Los descuidos y la tecnología tienden a la desaparición de la palabra. Pero a veces ocurren milagros, como este, en el que, luego de meses de rastreo, recuperé la grabación de esta conversación, sucedida exactamente en julio de 2025, en una visita de Luisa Reyes Retana a la Ciudad de México. No sería importante aclararlo en otras circunstancias, pero lo es por los tiempos a los que hacemos alusión en la charla, pues la publicación del libro vino meses después, en el marco de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara.
Quizá puedas contarnos sobre este nuevo libro y lo difícil que es hablar de este libro que todavía no está publicado, pero que se tiene que promocionar.
Esas cosas raras que no entendemos de la industria del libro, pero, la razón por la que la estamos promocionando [este libro] antes de su publicación es porque se publica muy cercano a Guadalajara, y los medios ponen atención a muchísimas publicaciones y las posibilidades de que se diluya entre tantas publicaciones incrementan.
Ahora, por supuesto, también haremos un esfuerzo en ese entonces, pero Penguin ha sido muy generoso conmigo y me ha dado esta oportunidad de hablar sobre el libro antes de su salida. Y, por supuesto, que la quiero tomar porque me parece importante que los lectores que ya me han leído y que tienen interés en volverme a leer sepan que ahí viene, y sepan que es un libro que no tiene nada que ver ni con el primero ni con el segundo.
Entonces, ¿qué va a ser este libro? ¿Ya tenemos el título?
Ya tenemos el título, se llama Mal de río. [Y se llama así] un poco por el mal de montaña, ¿sabes? Cuando estás a muchísimos metros sobre el nivel del mar empiezas a sentirte mal, te falta el aire, te mareas. En fin, tienes la cabeza un poco en las nubes, pierdes concentración. Y eso tiene que ver con la altura y la falta de oxígeno. El “mal de río” no existe como tal, pero en esta novela suceden una serie de eventos que te pueden acercar a la sensación de un “mal de río”. Déjame contarte un poco de qué va la novela y llegaremos ahí.
En esta ficción coral, los tres protagonistas narran pasándose la estafeta, es decir, no narran lo mismo desde tres perspectivas, sino que van avanzando conforme sus vivencias [progresan] respecto a un juicio, de ficción, que se lleva a cabo a propósito de un proyecto de presas en el río Usumacinta. Hoy, 2025, ese proyecto no está vivo, pero ha tenido muchos intentos de llevarse a cabo y no se ha logrado por angas y mangas. Entonces es una ficción diagonal, distopia, muy cercano a las posibilidades reales.
Es un desdoblamiento, es una posible realidad paralela. Y en esta ficción, los comuneros, la gente que vive en la cuenca del río, demanda un amparo para que el juez detenga una construcción que se está llevando a cabo sin el debido proceso. La Secretaría de Medio Ambiente ha emitido unos permisos de construcción que no debió porque falta un requisito procesal sin el cual supuestamente no se puede llevar a cabo una obra. En la vida real se llama manifestación de impacto ambiental, pero en mi novela tiene otro nombre.
Y como sucede en algunos procesos en México, el juez encuentra mérito en esta solicitud y detiene la obra. Entonces la gente que vive en la cuenca piensa que hay justicia, que en efecto no se va a poder construir porque…
La manifestación de impacto ambiental se presenta para que quien quiere construir infraestructura compruebe de manera fehaciente que los daños no son mayores a los beneficios, que hay un balance, un equilibrio y que hay algún proyecto para subsanar los posibles daños que se lleven a cabo. No se presentan las manifestaciones de impacto ambiental, la compañía empieza la obra, los comuneros demandan, la obra se detiene, todo está muy bien, hasta que el asunto va a dar a uno de estos despachos de litigio en Ciudad de México que tienen todo el poder y todo el músculo y toda la maña y todo el colmillo y todos los abogados del mundo, versus unos abogados que viven en la selva maya, que defienden el territorio, el agua, los derechos humanos, en fin, todo lo que constantemente está amenazado de su forma de vida y son muy pocos y no tienen ni la quinta parte de los recursos.
Cuando este asunto va a dar al escritorio de una abogada de nombre Marcia Coron, su jefe le dice: si tú ganas esta instancia, en este amparo y la obra se empieza a construir de nuevo, te vamos a ascender. Una oferta que le habían hecho ya varias veces y que se caía por distintas razones. El caso es que Marcia, que es una abogada súper narcisista y súper buena y enfocada y que, digamos, gana todo, le mete toda su energía, toda su voluntad, toda su cabeza, toda su maña y gana, por supuesto, y entonces va para atrás.
