Antes de irnos de la cabaña, se detuvo frente a un espejo para atusarse el bigote estilo Emiliano Zapata, que se dejaba crecer para actuar en la película. Acabó de acicalarse y dijo: “A que soy guapo, amigo”. Y soltó una carcajada gloriosa.
El gallo de Alejandro Fernández




















