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El cine de Gaspar Noé: un trepidante viaje multisensorial (II)

Surrealista, psicodélica, experimental e inquietante. Enter the void (2009) podría ser la obra maestra de Gaspar Noé, el trepidante viaje multisensorial que exhibe cómo el ser humano nace y muere con miedo.

El cortometraje Sodomites (1998), de Gaspar Noé, fue filmado en asociación con el Ministerio Francés de la Salud, con motivo de la lucha contra el SIDA. Se trata de un corto con contenido explícito sin diálogos de 7 minutos de metraje, con toda la sordidez característica del cineasta. Una especie de minotauro aparece rodeado de muchos hombres y mujeres vestidos de cuero para sodomizar a una joven que espera tranquila el sexo bestial. 

Las apariciones especiales de la estrella del porno Coralie Trinh Thi (guionista y codirectora de la película Baise-moi (2000) junto con la otra leyenda, Virginie Despentes), Marc Barrow, Pamella Castel Amor y el cameo de Philippe Nahon (el carnicero de Solo contra todos y Carne), se conjuntan para incentivar el uso del condón y otros juguetes sexuales.

El montaje vertiginoso y la manipulación del tiempo, junto con el uso del plano cenital, convierten Sodomites en un trabajo identificable del estilo de Noé. Propaganda subliminal con contenido violento en donde al final, hay una ovación que celebra al sexo no como una forma de perversión, sino como una experiencia erótica que puede vivirse de forma responsable. 

Los videos musicales Bone Fiction: Insanely Cheerful (1998) y Arielle Burgelin: Je suis si mince (1999) serían los siguientes trabajos del cineasta. Un par de años después, llegaría su película más conocida, más exitosa comercialmente y también sumamente polémica: Irreversible (2002). El segundo largometraje de Noé es un viaje que merece hacerse por lo menos una vez. Un ejercicio necesario para entender la forma en que el tiempo destruye implacable y la naturaleza del ser humano es regida por un azar aterrador. 

La estructura del filme del director Gaspar Noé es desafiante y es una razón más para aceptar la odisea: doce planos secuencia presentados de forma narrativamente inversa, comenzando con los créditos finales y terminando en el arranque de la trama. En orden cronológico, la idea no es tan compleja: Alex (Monica Bellucci) y Marcus (Vincent Cassel) son una joven pareja francesa que despiertan una mañana muy enamorados y ella se entera ahí que está embarazada; ambos acuden a una fiesta con su amigo Pierre (Albert Dupontel), donde después de una discusión, Alex decide regresar a casa sola. En un sórdido túnel de las calles parisinas, la joven será salvajemente violada y dejada en coma por un sádico proxeneta conocido como La Tenia (Jo Prestia). 

Lo que sigue es la búsqueda del criminal por parte de Marcus y Pierre para cobrar venganza, descendiendo al infierno mismo del sexo y la ferocidad del club homosexual sadomasoquista Rectum. Todo sale mal: crimen sin castigo, muerte y bestialidad imprudente supurando. Los mejores momentos de Irreversible no son los que cargan con su célebre violencia excesiva, lo relevante está en cada reflexión filosófica sobre el tiempo, junto con una visión humanista y emocional de lo frágil de la existencia y lo aterrador de las consecuencias de cada decisión elegida. 

Gaspar Noé decide iniciar con oscuridad, violencia e incertidumbre, para terminar con una luminosidad que destella en un pasto verde, niños corriendo y aspersor de agua como símbolos de vida que comienza, mientras de fondo suena la Symphony No.7 in A major op.92, Allegretto de Beethoven. Las premoniciones en nada cambian el destino de los personajes, quienes deambulan confiados a la tragedia sin saberlo. Irreversible es una película para verse una sola vez, su crueldad gráfica complica un segundo acercamiento. No obstante, la honestidad del cineasta franco-argentino brota como un reflejo estremecedor de la agresiva e inestable condición humana.