El juez se ve en la necesidad de levantar la suspensión porque un tribunal se lo indica, no tiene alternativa y van de nuevo las grúas para arriba. Y otra vez está la gente en la cuenca de la selva viendo cómo cruzan traves de miles de toneladas en la cuenca del río y es el apocalipsis, es el apocalipsis porque además el Usumacinta es el último río vivo de México.
Entonces, aparte de que uno pensaría que requiere protección, es un pulmón para la selva maya sin el cual se acaba la vida de la región como la conocemos. Entonces, esta chava gana y en lugar de ascenderla, la corren. Porque una mujer joven que está amasando mucho poder, que gana mucho dinero, que no necesariamente cumple con las fórmulas de la vieja escuela dentro del mundo de los despachos en la Ciudad de México, es muy peligrosa. Entonces, pues la usan para obtener ese amparo que además el titular es otra persona, medio la chantajean para que le tigue a nombre de otro de los abogados que es más menso y que no puede hacerlo solo y ella lo hace y en lugar de darle su ascenso, la corren. Y entonces ella se va a su casa desesperada porque nunca ha concebido ningún otro futuro para sí misma que no sea litigar en ese despacho y empieza a fraguar su venganza. El caso es que una cosa y otra acaba yendo a la cuenca del río con su hermana pues como para ver qué fue lo que pasó, qué fue lo que hizo.
Yo soy de formación abogada, por cierto. Una de las cosas que suceden mucho cuando litigamos es que creemos que entendemos muy bien qué estamos haciendo, pero nunca hemos puesto el pie en la construcción, en el río, en el desagüe de no sé qué. O sea, todo está en papel, en imágenes en nuestras pantallas, en el piso 24, en la torre en Santa Fe. Entonces, te podrás imaginar que para ella entender las proporciones es prácticamente imposible. En algún momento reconoce que nunca había tocado la corteza de un árbol, cuando se ve obligada a hacerlo.
Y entonces llegan a Tenosique, que es una ciudad ribereña, donde, por cierto, cruza el Tren Maya, y estando ahí decide que quiere navegar. Y no son tiempos de navegación, hay mucha agua. Pero convence a un lanchero jovencito a billetazos. El cuate no la quiere llevar, pero ella lo obliga. Y el güey le dice: los raudales están borrados. Eso quiere decir que donde hay raudales, que es agua muy violenta, arriba pasa una capa que está muy lisa, entonces es imposible verlos. Si no conoces el río, piensas que está calmo. Bueno, pues por supuesto pasa lo que nos podemos imaginar.
El río se traga la lancha, la destroza, los tres quedan casi muertos en el naufragio, sobreviven medio milagrosamente, y van a nadar al lado del Cañón de la Usumacinta, que es una región de la selva maya que está protegida por decreto. Y de ese lado, pues ni Dios. No será mucha selva maya, pero es densa.
Entonces se pierde en la selva, porque además no hay camino sobre la orilla del río. No puedes, te vas al barranco, te matas. O sea, sube, baja, es completamente accidental. Y esos dos días en la selva son alucinantes y es mi gran oportunidad como autora para desestructurar la escritura y buscar otras maneras de narrar, y de narrar la selva, que es de alguna manera inenarrable. Y entonces, cuando ella vuelve a lo que vamos a llamar la civilización, mal dicho, pero esta será nuestra palabra de hoy, está tomada por el río. El río la secuestró, se le metió, la abusó de ella, la tiene completamente tomada.
Y no es que se vuelva buena y santa y entienda que el río debe sobrevivir, [sólo] porque sí, pero no puede no hacerlo porque se encuentra en situación de secuestro. Decide acercarse a los comuneros y preguntarles y ofrecerles su apoyo para desarmar el juicio que ella misma armó en el otro sentido. Entonces empieza un nuevo drama para entender cómo se desarticula una cosa así. Y el chiste de esta novela es en buena medida mostrar qué frágil es el derecho para la defensa de nuestros cuerpos naturales, qué poco tenemos para argumentar que están vivos, que merecen su libertad, que tienen, pues para empezar, mucho más historia que nosotros sobre esta tierra.
