Luis Reséndiz: El buen crítico debe amar obsesivamente al cine

El cine no se va a morir, y menos con un invento que permite que las películas se proyecten en todas partes del mundo en una solventísima calidad de video.

Me gusta pensar que mi entusiasmo es el de un cinéfilo más que el de alguien que se cree crítico y considera que su gusto es mejor o más fino que el de sus lectores”.

He de comenzar este texto confesando que Luis Reséndiz (Coatzacoalcos, 1988) es uno de mis héroes. Obligado por la universidad a realizar un ensayo sobre la historia de las series de televisión norteamericanas, me sumergí en el sitio web de Letras Libres. Ahí, Luis escribía sobre ‘Game of Thrones’, ‘Volver al Futuro’, ‘Narcos’ y demás. Después, en el inexplicablemente poco célebre Letterboxd, elaboraba pequeños comentarios referentes a las películas que iba viendo. Hubo muchas películas que vi solamente porque contaban con opiniones suyas, y yo quería ser partícipe. Hoy escribo –o intento hacerlo- sobre lo que veo; qué revelador fue platicar con el hombre que me motivó a hacerlo.

¿Cómo surge la idea de escribir sobre televisión? ¿Por qué escribir sobre algo como las películas donde, pareciera, todo el mundo tiene una opinión clarísima sobre el tema?

Quisiera poder decir que mi idea de escribir de cine y televisión surgió prístina como la tengo y pretendo ejercerla ahora, pero sería mentira. La verdad es que uno —diré uno, pero hablo de mí— no se pregunta mucho eso cuando comienza a hacerlo. Empecé cuando tenía unos quince o dieciséis años, en un periódico local en Coatzacoalcos, donde nací y crecí, y claro que no me preguntaba esas cosas; nomás quería opinar de lo que me rodeaba, de lo que consumía, y quería platicarlo, porque estaba bastante solo y no tenía mucha gente con quien conversar. Comencé ahí y por la misma época me abrí un blog, que era la mejor manera de iniciar una conversación en línea antes del Twitter, y que me dio amigos y lectores, algunos que, felizmente, aún conservo. Ahí, básicamente, opinaba de cine, televisión, cómics y libros con confianza torera, vaya, tontamente seguro de que lo que decía era cierto, como tú mismo dices.

Poco a poco y con el correr del tiempo -y gracias a amigos y editores incisivos- mi visión se fue modificando a tal grado que comenzaron a interesarme otras cosas de las películas más allá de lo que solo podía ver. Ahora es más raro que escriba una reseña, por ejemplo, porque la verdad siento que lo que un crítico sienta subjetivamente da un poco igual, me interesa más el análisis que la crítica tal cual, digamos, lo que está alrededor y lo que cruza a la obra en cuestión: lo que la obra en cuestión haga en función de otras obras, en qué panorama se inserta, a nivel industria y lenguaje cinematográfico, o qué está diciendo la crítica en conjunto de la obra, siempre sabiendo que no tengo nada definitivo sino apenas un tanteo, un potencial acercamiento. Me interesa eso en películas muy comerciales, o de superhéroes, de terror comercial, o me interesa hacerlo a nivel industria en los nuevos servicios de streaming o en canales de Youtube; en series, películas o productos que hasta hace algunos añitos no eran tomadas muy en serio o que incluso hoy encuentran cierta resistencia entre algunos críticos. Así que si hubiera una idea, una sola, que en estos momentos moviera mi idea de hacer crítica, sería la de analizar con cierto detalle lo que otros críticos no revisan o revisan más superficial o desdeñosamente.

Me llama la atención tu tendencia, precisamente, al análisis de películas comerciales. Quizá la cultura se ha elitizado bastante al grado de desdeñar las grandes producciones, tachándolas de superficiales, y orientar la crítica seria a eso llamado cine de arte. ¿Por qué has buscado hablar esencialmente del cine comercial?