Irreversible escandalizó en Cannes, donde aspiró a la Palma de Oro, mientras que la Asociación de Críticos de Boston la nominó en las categorías de Mejor película en habla no inglesa y mejor fotografía, para el belga Benoît Debie y el propio Gaspar Noé. El director había mencionado que en su primer largometraje, Solo contra todos, había estado muy estático por el peso y el formato de la cámara; sin embargo, en Irreversible se dio vuelo moviendo la cámara a su antojo, en planos imposibles y angulaciones aberrantes, consiguiendo un efecto aterrador de desconcierto. La banda sonora montada por Thomas Bangalter (miembro de Daft Punk) y el montaje ejecutado por Noé, equilibran un filme de culto que en su pesimismo desarrolla una belleza inexplicable.

Irreversible (2002, Gaspar Noé).

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Tras el éxito de Irreversible, Gaspar Noé dedicó una temporada a la filmación de cortos y videos: Intoxication (2002), con duración de 5 minutos, donde un adicto se confiesa en primer plano; la música de Thomas Bangalter: Stress y Outrage (2002) y Placebo: Protége-Moi (2003); Eva (2005), experimento de 6 minutos donde la modelo Eva Herzigova explota su sexualidad en mundos oníricos con estrobo, planos cenitales y literalmente, el universo al revés.

Destricted (2006), con el segmento We Fuck Alone, donde Gaspar Noé en 24 minutos, vuelve al contenido explícito mostrando a una pareja masturbándose en espacios diferentes, viendo la misma película porno. Nuevamente el cineasta provoca con mensajes de advertencia sobre la violencia del sexo que vendrá. La cámara inestable que gira, junto al efecto estrobo, se acompaña de un latido que permanece en el audio. Destricted es un ejercicio de cortos que cuenta con trabajos también de Larry Clark, Marilyn Minter, Marina Abramovic y Sam Taylor-Johnson.

Noé participó en 8 (2008) con el segmento SIDA, un corto de 18 minutos donde un hombre negro se presenta en primer plano, mientras su voz en off describe las tribulaciones de su enfermedad, el síndrome de inmunodeficiencia adquirida. Se trata de un ejercicio deprimente, que abre la herida de uno de los tantos problemas que azotan al orbe. La película colectiva, que busca provocar reflexión sobre el progreso y los retos de la humanidad, incluye también cortos de Jane Campion, Gus Van Sant, Wim Wenders, Mira Nair y Gael García Bernal.

Surrealista, psicodélica, experimental e inquietante. Enter the void (2009) podría ser la obra maestra de Gaspar Noé, el trepidante viaje multisensorial que exhibe cómo el ser humano nace y muere con miedo. Dos saltos al vacío, al nacer y al morir, donde la naturaleza humana debe lanzarse a lo desconocido, sin saber qué encontrará en esas dimensiones. Si Kubrick buscaba responder a los misterios de la existencia con su 2001: odisea del espacio (1968), Noé intenta con Enter the void contestar a una de las preguntas más básicas que atormentan al hombre: ¿qué hay después de la muerte? La experiencia que representa el filme desde luego no es para todos, algunos la amarán desde el primer encuadre; otros huirán horrorizados (y probablemente, mareados).

Oscar (Nathaniel Brown) y su hermana Linda (Paz de la Huerta) pasan los días en el fluorescente Tokio; ella es bailarina exótica y él, un pequeño traficante de drogas. Un evento inesperado provoca que una noche algo salga mal, y Oscar reciba un balazo por parte de la policía en un sórdido baño. Su cuerpo muere, pero su espíritu permanece deambulando por las calles de Tokio y algunos lugares donde ocurrieron eventos traumáticos, desafiando el tiempo y espacio. Oscar se niega a abandonar a su hermana mientras su perspectiva se va envolviendo cada vez más entre el caos y el vacío, en un bucle infinito.

Este caleidoscopio psicodélico es filmado con una cámara subjetiva que muestra todo lo que Oscar observa, desde la vida y desde la muerte. El uso del plano cenital y los largos planos secuencia que van de la oscuridad al color brillante, dan la sensación de viajar por un Tokio surreal, bajo el efecto de alguna droga alucinógena, al tiempo que se discute sobre la filosofía de la vida, el libro tibetano de los muertos, el sexo y el tiempo. Enter the void resulta una película voyerista que se regodea escudriñando entre el presente y el pasado; el mensaje sobre morir es aterrador: la muerte no es el inicio de otra cosa, se permanece en los mismos lugares.

