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Pingüino en alta mar: La historia de los aviones (I)

He pensado en diferentes maneras de empezar esto. Pensar. Pensar. Y volver a pensar hasta quedarme hueco. Sin palabras. En un inicio quise narrar otro hecho. Pero la vida -hoy- inconexa no da tregua. Por eso, tecleo en mi móvil desde un avión. Estoy regresando de Bilbao. Ocho de la tarde. Cinco días de vacaciones con mi hermano. Y en Barcelona, sin embargo, todo cambió. Antes de marcharme abracé a una mujer, le dije, te quiero, te echaré de menos. Nada diferente de lo que dicen los enamorados. Socorro, digamos que así se llama, se va de la misma manera en que la conocí. Hace más de dos meses, horas antes de verla, estaba volando de Granada a Barcelona. Hoy, lo mismo. Nuestra relación parece estar sujeta por las acrobacias de los aviones. Abajo la figura hermosa de la vida nos embarga. Socorro es madre, y amar a una mujer que es madre implica un amor muy distinto. Un amor bifurcado, paciente, hecho de otros materiales.

Han pasado doce días. Mi madre regresa a Perú después de un largo tiempo. Un viaje corto. Y la historia de los aviones como las lluvias me persiguen, o soy yo quien vive con ellas y les doy otro significado. Hasta los veintiséis años subí a un avión y hasta los veinte o quizás unos años antes, no disfruté mi primera lluvia caminando en una ciudad. Perdido y mojado. Una suerte de hechizo que ahora se unió. Llueve y quien me dio la vida está en un avión. Aunque todos los días salen aviones en otras partes del mundo y lo mismo ocurre con la lluvia. Es lunes por la madrugada. Ya no son doce, sino trece días. El próximo sábado regreso al trabajo. Socorro, digamos que así se llama, sigue en mi vida. Incluso después de aquellas ocasiones en donde todo se nos torció, aún seguimos juntos. Siempre nos decimos, -hemos vivido en tres meses, lo que muchos viven en un año.- Mientras tanto, ella me pide ir más despacio, y yo le pregunto ¿qué soy en tu vida?, y ella responde -vamos viendo-. Y para mí esas palabras son indescifrables, pertenecen a otro idioma, al que solo tiene acceso Socorro. Recuerdo una conversación, una de las tantas que hemos tenido durante tres meses; sentados esperando un bus, ella decía que hacer el amor, eso a lo que muchos quieren llegar, es como bailar en el aire, siempre y cuando la condición sea mutua.

Y ahora pienso en ella, en sus ojos, en su pelo negro, y ha dejado de llover. Bon dia, Bona nit.

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