En fin, es un libro que tiene como pregunta central: ¿qué podemos hacer por ellos y cómo vamos a hacerlo de aquí a adelante? Si estamos dispuestos a vivir con lo poco que tenemos como información y el derecho tan flaquito, tan escaso, tan anticuado, tan empobrecido, también por la corrupción, etcétera. Porque si estamos dispuestos a vivir con esto, pues también tenemos que estar dispuestos a despedirnos de lo que nos queda de, por ejemplo, la selva maya.
En el sentido de esto último, porque me parece importante, saber si tuviste la intención de ofrecer una respuesta ante estas situaciones inminentes, el Tren Maya o todas las megaconstrucciones que se han hecho, no solo en los últimos seis, siete años, sino hace mucho tiempo, o si solamente es un camino para reflexionar y qué es lo que podemos hacer hacia el futuro…
Pues no puedo ofrecer respuestas, no las tengo, pero sí siento que tengo el oído de mis lectores, por lo menos, para que conversemos. Es una conversación urgente y que no tiene buenas respuestas. Hay que interrogar esas respuestas y hay que preguntarnos si estamos dispuestos, porque en mi experiencia cerca del río, lo que yo he descubierto, que es puro corazón y una investigación hecha exclusivamente para escribir este libro, el cambio que necesitamos hacer es radical. O sea, necesitamos considerar nuestro planeta de otro modo. No es en realidad una protección, protege a esta especie, no permitas que cruce por aquí un puente. Eso es lo micro.
A mí lo que me agobia más es lo macro. ¿Cómo vamos a frenar el cambio climático? ¿Qué tendría que pasar para que nos entre como sociedad a la cabeza la verdadera importancia de los bienes naturales para la vida? La vida, punto y aparte, no la vida de las personas, no la vida de nuestra generación, no la vida de nuestros hijos. ¿Cómo le hacemos para entender la complejidad de la vida? Yo creo que si hay más conversaciones, generamos más vínculos, hacemos más conexiones nerviosas, nos preocupamos más por otras cosas. A mí esta expresión de la filosofía contemporánea de: no se llaman bienes, como les llaman, [sino] sujetos más que humanos, las montañas, el viento, los ríos, me parece cada vez más elocuente, cada vez la entiendo un poco mejor. O sea, son más que humanos en el sentido en que son considerablemente más complejos y se acercan a los humanos en el sentido en que están vivos. Pero, como tenemos una noción tan precaria de la vida y creemos que tiene dos patas y ojitos, simplemente nos resulta más cómodo pensar que son materiales a nuestro servicio, que podemos desarmar y ocupar y reforestar y desarmar y ocupar de una manera medio… Pues sí, como fordiana, de una manera absolutamente capitalista, sin considerar que esa es la vida, que, o sea, que esos bienes, esos seres más que humanos, no nos dan la vida a nosotros, no es al revés. En fin, es una reflexión que quiero tener con el lectorado y que escribo porque me inquieta y porque quiero tener la oportunidad de hablarlo con otros.
Tu libro sucede a unos cuantos cientos de kilómetros de aquí, es decir, la cercanía geográfica hace que uno se preocupe de manera distinta. Lo mismo con otros libros como los últimos de Elisa de Gortari, Andrea Chapela o Jorge Comensal. Te pregunto, por tanto, ¿cómo crees que llegaron a darse cuenta que era necesario empezar a escribir desde algo más cercano, digamos, desde una cuestión lógica, de lo particular a lo general, para entonces hacer más eco en la reflexión? ¿Cómo fue para ti llegar a esa reflexión?
¿Sabes qué sentí un día? Por una acumulación de cosas… no amanecí así un día, sino que un día finalmente, se me abrieron los ojos. Las distopias están aquí. Lo que escribió Margaret Atwood en el Cuento de la criada, bueno, no hay más que decir. Es una profecía y yo sí percibo cada vez más está esta sensación de pérdida, de alejamiento, de muerte, de una serie de valores humanos y de… Yo vivo en Berlín y Alemania es un país que se va a radicalizar. Bueno, por lo menos se siente eso en la calle.
