro llega el turno de la dictadura del pasado». Quizá no sea tan distópico… ni tan utópico.

Reseña de Elegí perder; Fernando Mañogil

Ya en el primer poema del libro el poeta confiesa que se desdobla, que a veces es otra cosa sin saberlo, que en sí mismo conviven sombra y sueño en un mismo perfil. El verso libre y el tono confesional son los recursos que Fernando Mañogil despliega junto a la referencia cultural, el ensueño, la alucinación y el soliloqueo, que diría Sánchez-Ostiz, para esperar a que la realidad supere a la ficción. La fiebre surrealista participa también como defensa ante esa existencia desabrida que vivimos, es la imaginación un bálsamo contra la mediana edad impertinente que ya se aproxima mientras nos susurra que para todo lo que tiene verdadera importancia llegamos tarde o simplemente no llegamos, que para lo que hemos roto, desperdiciado o perdido no hay remedio. Hay imágenes que recuerdan a Hieronymus Bosch, otras son apocalípticas, goyescas, se intuye un purgatorio interior, El Dante de nuevo, y en la superficie chapotea el poeta, aguantando el calor de la primera muerte, el vano intento redentor de la escritura, el vértigo de ver su media vida quemada en vano. Diarístico, confesional, íntimo, este es un poemario maduro, de excelente factura, de quien se apoya en la literatura al verse descolocado y perdido en el medio del camino de su vida. Aquí la esperanza es un verso echado al vuelo con fineza y honestidad. Dice el aforista Juan Varo Zafra que “la ficción no es la mentira; es una verdad cambiada de sitio”, puede que elegir perder sea para Fernando Mañogil la mejor forma de ganar de otra manera.

Ese imbécil va a escribir una novela; Juan José Millás

Un periodista veterano, de nombre Juan José Millás, recibe la encomienda de escribir el último gran reportaje de su brillante trayectoria. Millás acepta, pero, con el paso de los días, la historia indicada no aparece. Ante ello, tira de la memoria hasta recordar a su gran amigo Alberto, quien un día desapareció de su vida sin razón. El drama surge debido a que esa amistad, nacida en la infancia, se sostenía por un vínculo familiar jamás aclarado. Entonces, el reportaje ya no es el objetivo, sino el pretexto para llegar a la verdad. Con su acostumbrada adoración a la figura paterna y su prosa confrontativa y divertida, Millás vuelve a colocarnos contra nosotros mismos y, también, a recordarnos la importancia de la literatura como herramienta de salvación, enfatizando su perspectiva desde la vejez; un lugar que ya se siente más vulnerable de lo normal. «Porque no dejo de preguntarme si he tenido la oportunidad de ser yo.»

Pero aun así. Elogios y despedidas; María Moreno

Hizo bien Christian Alarcón, el director de Revista Anfibia, en rendirle homenaje a Leila Guerriero, María O’ Donnell y María Moreno como parte indisociable de la línea de defensa de la no ficción en Argentina al momento de ser condecorado en los premios Perfil. De las tres autoras mencionadas, la que tiene más horas de vuelo, con diferencia, es María Moreno, a quien Jorge Carrión no tuvo reparo en considerar la mejor cronista argentina de todos los tiempos y una de las voces documentales más lúcidas de la lengua. La excepcionalidad de Moreno se puede explicar por su origen: la Buenos Aires bohemia de los años 60 y 70, en la que intervenir intelectual y políticamente era formar parte de un proyecto que buscaba dinamitar estética y discursivamente el establishment. De la quinta de insurgentes que no son capaces de distinguir el oficio de escritor y periodista, como sus admirados Rodolfo Walsh y Joan Didion, Moreno ha fraguado una carrera portentosa como cronista social y ensayista cultural. Pero aun así. Elogios y despedidas es una contundente muestra de la afilada capacidad de María Moreno para ejercer la crítica de la vida cotidiana, desentrañar mitos de la literatura y el periodismo y ejercitar el estilo que la ha llevado a convertirse en una leyenda en vida. Los microensayos publicados en este volumen son, según la propia Moreno, una continuación de Subrayados, la antología de textos periodísticos que publicó en 2013, antes de sufrir el episodio cerebrovascular que le paralizó el lado derecho de su cuerpo, incluida la mano de escribir.