The void es el bar donde cae muerto el protagonista. El vacío que todo lo succiona. La secuencia de la muerte de Oscar se funde a negros para después mostrar al alma separada del cuerpo por medio de la perspectiva cenital, un punto de vista divino y privilegiado desde el cual Oscar puede ver eventos del pasado, acciones del presente y consecuencias de sus acciones. La cámara flotante de Benoît Debie descubre una infancia feliz para Oscar y Linda, hasta la trágica muerte de sus padres en un accidente. Hay una promesa de estar juntos y cuidarse siempre, misma que se rompe cuando los hermanos son separados. El reencuentro será en el fluorescente Tokio, donde la realidad los oprime en empleos insólitos; el destino será marcado por sus actos y las personas con las que se relacionan, mientras los celos y las drogas duras van inundando poco a poco su mundo.

Poco después de la mitad del metraje, Enter the void regresa al momento de la muerte de Oscar, para de ahí seguir atravesando su nueva realidad inquietante. Sabremos que fue entregado a la policía por acostarse con la madre de su amigo y que su hermana tuvo un aborto; sueños, realidad y muerte se entrelazan en un viaje psicodélico en el tiempo y espacio manejado de forma caprichosa. Oscar es testigo de las consecuencias de sus acciones y su impotencia de actuar en un mundo en el que él ya no existe es latente. La posición fetal de los hermanos, de forma paralela, es un triste reflejo de los seres incompletos que son ahora: uno desde la vida y el otro desde la muerte.

Los planos imposibles se Gaspar Noé se vuelven inolvidables. Es posible viajar desde el interior de una herida hasta los tiempos de la felicidad infantil, donde nada preocupa, todo se disfruta. Se vuela por las calles de Tokio hasta el interior de un avión en el que un bebé de nombre Oscar viaja con sus padres. Es posible adentrarse en el turbador Hotel Love para observar a decenas de parejas teniendo sexo de mil formas, enarbolando la sexualidad como la fuerza más poderosa del universo. La unión de los cuerpos emana un pulsante brillo que promete explotar, en nueva vida. Enter the void termina con la violencia del nacimiento de un bebé: el primer trauma, el miedo más arcaico del ser humano. Para entonces, el alucine absoluto se ha consumido más de 150 minutos, argumentando que los eventos traumáticos nos marcan desde que llegamos al mundo; sin embargo, resulta todavía más angustiante plantear que el miedo, no termina con la muerte. 

Enter The Void (2009, Gaspar Noé).

Cuando Gaspar Noé contaba con poco más de 20 años, reflexionaba continuamente sobre la existencia, el tiempo y la muerte. En algún momento de ese periodo, tomó hongos alucinógenos y se encontró con el filme Lady in the Lake (1946), de Robert Montgomery, un ejercicio de misterio e infidelidad. La experiencia lo estimulo a pensar que si algún día podía filmar algo sobre la muerte, lo haría como en la cinta de Montgomery, desde la perspectiva en primera persona, con un plano subjetivo. Después de más de 10 años retocando un guion que pasó por posibles locaciones en París y Nueva York, Noé intentó levantar Enter the void a principios del año 2000, pero el proyecto era rechazado por considerarse demasiado caro y ambicioso.

Unos años más tarde y gracias al éxito comercial de Irreversible, se consiguió una coproducción encabezada por la compañía Fidélité Fims y la financiación de Wild Bunch, con un presupuesto de € 12 380 000, eligiendo Tokio como locación definitiva tras encontrar ahí el aspecto alucinógeno requerido. El rodaje arrancó el 19 de octubre de 2007 en Japón; durante tres meses, el equipo filmó en los Estudios Toho y las calles de Tokio, para después rodar cuatro semanas en Montreal, en los formatos Super 35 y 16 mm, con cámaras Arricam LT y Aaton Digital XTR. Gaspar Noé y Benoît Debie compartieron el manejo de la cámara, utilizando complejas técnicas de iluminación neón que van de tonos naranja al violeta, mostrando así el estado emocional de los personajes. 

