Categorías
Libros

Lecturas de agosto (V)

El enésimo regodeo autorreferencial del genial Emmanuel Carrére y la historia intelectual y sentimental del diario El País, bajo la mirada de Javier Cercas, comandan las recomendaciones de libros propuestas por la redacción purgante para despedir agosto.

Koljós; Emmanuel Carrére

No planeo incurrir en faltas: prefiero establecerme incapaz, desde ahora, de elaborar una intrincada, reflexiva y -sobre todo- objetiva reseña de Koljós, de Emmanuel Carrére. Acudí al libro necesitado de una lectura de viaje, de playa; el año anterior me había llevado al mar Nuestra parte de noche, de Mariana Enríquez y todavía busco emular, como quien vuelve a donde fue feliz, las veces que me llevé Cuatro amigos, de David Trueba, o Fiesta en la madriguera, de Juan Pablo Villalobos. Bastaba con leer tres líneas de la contraportada para delimitar mi decisión como un verdadero despropósito. Koljós es difícil al principio. Me cuesta, incluso, venir a vender su trama: uno de los escritores más autorreferentes, bipolar consumado y problemático amigo/hijo/artista/pareja/etcétera. Carrére es uno de esos con los que varios parecen ya haberse rendido. Yo estuve cerca de rendirme, sobre todo en sus primeras cien páginas. El autor comenta que hace poco murieron sus padres: la multirreconocida, galardonada y respetada académica Héléne Carrere d’Encausse y el desvencijado y ensimismado Louis Carrére. El libro es una suerte de estudio sobre el pasado de ambos: ella, de historia apasionante, herencia georgiana, enamorada de la cultura rusa; él, un hombre que parece haber sacrificado su pasado eliminando cualquier rastro en pos de indagar en las raíces de su esposa. Louis Carrére cedió el apellido… y todo lo demás. Se desdibujó en vida, diría yo. Carrére aborda todo esto, cómo no, realizando también un estudio y análisis sobre sí mismo y su carrera literaria. Escribió para sorprender a su madre: para competir y para desmarcarse de ella. La traicionó escribiendo, también, relatando en un libro la historia de su abuelo. Carrére aborda la manoseadísima -no por ello menos interesante- pregunta: ¿dónde están los límites de la autoficción? ¿Hasta qué punto me pertenece una historia? Las últimas cien páginas constituyen una experiencia demoledora. ¿Dónde se aloja la pérdida cuando la vida de alguien poco a poco se consume? El hombre que dijo hace tiempo no ver diferencia alguna entre su trabajo como periodista y su vocación de escritor volvió a aventarse un tabique extraordinario. Al final, creo, es como las buenas películas: ya no te importa en lo más mínimo qué dice, sino cómo lo dice.

El periódico de la democracia; Javier Cercas

El País dejó de imprimirse en México, en su versión española, el 31 de diciembre de 2019. En la portada se hablaba de la subida del IRPF a las rentas altas y la derogación de la reforma laboral por parte del PSOE y Podemos, con una fotografía en el Congreso de Diputados en la que aparecían, entre otros, Pedro Sánchez, Pablo Iglesias, Pablo Echenique y Adriana Lastra. Para mí aquello significó el fin de una época compuesta por emocionantes expediciones matinales al Sanborns de Isabel La Católica, en el Centro Histórico de la Ciudad de México, para hacerme del ejemplar del día, llevarlo bajo el brazo y sostener una falsa adicción al café. De modo que aproximarme a El periódico de la democracia, la historia intelectual, política y cultural de El País propuesta por el escritor barcelonés Javier Cercas, un asiduo colaborador del diario madrileño, entrañaba implicaciones de corte sentimental. Fundado a pocos meses de distancia de la muerte de Francisco Franco, El País se constituyó como el gran referente de la transición democrática en España. Definido por el propio Cercas como un periódico políticamente “socialdemócrata” y culturalmente “ácrata o libertario”, el medio se ha sostenido como un espacio de referencia en la vida intelectual de la España posfranquista. Su estrecha, innegable e histórica cercanía ideológica con el PSOE, el actual partido en el poder, ha mantenido bajo amenaza su relato fundacional de independencia editorial, aunque siempre ha demostrado saber imponerse a las demandas de una agenda compartida. Cercas repara en un punto de inflexión evidente en la  historia del periódico: la apuesta por el columnismo como “laboratorio o campo de maniobras literarias”. Pese a la reticencia de José Luis Cebrián, director-fundador de 1976 a 1988, el diario se consagró definitivamente al columnismo a partir de 1993, moldeando una de las nóminas más estimulantes de los medios de comunicación. Si los héroes formativos de Cercas fueron Francisco Umbral, Mario Vargas Llosa, Gabriel García Márquez y Fernando Savater, los míos fueron Juan José Millas, Manuel Vicent, Manuel Jabois y Leila Guerriero. 

