Me entrego de lleno a esta ciudad nunca mía…
[Transición en bicicleta]


Me entrego de lleno a esta ciudad nunca mía…

El sitio donde crecí es ahora habitado
por espíritus extraños.

Se ve el sol pasar entre los pequeños agujeros…

Abandonar los cafés y destruir la ciudad.

De vez en cuando, incluso,
rezo por mi.

Tú, patrona de los poetas, los músicos, me has dejado en alta mar.

Todo muere, pero las olas no.

Grazie, Diego.

Hay versos que nunca se terminan…

Aunque el carmesí brote de tu pecho, no hay profeta más verdadero que tú

Atardeceres nunca vistos se asoman hacia el colapso fílmico.

Su palpitar nubla la vista y la velocidad.

Como viejas fotos esperando a ser rescatadas del olvido.

Recuerdo haberla enviado desde un rincón gélido londinense.

Aquél viajero le arrebató todo…

Que no daría yo, por beberme a tragos, la absenta de tu dolor.

Las lágrimas dejaron de brotar…

Abro los ojos, hace siglos que no estás.

Un espesor de antaño, resbala por mi garganta.

Debajo de mis pies, lo siento; una parte nuestra sigue aquí.