Si el guion de Irreversible era de tan solo siete páginas, el de Enter the void contaba con más de 120 cuartillas. No obstante, muy pocos diálogos fueron escritos, pidiendo el cineasta a los actores improvisar sus líneas, lo que repercutió en la frescura de las reflexiones sobre el miedo y la muerte, el amor y las dudas existenciales. Para poder representar de forma acertada las secuencias de alucinación, Gaspar Noé recopiló experiencias de gente con la muerte y busco recrear los efectos de la droga DMT. El poderoso crew del filme, se complementó también con la música y efectos de sonido del integrante de Daft Punk, Thomas Bangalter, y de la leyenda francesa Marc Caro, que se desempeñó como diseñador de escenarios. Caro es célebre por sus trabajos junto a Jean-Pierre Jeunet, como La ciudad de los niños perdidos (1995) y Delicatessen (1991).

Este ensayo visual, que vuelve a retomar los temas favoritos del autor (el tiempo, el vacío, la violencia y el caos), se vuelve una experiencia extracorporal cuando el alma abandona el cuerpo del protagonista y la sensación es entre sentirse muerto o bien, intoxicado. El cine experimental y las drogas psicodélicas se fusionan para transmitir el desconcierto de Oscar, que al principio no entiende su nueva dimensión. Gaspar Noé tuvo que valerse de un cast atípico, combinación de novatos y profesionales; así, a Paz de la Huerta la encontró en una audición en la ciudad de Nueva York, descubriendo en ella a una actriz desinhibida capaz de darlo todo por la emoción de adentrarse en un filme tan complejo. Nathaniel Brown, un aspirante a cineasta, fue reclutado para el papel de Oscar por el parecido con Paz de la Huerta, pues era preciso que en pantalla parecieran hermanos. El actor aparece casi siempre filmado desde atrás, pero eso no fue impedimento para que Brown disfrutara el viaje al vacío, compartiendo el set con Noé y aprendiendo de él.

Con un estreno en el Festival de Cannes el 22 de mayo de 2009, Enter the void participó en la competencia oficial del certamen con una versión de 163 minutos. Sobre esto, dice el director: “La película fue como un bebé de tres meses. Lo saqué de mi vientre para mostrarlo, halagado por la invitación Thierry Frémaux, pero todavía estaba en gestación. Así que lo tuve que poner de nuevo en mi vientre, es decir, para ajustar muchos detalles”. En septiembre de 2009, el filme tuvo proyección en el Festival International de Toronto, con un metraje de 155 minutos. El 5 de mayo de 2010, la película llegó a las salas de Francia y el 17 de septiembre del mismo año a cines de Estados Unidos. Con un triste fracaso en taquilla y fiel a su costumbre, Gaspar Noé dividió opiniones: para unos Enter the void resultaba visionaria y atrevida; para otros, pretensiosa y aburrida.

En el 42 Festival Internacional de Cinema de Catalunya – Sitges 2009, Enter the void ganó el Premio especial del jurado y el galardón a Mejor fotografía para Benoît Debie. La obra más ambiciosa de Gaspar Noé se proyecta como un caleidoscopio repulsivo y surrealista que tiene lo mejor de su autor: ritmo trepidante, pop electrónico y música experimental, colores vibrantes, sexo explícito, eternos planos secuencia, encuadres rebeldes y fundidos a negros como parpadeos. Pero sobre todo, continúa el pesimismo sobre la violencia y el caos que corrompen a la condición humana; el tiempo y el vacío, como verdugos implacables de una destrucción que debe soportarse. Después de revisar Enter the void es posible ver en la realidad un universo más brillante, pues una vez que se ha estado en el vacío y se experimenta la muerte, se sabe que nada puede ser más oscuro. Tras esa oscuridad, no queda nada. 

Por Armando Navarro Rodríguez

Periodista. Cinéfilo y lector empedernido. Escribe sobre cine, arte y literatura.

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