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Frustración

Otro día más que llego a casa, me quito los tacones y me lanzo en el sofá. Otro día más que mi mente se hace un nudo y, al final del laberinto, aparece la palabra.

Por: Aliena Díaz

Otro día más que llego a casa, me quito los tacones y me lanzo en el sofá. Otro día más que mi mente se hace un nudo y, al final del laberinto, aparece la palabra ‘frustración’.

¿Por qué?; buena pregunta.

¿Cómo se puede vivir sin tiempo?; otra buena pregunta.

Sólo lo consigo si le añado la frustración, porque me limito a vivir apagando fuegos, propios y ajenos en un trabajo que odio y en una rutina en la que no caben mis ilusiones, en la que no cabe mi tiempo; en una vida en la que parece que sólo estoy de paso, porque no soy la protagonista, sólo una actriz secundaria.

Soy el personaje al que le toca renunciar, al que le toca aguantar, al que no le queda más remedio. Y los días siguen pasando y los años también. ¿Cuáles son las llaves que abren las puertas donde se encuentran las soluciones a mis problemas? En un arrebato de desesperación, navego por la red, a ver si encuentro la solución. Dicen que ahora está todo en internet. Pongo la palabreja en el buscador y aparece un blog de una ‘coach personal’… ¡Perfecto! Tiene un artículo sobre cómo superar la frustración, que leo con atención.

¿En serio? ¿Es tan fácil como parece o es que el papel lo aguanta todo?

No me ayuda. Es muy genérico. Quizás debería escribirle para contarle mi caso con más detalle, pero no me apetece hacerlo. Vuelvo a releer el artículo. Hay una frase de un tal Reinhold Niebuhr, que me llama la atención: “Señor, concédeme la serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, el valor para cambiar las cosas que puedo cambiar y la sabiduría para distinguir entre ambas”.

La SERENIDAD; ya tengo la primera llave. Sigo buscando. Quizás encuentre las demás. 

La ACEPTACIÓN puede ser la segunda llave. Es la única que puede abrir la puerta de las cosas que no puedo cambiar; es la única que me hará asumir la realidad de lo imposible.

Estoy ilusionada. ¿Encontraré más llaves?

Continúo destripando el artículo.

La RENUNCIA. Esta llave la tengo que matizar, para que me abra la puerta, porque no consiste en renunciar a todo; consiste en admitir, sin sufrir, que no se puede hacer todo a la misma vez, que hay que priorizar.

La PRIORIZACIÓN, ¡otra llave! 

Cada vez más entusiasmada, me encuentro con que las dos últimas llaves son complementarias a una más grande y difícil de conseguir: la VALENTÍA; la fuerza que necesito para cambiar las cosas, la energía que gasto en quejas interminables y enfados con el mundo, transformada en la búsqueda de la felicidad en mi zona de confort, en las actividades en las que sí puedo influir.

Cierro los ojos y una sonrisa de satisfacción me ilumina la cara, las tengo: Serenidad, Aceptación, Renuncia, Priorización y Valentía.

Mañana intentaré entrar en mi nueva vida, porque durante mi recorrido, no pude deshacerme de la llave de la PEREZA.

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