Una tristeza definitiva invade mi endeble alma, así que siento que podría derrumbarme ahí mismo como una marioneta cuyos hilos son cortados repentinamente.
Azul cielo


Una tristeza definitiva invade mi endeble alma, así que siento que podría derrumbarme ahí mismo como una marioneta cuyos hilos son cortados repentinamente.

Es probable, también, que haya huido al lugar donde las historias jamás contadas residen.

La pregunta, ahora entonces, se transforma: ¿cómo quiero recordar lo que quiero recordar? ¿O es que sólo va a existir si agrego, de forma aleatoria, sustantivos y verbos o algún adverbio incauto y advenedizo a este texto?

Ahora sólo queda cuidarla, drenarla adecuadamente y esperar a que todo aquello que dije y no dije, pero escribí, pueda existir en algún sitio de tu memoria.

No queda ni rastro de nostalgia o tristeza. Ahora solamente hay un poco de esperanza, tal y como cuando nadaba de niña.

La presencia de Himmler en Catalunya estaba estrechamente relacionada con su obsesión por encontrar el Santo Grial en Montserrat.

Alejandra recorrió cada rostro como quien hace inventario antes de liquidar una tienda, con una ternura agotada.

Se pone gorra, o bloqueador en la calva si la olvida; deja su cinturón en casa; y nunca usa la playera de su equipo para evitar los insultos del fanático bravucón.

Desperté. Leo esta crónica y todo es lo mismo, todo sigue igual, excepto que yo ya no siento más.

Se encontraba ahí, en esa pasarela de formas, llevando un vestido de un color que jamás habría imaginado portar, y brillando de una forma que solo podría ser descrita —y entendida— a través de las palabras.

El día que se fue, la acompañó hasta la estación de tren. Cuando ella estaba a punto de subirse al tren, le regaló un beso en la comisura del labio. Y se fue.

Hablar —escribir— se ha vuelto una paradoja cruel: decirlo todo y, al mismo tiempo, no poder decir nada.

Repasaba los eventos del día, de los días. No podía estar perdiendo la cabeza. Todo debía tener un significado que yo aún no terminaba de entender

Colgaba del perchero la mochila donde guardaba las cartas que debía entregar, miraba la televisión con desidia y abría un libro en la misma página, para leer el mismo párrafo.

Ha sido un año para descubrir al mejor jugador del mundo y, también, para descubrir la confianza y la paz que se pueden alcanzar en pareja.

Luego vio la tierra seca y las plantas muertas que yacían en las macetas. Al final, vio hacia al fondo y notó que ya había moscas en la habitación.

Nadie a la redonda más que el suspiro de la ciudad. Mido el ritmo de mi respiración para calibrar mis angustias

El Starbucks de Polanco olía a café caro y pretensión. Luis llegó con tatuajes —pequeñas constelaciones en su muñeca izquierda— que eran lo único que delataba al muchacho que fue.

El infierno es una fiesta con derecho reservado: dichosos lo que han sufrido porque de ellos será el pecaminoso reino de los subterráneos.

Me despierto por la noche y me desvelo recordándola. Pero me pasa que tiendo a recordar siempre las mismas cosas. Eduardo Sacheri; La pregunta de sus ojos La obscuridad de tu bolso. Tus huellas dactilares. Las líneas de grafito. El doblez en las esquinas. La luz del habitáculo. El aroma del café. El sonido de […]