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Más libros, mejor futuro

El siguiente texto es un extracto de la charla que dio el gran escritor cubano Eliseo Alberto, Lichi, en Coyoacán, poco antes de fallecer. El periodista Rubén Cortés conservaba los apuntes entre sus tesoros en papel escrito, por lo que generosamente accedió a que varias de las reflexiones del autor de Informe contra mí mismo quedarán inmortalizadas en esta casa editorial.

Muchas gracias a los organizadores de este evento; a Natalia, a Cecilia por acompañarme esta mañana.

Vamos a hablar un poco de literatura, del trabajo del escritor. Vamos a hacer lectura de fragmentos de mi libro; ojalá que sea como una conversación entre todos, que nos permita, en primer lugar, pasarla bien. De eso se trata, pasar una bonita mañana juntos hablando de literatura y de libros. 
  
Yo tengo la inmensa suerte de haber nacido en una familia muy particular. Nací en La Habana hace muchos años —no voy a decir cuántos— en una familia de verdad, muy divertida. Habían poetas, muchos músicos, y había un ala de la familia, —que es la que yo prefiero— que eran hombres y mujeres del circo; eran malabaristas, acróbatas y músicos de esas pequeñas bandas que acompañan a los circos.
  
De esa rama de locos me gusta descender, por eso quiero dedicarle esta lectura de esta mañana a una de esas tías maromeras que se llamó Ursicinia. Ursicinia era de origen guatemalteco, chaparrita, y fue la primera mujer, la primera trapecista que se atrevió a dar un triple salto mortal sin malla de protección. 
  
Mi madre siendo una niña tuvo la oportunidad de estar presente en esa única y última función de la tía Ursicinia, porque hay que decir que la tía Ursicinia se descacharró en el salto, y creo que no le quedó una falange sana. Nunca más pudo hacer el trapecio. Nunca más pudo hacer casi nada la tía Ursicinia. 

Como diría Tito Monterroso, prometo ser breve.

Sólo una reflexión sobre el tema de la lectura. Yo pienso que lo importante de la lectura es que nos ofrece la invaluable oportunidad de ser creadores, no consumidores. 
  
La lectura es un proceso absoluto en el arte creativo. Cada lectura es diferente. Cuando leemos «muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el Coronel Aureliano Buendía habría de recordar la tarde en que su padre lo llevó a conocer el hielo», pensamos en el inicio de Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez. 
  
Pero yo me pregunto ¿cómo era el pelotón de fusilamiento? ¿Cómo era el coronel Aureliano Buendía? ¿Por qué lo estaban fusilando contra un palo, contra un muro, el muro de piedra de un convento? ¿Un cuartel? ¿Cómo era la tarde de su derrota: nublada, luminosa? 

Lo único en que coincidimos todos los lectores de este extraordinario comienzo de la obra es que el hielo era frío; lo demás no. Por eso, cada lectura es una reinvención de la novela, de alguna novela, de alguna lectura. Son muchos escritores en la propia escritura. 
  
Agradezco la invitación para estar aquí participando en el inicio de este nuevo refuerzo, que ojalá sea para bien. Muchas gracias.

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