Yo no soy un oráculo, pero vamos a tender otra vez a las derechas antes de que el péndulo regrese. Pero cada movimiento pendular es un poquito más, un poquito más. Y ya no son los cincuentas, ya no tenemos las grandes esperanzas de que el desarrollo nos lleve a ningún lado, ya nos dimos cuenta que no era la respuesta, pero ahora sí está a punto de acabarse el planeta. Me encanta el libro de Andrea Chapela un poco porque no es desesperanzador, es hermoso, pero es en un mundo muy horrible. Como diciendo: el espíritu humano persiste. No obstante, hemos dejado que las cosas nos lleven a ese sitio tan indeseable, ¿no? En fin, yo escribo desde aquí porque a mí me preocupa el presente. El futuro siento que ya ni hay, ya ni pienso en eso. Tengo la sensación de que lo que estamos viviendo es lo único en lo que podemos realmente incidir, el aquí y en el ahora.
Y a mí siempre me ha gustado la ciencia ficción que tiene toque con el presente, y no me siento preparada quizá porque yo siento que con cada libro soy otra, no sé por qué. No me siento preparada para salirme del plano de mi realidad. No mi realidad inmediata, porque no escribo sobre mí misma, pero del universo que yo puedo observar, del mundo observable. No sé, es una respuesta bastante mediocre, pero es la única que tengo en este momento. éndono
Volviendo al tema del libro, decías algo de Marcia que, creo, hace mucho eco en ti: antes de que decidieras ser escritora ,estabas abocada por completo al ejercicio del derecho, sea lo que sea que eso signifique y después decidiste asumirte y/o empezar a ser escritora…
Esta frase últimamente la uso mucho: si quieres hacer reír a Dios, cuéntale tus planes. Mira, claro, cada vez entiendo mejor que todo está en la licuadora, o sea, escribir no se puede hacer de manera quirúrgica. Está metida tu infancia, tus traumas, quieres vengarte a través de tus libros, quieres enamorar, hay un montón de deseos implícitos y se van colando en distintos personajes ,y diseñas personajes de acuerdo a lo que conoces, en fin.
Y este personaje tiene a varias de mis amigas en la licuadora y a mí misma, por supuesto. Por un lado, la historia concreta es de una amiga mía, de una región montana como el personaje, que es una abogada extraordinaria a la que corren injustamente cuando está amasando mucho poder. Y la historia, cuando sucedió, nos conmovió mucho a la comunidad jurídica y sobre todo a las abogadas porque nos vimos proyectadas. Todas queríamos ser ella, todas. Le iba increíble, era sumamente brillante, sumamente destacada, facturaba como una loca y aparte de eso hacía otras doscientas cosas. Era realmente una abogada muy talentosa.
No sé por qué hablo en pasado. Pero encontraron ahí una forma subrepticia, de calladito y pues esto nos paralizó a todas. Y ella, por supuesto, no sé por qué esta gente no lo supo ver, yo creo que por machistas, la cosa no se iba a terminar ahí.
Sí, claro, pretendamos que nos sorprende…
¡Exactamente! Entonces, tomé esa historia que me conmovió mucho en su momento. Y, por otro lado, analicé esta personalidad narcisista que me parece tan interesante. porque hay muchas en el arte y seguramente yo tengo un montón y otras gentes tendrán un montón. Los artistas somos bastante… nos miramos al espejo y decimos: oh, pero qué inteligente, y tienes que estar luchando contra esta parte de ti que es bastante desagradable y, para ser francos, poco objetiva. Pero la personalidad narcisista tiene una serie de atributos y defectos que hacen que los narcisos lleguen muy lejos muy rápido, tienen la mira perfectamente clara, no se detienen, son trenes bala. Y muchos de los artistas más destacados pasan por encima de todo el mundo y llegan a donde se proponen porque tienen lo que en el narcisismo es como virtud de efecto. Depende desde donde lo veas.
Entonces, este personaje está construido con mucho cuidado. Hablé con psiquiatras, psicólogos, así como me informé sobre el derecho, me informé sobre la creación de este personaje para que quedara redondo y lo que fue increíble es que una vez que entendí la personalidad narcisista, Marcia se hizo de carne y huesos y ya sabía yo perfectamente bien de lo que era capaz. Entonces la podía poner a jugar en situaciones y cómo es como hiriente en el peor momento y cómo hace una persona creer que es valiosa y al final le saca, ya sabes, cómo se aprovecha, en fin. Marcia es un personaje al que quieres, a pesar de sí misma.