No creo tanto en una cultura elitista contemporánea —creo que la preponderancia de cintas de superhéroes, horror, fantasía y ciencia ficción hablan claramente de una apertura hacia géneros antes despreciados—, sino en una crítica mexicana con poca velocidad de reacción. En un país como el nuestro, donde hay una brecha gigantesca entre quienes pueden estudiar y culminar estudios universitarios y quienes no tenemos la oportunidad, es inevitable que se cree una élite donde la “cultura” parece materia de solaz para unos pocos y no un bien que es de todos. En ese sentido, la crítica de cine mexicana, que inevitablemente es un reflejo de estas desigualdades —toda vez que ir al cine es caro, ya no digamos comprar buenos libros de crítica y teoría cinematográfica—, ha arrastrado por décadas el vicio de no tomar en serio el cine popular, entendiendo esto no solo como blockbusters sino como telenovelas, series o películas taquilleras nacionales. Es un problema, claro, porque la labor de la crítica es generar pensamiento en torno a todo lo que tenga a su alcance, y cuando la crítica se separa de lo que ve el gran público… ¿A quién le habla? ¿Para quién escribe? ¿Con quién comparte cosas?… En ese sentido, a mí me interesa escribir sobre ese cine no solo porque me gusta, sino porque quiero entablar un diálogo con la banda sobre el cine que nos gusta a todos o a muchos, el cine que vemos todos y que luego no recibe análisis serios porque es masivo, aún cuando se encuentre innovando a niveles técnicos y de sistemas de producción. También me interesa la otra parte del cine, porque en realidad son solo dos partes de una misma cosa, y también lo veo y escribo sobre ese cine, pero me interesa más el otro; creo que es un buen lugar donde pensar y explorar cosas que tal vez otros no tienen tanto interés en explorar -y está bien, quiero creer que hay lectores para todos-.

¿Y cómo se genera ese diálogo con el lector en torno a una película?

Ah, es muy buena pregunta. Un poco porque lo del diálogo con el lector ya es un lugar común, y pues qué chiste. Pero no; en mi caso, creo que ese diálogo se entabla casi literalmente. Empecé a publicar en blogs, como te dije, y luego en medios nacionales, hará unos diez años, y desde siempre mis textos han estado ligados a internet, a la conversación en línea. Así, desde siempre me ha gustado platicar los textos -antes de que desactivar las secciones de comentarios de los sitios gracias a los nazis del mundo se volviera la regla, me metía en largas discusiones y respuestas a comentarios en los textos-, y en Twitter o en Letterboxd es normal entablar diálogos y conversaciones. Creo que un poco el diálogo es literal: es realmente una gran conversación. Me gusta pensar que mi entusiasmo es el de un cinéfilo más que el de alguien que se cree crítico y considera que su gusto es mejor o más fino que el de sus lectores.

Sé que tienes a tus grandes consentidas –‘Back to the Future’, por ejemplo-, pero, ¿al escribir buscas adquirir cierta distancia y entablar un texto objetivo? O quizá, como diría Scorsese, buscas que el lector sea partícipe de tus propias pasiones a partir de un texto más personal. ¿Cómo te sientes más cómodo?

De ambas formas. Me gustan ambas cosas, e intento hacer ambas en varios textos y ensayos. Me interesa el aspecto personal, en parte porque no pretendo ostentar una pretendida objetividad ni un tono tajante de verdad absoluta, aunque a veces sea inevitable caer en ese vicio. Me interesa explorarme a través de las películas, un poco porque me gusta leer ensayo y pretendo escribirlo, y me gusta pensar que sí, como dice Scorsese, uno hace partícipe al lector de sus propias pasiones. La cosa es que no creo que eso sea lo único que el crítico puede hacer. Mi método es parecido a escribir dos textos simultáneos; dos textos hermanos que se irán uniendo conforme los vaya estructurando y que al final terminarán en un solo texto hipotético que, en mi cabeza, lograría cubrir cuestiones de producción, formales, de significado e interpretación, de la forma más distanciada posible de la película,  y también, al mismo tiempo, una cara del texto que hable con honestidad sobre mi relación personal con la película, si es que tal cosa existe. Siempre fracaso, pero no por eso dejo de intentarlo. Quizá en cincuenta años, si aún sigo por acá, lo logre. Esa es mi motivación.

