Aunque el carmesí brote de tu pecho, no hay profeta más verdadero que tú
[Cuando suenen las trompetas]


Aunque el carmesí brote de tu pecho, no hay profeta más verdadero que tú

Transcribo palabras, gestos, la adaptación tangible de sus vidas.

Yo la ofrenda la llevo por dentro…

No comprendo nada en ti, y eso me hace dichosa.

Un éxodo fúnebre de bondad sustraída.

Palpo fantasmas de emociones que se agazapan en las cortinas.

Atardeceres nunca vistos se asoman hacia el colapso fílmico.

No hay suelo sobre el cual se pose nuestra sangre.

El dolor se viste de negro, la ciudad tiembla esta noche.

Hay en mí poemas que el mundo no puede sostener.

Hablas del pasado con lágrimas en los ojos y te fundes con la humedad de la playa vacía.

Su palpitar nubla la vista y la velocidad.

Saberme vivo sin saber la cura…

Tu vehemencia por redactar una prosa más, hacía al mundo cuestionarse ideologías establecidas.

Como viejas fotos esperando a ser rescatadas del olvido.

La luz se enteró de algo ese día…

Aquí no hay quien las vislumbre.

Devuélveme el recuerdo de aquel paisaje…

Eres música para camaleones, polvo de diamantes.

Anuncio apabullante y decadente, de hecatombe.