O esperemos, ya veremos qué dicen los lectores, pero de algún modo la quieres matar porque sabes que se conduce de una forma bastante poco ética, y que además le ganan las peores pasiones, pero que al final actúa más o menos bien y es la única que tiene capacidad de llegar a los sitios que se propone. Entonces, medio que la quieres apoyar para que logre salvar al río, pero por otro lado su venganza pues no te interesa que se haga a partir del río, ¿no? En fin, ojalá que este personaje esté bien logrado.
Y la voz que más me interesa de todo el libro es la del río porque, por supuesto, cuando el río entra a hablar, los ríos no hablan y mi capacidad de interpretar lo que un río dice es cercana a cero. Entonces, por supuesto, fallo, pero aprovecho que sé de antemano que estoy fallando para escribir poesía, para desestructurar la narrativa de una manera en que a mí me parezca convincente o que me parezca simplemente sabrosa en ese momento. Y hay varios intentos de hablar como el río y ninguno realmente lo logra, pero lo intenta.
¿Te parece importante decirte, desde un principio, aquí es probable que falle, pero de todos modos vale la pena intentarlo?
Siempre, siempre, porque fallo mucho. Si no me doy a mí misma esa licencia, escribiría muy poco, escribiría con mucha tensión, lo haría como pensando en lectores inexistentes, en las posibilidades de… En fin, no, tengo que bajar mucho, mucho la barra y permitirme escribir como pueda, y eventualmente puedo ayudarme a mí misma más tarde y mejorar un poco lo que he escrito, y tratar de encontrar una mejor coherencia, en fin, pero sí, creo que empiezo con la barra muy baja.
Ya me has advertido que piensas que este libro es completamente distinto a tus otros libros, y sin embargo los lectores y las lectoras más quisquillosas van a decir que no es cierto, que ahí está la Luisa de siempre.
Ojalá.
Pero, una vez que lo terminaste, y ahora que has empezado a reflexionar con la prensa, aun cuando suene un poco extraño eso, ¿encuentras qué de diferente en este libro y en los otros? ¿Con qué te tropezaste más? ¿Con qué fue más fácil que no lo fue con el resto?
Mira, es que solo quiero decir que son ejercicios distintos porque nunca me han funcionado mis planes. Arde Josefina es un libro que escribí sin saber que iba a ser publicado, entonces tiene un poco la cualidad de la privacidad, no tenía presión, no sabía que tendría eventualmente público, entonces, no sé, eso me permitió sentirme muy a mis anchas, fue una experiencia. Y además fue la primera vez que me sentí diosa, que decpia: no, a este personaje lo matamos, bueno, no, mejor no, iba de regreso, dilip, dilip, dilip. Esa sensación la experimenté con Arde Josefina y me encantó, me encantó ser la dueña y señora de mi historia.
Con Tu lengua en mi boca todo ese encanto se fue, porque me di cuenta que yo no era la dueña y señora de la historia, sino que la historia era una y se manifestaba y yo estaba un poco al servicio de la historia porque fui a Torreón y conocí a una bola de morras y entendí un poco sus dinámicas, me di cuenta muy pronto que yo no podía ser parte de sus dinámicas, que solo podía observarlas desde la banca. Me gustó mucho que yo no mandé en ese libro, que yo me sentí un instrumento de la escritura y la escritura fue mucho más, ¿cómo decirlo? Pues fue muy gozosa porque son los personajes con los que yo sueño, estas mujeres medio brujas, rebeldes, tienen todas estas como queen ese momento para mí significaba mucho. Entonces, disfruté mucho de la escritura, me costó mucho trabajo. El narrador se siente, cómo me costó trabajo, pero bueno, mucha chamba, de repente me iba y ya sabes estaba atrás de un personaje todo el tiempo y me tenía que retachar 20 páginas y regresar la mirada a un lugar más objetivo, sin perder la cercanía con los personajes, en fin, fue un trabajal.
Quiero decir que Juan Pablo Villalobos me ayudó muchísimo. Todos mis libros los tallaré con él y es lo máximo, me da mucha luz sobre el manejo de la voz y sobre muchos temas, pero en particular se lo agradezco para Tu lengua en mi boca.