Every day is to-day;Gertrude Stein

Quizá lo más increíble de Gertrude Stein es que a través de sus poemas y microrrelatos logra condensar todo el universo que le rodea. Ahora bien, podemos suponer que estos textos minimalistas son ancestros directos de las minificciones; sin embargo, su belleza reside en la permutación de un concepto y en el ritmo que esto produce. Éste, a su vez, altera la sintaxis de la lengua inglesa. No por nada “Every day is to-day: Essential Writtings” es una antología épica. Aquí podemos encontrar desde un retrato de Matisse hasta un poema como “Sacred Emily”, donde aparece la famosa sentencia de Stein: “Rose is a rose is a rose is a rose”, la cual desconfiguró ese viejo orden que emparentaba sentido y forma. De ahí que el trabajo de Francesca Wade se note en la selección que hizo de los textos, puesto que la estructura que adquiere el libro termina por mostrarnos el contexto social y político que vivió la autora. Un contexto repleto de personalidades de la talla de Picasso, Hemingway y Fitzgerald. Por último, quisiera dedicar una mención especial a “Miss Furr and Miss Skeene”, lo mismo que a “The Life of Juan Gris The Life And Death of Juan Gris”, dos textos que tienen una calidad incomparable.

Auliya; Verónica Murguía

Debido a su cojera, que es considerada de mal augurio, Auliya es una joven marginada y despreciada por su comunidad. La llegada inesperada de Abú al-Jakum, un aventurero rebosante de curiosidad que busca el mar, detonará una emocionante trama en medio del desierto, con la dualidad de la magia blanca y las sombras que acechan a los personajes, siempre resistiendo ante la adversidad del entorno. Primera novela de la escritora mexicana Verónica Murguía, Auliya (Ediciones Era, 1997) es una profunda reflexión sobre el valor de convertir la vulnerabilidad en fortaleza, donde el crecimiento personal puede llevar a una aventura inolvidable; temas universales como la pérdida, el amor y el miedo, atraviesan la historia de una heroína atípica, con la elegante prosa de Murguía recordando que la literatura fantástica es tierra fértil para la exploración de la condición humana. La estructura de Auliya condensa 21 capítulos, tan poderosos que bien pueden funcionar también como cuentos independientes, configurando finalmente una novela filosófica clásica en la que las metáforas y los simbolismos acompañan a una protagonista que no usa la fuerza para su objetivo, sino que recurre a la compasión y la perseverancia; la mejor manera de derrotar a sus enemigos será reconciliarse con ella misma, con sus defectos y virtudes, que la hacen única. Con ecos de Las mil y una noches (la estructura narrativa y la atmósfera oriental) y la literatura de Ursula K. Le Guin (privilegiando la transformación interior sobre la épica tradicional), Auliya utiliza la poesía y el viaje iniciático como elementos para trasladar al lector a un desierto que funciona como espacio ontológico y de purificación; la dialéctica del duelo como una fuente de sabiduría ante un mundo que no siempre comprende las diferencias de los seres extraordinarios. Verónica Murguía ha dicho que la novela nació directamente de un sueño que tuvo en algún momento, ambientado en un místico paisaje del desierto; la escritora y periodista confesó que al igual que su personaje principal, el libro fue escrito con paciencia y minuciosidad, con objetivos claros: mientras la entrañable Auliya consigue llegar al mar, Murguía construye una obra clave de la fantasía mexicana contemporánea. El anhelo de lo infinito, el aislamiento, la construcción de la identidad, la fascinación por Oriente y los relatos encadenados, dialogan también con ciertos motivos presentes en la obra de Borges, recuperando el espíritu de los antiguos cuentos orientales, en los que la aventura y la batalla se difuminan para mostrar lo relevante: la transformación interior y el aprendizaje de la fragilidad terrenal.