 Yendo a otro tema, me gustaría preguntar qué es lo que buscas al entrar a una sala de cine. ¿Qué esperas recibir como espectador?

Quiero pensar que me he desprendido un poco del buscar algo como espectador. Trato de no pedirle cosas a las películas antes de verlas, aunque sea imposible, pero al menos trato de verlas con mente abierta, consciente de que mi gusto y mi juicio es una subjetivísima construcción que es solo mía, y que ningún cineasta podría ni tendría que satisfacerla. Por supuesto, esto depende de cada película; es más fácil ir esperar algo del cine hollywoodense, que opera con fórmulas particulares en conjunto, que de un autor como David Lynch, Carlos Reygadas o Lav Díaz, que operan bajo sus propias, particulares y dúctiles reglas. Así que podría sintetizarlo diciendo que espero de cada película que sea la película más acabada que puede ser en su género, sistema de producción y alcances técnicos y narrativos. No quiero que todas las películas sean buenísimas: imagínate la flojera de un mundo así.

¿Existe todavía cierto nervio con esas películas que se esperan durante bastante tiempo?

¡Claro que hay expectación! Un chorro. He esperado la película de ‘Deadwood’ por años, por ejemplo, que finalmente va a salir en 2019 y estoy muy emocionado. También me emocionaba muchísimo ver la nueva de Steve McQueen, ‘Widows’, y no me decepcionó. Claro que me emociono. El buen crítico, me parece, debe amar obsesivamente al cine. Y yo quiero ser un buen crítico.

Me gustaría conocer tu opinión respecto a la proliferación de redes de streaming para ver cine. Ver películas en pantallas pequeñas no es algo nuevo: leí en una entrevista que te realizaron cómo decías que quizá el punto es que se ha normalizado: a muchísima gente le daba flojera descargar una película, pero ahora todos tienen al alcance de un clic Netflix, Prime, o estos sistemas. Con la mudanza del cine a estos espectros, ¿crees en él como algo que irá mutando? ¿O lo piensas en peligro de extinción tal y como lo conocemos -salas, complejos cinematográficos, etcetera-?

Las cosas ya están mutando. A nivel marketing, por ejemplo: ‘The Chilling Adventures of Sabrina’ filmó una temporada de veinte episodios, la dividió en dos partes y la vendió como dos temporadas. Hoy mismo, que la renovaron para una segunda temporada, muchos medios reportaron que la renovaban para la tercera y cuarta, en parte por desinformación, pero es una movida mercadotécnica que no me parece casual y que hace parecer a la serie mucho más fuerte, mucho más sólida: si tú te enteras de que renovaron a una serie para una tercera y cuarta temporada ni bien terminó la primera, dices “¡uta, ha de estar buenísima!“. No es el único aspecto; Internet también creó las películas de interfaz, la computer screen movie (Alonso Ruvalcaba les dedicó un gran ensayo acá.) Así, mientras unos cineastas pegan el grito en el cielo porque la gente ve las películas en la tableta o la computadora, otros deciden sacar ventaja del asunto con películas que integran ese hecho de la realidad a su forma. La creatividad es un mucho mejor camino para solucionar problemas que la queja y el pataleo. No obstante, así como leer un libro con letra diminuta no tiene nada de malo pero no es el formato en que mejor se aprecia el material, ver una película en una pantalla mínima no tiene nada de malo, pero no es el mejor formato. El cine no se va a morir, y menos con un invento que permite que las películas se proyecten en todas partes del mundo en una solventísima calidad de video. Básicamente estamos hablando de lo mejor que le pudo pasar a esa disciplina.

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