Y en este libro estuve mucho más inquieta, me inquietaba el río, me inquietaba el derecho, leí mucho y hablé con sus abogados e híjole, tenía esta sensación de tragar saliva y decir: ¿qué va a pasar? Y en las varias visitas que hice al río nunca sentí paz, a pesar de que me sentí absolutamente fascinada y muy muy feliz y muy estimulada, era con un grado de alerta perenne, y el grado de alerta venía del río, es un río violento, es un río revuelto, es un río muy sinuoso, muy selvático, muy alejado, muy peligroso, lleno de ángulos complejos, y sin embargo, una cuenca gigante que puedes navegar y un cañón brutal, digamos las dimensiones se te vienen encima y son muy muy hermosas y muy pronto te das cuenta que tú no correspondes ahí, que eres un navegante que más te vale bajarte por allá y buscarte un sitio donde seas bienvenida porque la selva no es para ti, la selva ni está para ti para que la mires, para que la explotes, para nada, la selva es en sí misma un organismo que no te necesita ni a ti ni a nadie, entonces sí hay un grado como de violación cuando te enteras de que hubo durante tres décadas toda clase de rapiña de maderas preciosas, caoba, banac, etcétera, durante muchísimos años los lagarteros mataban animales para llevar las pieles y venderlas a 15 pesos, a 40 pesos, digamos una devastación ecológica brutal, por supuesto creada por el mercado de maderas preciosas y tucanes y guacamayas y jaguares que ahora después están en las casas de los ricos, en fin, todo esto que le han hecho a la selva es como… yo lo veo como si la selva fuera un solo cuerpo muy grande y muy complejo y le fueran quitando partecitas, entonces la selva ahí sigue, le faltan dos dedos, tiene un ojo impedido, coágulo sanguíneo, no puede respirar bien, entonces ahí sigue la selva, pero muy traqueteada porque le sacamos lo que creemos que nos toca, ¿de parte de quién?, ¿por qué?
Entonces creo que este libro lo escribo con más inquietud y el lenguaje y el tono y la forma de narrarse ojalá lo refleje, no sé si esto contesta, son como estados de ánimo, sabes, como que te acercas a ciertos textos con una sensación sobre los temas.
Ahora que aseveras que tienes una inquietud, que desde ahí quizá se escribió todo, y sin ella probablemente no hubieras podido escribir este libro, pero no hubiera sido lo mismo, pienso en cómo observas que sirve la ficción para empezar a preocuparnos, porque estamos todo el momento viviendo la vida allá afuera, como ensimismados…
Sí, sí, sí. Entiendo la pregunta. Ya sabes que no nos gusta a muchos de los que escribimos considerar que tiene ninguna pedagogía, la escritura no está para educar, por lo menos la ficción, pero sí está para crear escenarios de ficción que nos acerquen un poco más a nuestra realidad. A mí me interesa mucho escribir por eso, y no escribir, leer sobre todo, porque cuando leo encuentro en mí la capacidad de la empatía, más que con ninguna otra actividad. O sea, cuando abres un libro de ficción sabes que te están mintiendo a la cara, pero haces un pacto en el que durante la lectura vas a creer en lo que lees, no vas a estar cada página diciendo, bueno, es mentira. No, eventualmente la historia es una historia en la que estás involucrado, y le entregas horas de tu vida, y le entregas emociones, y en fin.
Si esta historia se te queda bajo la piel, tú ya cambiaste, la historia te cambió, y es esa capacidad de ser otros la que siento que nos vuelve, si no mejores, que es mucho decir, nos vuelve por lo menos seres sensibles a las realidades ajenas a las nuestras. Si no tuviéramos la ficción pensaríamos que somos el centro del universo y que todo conspira para hacerte daño, para molestarte, para que tus planes no salgan. En cambio, si tienes todas estas referencias, todos estos ejemplos, todas estas sensaciones bajo la piel, y sabes que alguien más las inventó y que tú hiciste este pacto, pero que se acercan a la realidad de este modo, al salir se te desdobla un universo muy distinto.
Y además te dan ganas de viajar, y el día que viajas no temes al musulmán, sino que más bien te acercas a él con curiosidad, y te sirve mucho más entenderlo que temerlo. En fin, eso creo que es al final lo que los libros nos dan, lo que nos da la ficción. Si educa o no, yo no me atrevo a contestar esa pregunta, pero yo sí siento que he recibido una educación mala, si quieres, pero sí me siento más entrenada para la vida gracias a buenos libros que me ha tocado leer.
Sí, porque la educación es otra cosa, ¿no? Es un poquito más…
Sí, y además el concepto de educación es bastante amplio: ¿desde dónde queremos entender que los libros nos educan? Eso le toca atenderlo a otras personas.

