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Susan Sontag y la realidad de las instantáneas

Paseando me encontré con una fotografía que creía la instantánea perfecta. Ese momento recogía la doble moral de estas fiestas navideñas. Os describiré la imagen —puedo hacerlo porque ya no se encuentran allí, de hecho llevo un par de días pasando por el mismo sitio y no los he vuelto a ver. Seguiré investigando—: en las puertas del mercado de abastos habían dos personas sin hogar durmiendo y en la fachada del edificio se podía leer bien en grande e iluminado –pues ya era de noche, cosas del invierno que anochece antes- “felices fiestas”. Una instantánea, a mi parecer en ese momento, cargada de denuncia social. Después estuve un tiempo divagando si publicarla o no. Pregunté a un amigo de confianza y estuvimos hablando de no quedarnos solo con la imagen sino de profundizar. Incluso después, meditando, recordé un fragmento del libro Hijos del Nilo, de Xavier Aldekoa, de cuando llegó a Yuba, la capital de Sudán del Sur: «Miraba por la ventana de aquel avión y me estremecía la idea de explicarlo mal, de refugiarme en el horror y escribir solo las lágrimas pero no qué las provoca. Esa traición más cercana a la pornografía de la miseria que al esfuerzo de contar la realidad». 

Aquí me encontraba en este punto con esta situación sobre mostrar lo que estaba ocurriendo y profundizar sobre el tema para no quedarme con la imagen, a mi parecer, morbosa. Entonces, divagando mucho sobre cómo enfrentar el problema, decidí recurrir a mí bodhisattava personal, Susan Sontag. Nacida en Nueva York, fue una conocida escritora, filósofa, guionista, cineasta, novelista, profesora e, incluso, podría decir periodista. Tenía entre mis manos dos ensayos de Sontag: Sobre la fotografía y Ante el dolor de los demás. El primero es una recopilación de diferentes ensayos de los años setenta. Aunque hayan pasado casi unos cincuenta años, hay temas que se tienen que seguir debatiendo y sacando a la palestra para seguir debatiendo y mostrando nuevas realidades. El segundo libro, sobre el que profundizaré un poco más en este artículo, aborda aspectos como la influencia sobre la opinión pública y la violencia que se visualizan en las fotografías.

En Ante el dolor de los demás, Susan Sontag quiere explicar que la fotografía es el instrumento para mostrar el horror, haciendo una comparación con su anterior ensayo en el cual explicaba que la repetición de las imágenes acabarían por mermar la sensibilidad del espectador y/o espectadora. Sin embargo, en una nueva redefinición, Sontag nos habla sobre denunciar siempre que podamos todas las veces que se produzcan violaciones a los derechos humanos. 

Relacionando con lo que planteo al principio quisiera destacar un fragmento donde Sontag afirma: «Exhibir a los muertos es lo que, al fin y al cabo, hace el enemigo (…) Cuanto más remoto y exótico el lugar, tanto más estamos expuestos a ver frontal y plenamente a los muertos y moribundos». Esto me hace replantearme que desde el distanciamiento los medios de comunicación también existe un distanciamiento emocional. Voy más allá, no hablo de lejanía por diferentes países, sino de clase social. Y no es otra que la aporafobia, el rechazo al pobre. Me gustaría pensar y considero que los periodistas y las periodistas queremos retratar la realidad para denunciar y que quede en la agenda setting de los medios.   

De este libro y también entre mis pensamientos me quedo reflexionado acerca de la memoria. No se puede entender el presente sin conocer el pasado. Incluso las instantáneas o los cuadros, como puede ser el ejemplo claro —que se expone en el propio libro— acerca de Goya. Son imágenes que nos pueden ayudar a entender y ser testigos de lo que ocurrió. Por ese motivo, los museos tienen esa capacidad de denuncia social, aunque como expone Sontag la política siempre está presente; entonces, ¿por qué en Estados Unidos no hay un museo sobre la esclavitud? Sería una buena medida para que los y las estadounidenses observaran la realidad de su pasado, que se debe reconocer y recordar. 

Siempre seré una abanderada del periodismo de calidad o slow journalism —para parecer un poco intelectual. Hay que ser conscientes de la realidad que nos rodea, no dar un paso atrás y seguir denunciando, pero no nos quedemos en la imagen y salgamos a investigar donde falla el sistema. No nos quedemos en la indiferencia cuando ocurre algo, ya sea en tu barrio o a mil kilómetros de tu país. Entiendo que no podemos estar pendientes de todo, pero no podemos estar ajenos a lo que ocurre en un mundo globalizado. Hay que seguir buscando el equilibrio. 

En definitiva: gracias, Susan Sontag.

Por Alba Otero

Periodista. Observar, escuchar y reflexionar, mi mantra periodístico.

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