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Poesía

Todas las cosas que terminan

Querido señor tristeza, deseaba quitarte la mordaza que tenías en los extremos de las
comisuras de la boca. Quedarme entre el espacio que existía entre tu piel y el corazón
encriptado, pero latente.

Decirte que dejaras de mirar hacia el suelo y abrirte el horizonte de la humanidad. Quería
decirte que tenías derecho a sentir, que aún podías ver el cielo.

“Una situación que se me salió de las manos”, en esa sola oración me definiste. 

Luchando por mantenerme en tu presente, me convertiste en las cenizas de tu pasado,
tratando de meterme en moldes de tus ex extraordinarias. Todas ellas, han huido a
kilómetros a la redonda, fuera de todo lo que alguna vez conocieron. Todas tienen la misma
mirada quemada después de ti, posando sobre la misma calle neoyorquina para tratar de
recordar quiénes eran y adónde iban. 

New York, recuérdame no ir a la ciudad de los ex no superados, prometo encontrarnos
cuando seamos genuinamente nosotros. Tú, la ciudad de los abismos, y yo, no lo sé.  

Nueva York, soy como un soldado con estrés postraumático después de terminar una guerra
con la visión vencida. 
Querido New York, mírame cómo floto sobre la sombra, me pregunto si alguna vez tocaré
el fondo. Creo que ya lo he hecho. 
Todos se han ido, supongo que es momento de que yo me quede.
¿Por qué todos van a tus esquinas a curarse las heridas? 
¿Está bien sí miro hacia otro lado? 

Señor tristeza, dijiste que si tuvieras 10 años menos estarías loco por mí,
pero ahora buscas de manera trastornada chicas que me igualan la edad, las cuales no son
un problema para ti, con más de una década que los diferencia. Tengo que aguantar las
náuseas para no vomitar sobre mis nuevos zapatos que compré para ti. 

Señor tristeza, era una noche demasiado fría para que decidieras no abrir la puerta, espero
que nunca tengas que resistir un frio invernal como el que yo tuve que pasar.
Dije un par de veces que te quería en la profundidad de nuestros suspiros, tienes que
creerme, eran de verdad.
Querido señor tristeza, sé que estás terriblemente cansado, que estás enfermo de aflicción y
emocionalmente no disponible por alguna razón. (para mí)
Espero que encuentres lo que sea que estés buscando, y que las historias de cuerpos sobre el
tuyo se desplomen sobre toda mi ciudad, que la cubran como un manto oscuro, que puedas
verlo todo sobre tu edificio privilegiado en tus noches solitarias. Cuando te sientes sobre la
repisa de la cocina y todos tus fantasmas emerjan a la superficie. 
¿Por qué la dejaste ir?

Señor tristeza, ¿quién desatará el nudo atorado en medio del pecho que creaste para
protegerte? Me imagino quien, y la llamarás “cariño” (la llamas), tal cual lo hiciste
conmigo. Los jazmines florecen en primavera y siempre te encantó la botánica.
Esta ciudad ha tenido demasiadas estrellas vacías.
Dijiste que no te gustaba el drama que podía llegar a crear,
pero hoy, ni nunca más, me disculparé por sentir, por ser humano, por ser yo, por estar viva.
Ya no más.
Así que lo único que podré recordar de ti, será tu enorme miedo a envejecer y no estar a la
moda. Buscando tu alma en mensajes vacíos.
Sabías que conmigo nada de esa mierda importaba.
Señor tristeza, es hora de que tú camines hacia ti como siempre lo hiciste, y yo caminaré
hacia algún otro lado con el corazón congelado.
Señor tristeza, desearía que las cosas hubieran terminado diferentes y no haber llorado todo
el camino de regreso a casa.

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