Cinefilia, autoficción, folk horror, periodismo narrativo y relatos espiritistas se entremezclan en las lecturas propuestas por la redacción purgante.
Un cinéfilo en el Vaticano; Román Gubern
Cuando el teórico e historiador Román Gubern reflexiona sobre los motivos que lo han obligado a llevar una vida viajera, repara, más que en la búsqueda de una patria, en la pulsión de huir de sí mismo y al anhelo de encontrar un paraíso perdido. A sus 91 años, Gubern confiesa haber alcanzado la madurez de la vida adulta, escoltado por sitios como Hollywood y Venecia, destinos que él llama los más irreales del mundo. En Un cinéfilo en el Vaticano (2020, Anagrama), el también profesor de historia del cine despliega el conocimiento enciclopédico para registrar la crónica de su experiencia colaborando con la Santa Sede, cuando el sacerdote Enrique Planas, director de la Filmoteca Vaticana, lo invitó en 1994 a participar en una comisión internacional para celebrar los 100 años del cine, que en el fondo cargaba con un objetivo necesario: la reconciliación de la iglesia católica con el séptimo arte. El libro brilla en los momentos donde Román Gubern analiza las complejas relaciones de la fe y las películas, además de hacer un breve pero certero recuento de la presencia de Jesucristo en el celuloide. El autor español profundiza en el acceso limitado que tuvo al acervo del Vaticano y la censura al cine de propaganda antirreligiosa soviético de la era de Lenin, al cual no se le permitió acceder; describe la insólita sala de cine del Papa, con 50 butacas y la máxima tecnología del momento. Pero lo que más deslumbra es la controversial lista de las 45 cintas elegidas por el Vaticano, destacadas por sus valores morales, religiosos y artísticos: aparecen joyas como Andéi Rubliov (Andrei Tarkovsky, 1966), Ladrón de bicicletas (Vittorio De Sica, 1948) y 2001: Odisea del espacio (Stanley Kubrick, 1968); las subversivas El evangelio según San Mateo (Pier Paolo Pasolini, 1964), Nazarín (Luis Buñuel, 1959), y El decálogo (Krzysztof Kieślowski, 1989); las impensables Cuentos de la luna pálida (Kenji Mizoguchi, 1953), El séptimo sello (Ingmar Bergman, 1957) o Fantasía (Walt Disney, 1940). Agnóstico e intelectual de izquierda, Román Gubern no se detiene y, con humor e ironía, recuerda los instantes dentro de la Santa Sede, sin dejar de meditar sobre su propia existencia: el reencuentro en la vida adulta con la literatura de Perrault y Chamisso lo lleva a verse ahora como en un final de película hollywoodense. Sí, el autor de libros tan medulares como Historia del cine (Anagrama, 2014) o La imagen pornográfica y otras perversiones ópticas (Akal,1989) se relaja y desdobla en Un cinéfilo en el Vaticano una prosa apacible, pero, sobre todo, reflexiva.
Brat; Gabriel Smith
Brat (cuyo título guarda también una escena humorística en el anecdotario del libro, y que ya nos va revelando la capacidad satírica del autor) es una novela de autoficción escrita como un ciclo entre inicio y final. El enfant terrible Gabriel tiene un par de deberes en la vida: trabajar en un manuscrito, del que la editorial ya le ha pagado un adelanto, y limpiar y ordenar la casa de sus padres tras el fallecimiento de su padre (y que nos trae ecos de La invención de la soledad de Auster). El estado anímico y psicológico del joven no pasa por su mejor momento, además del luto paterno. Y para terminar de perpetuar su apatía, todo parece indicar que su novia lo ha abandonado. La estadía del protagonista comienza un fantasmagórico curso mientras habita la casa y hace de todo, menos escribir ni ordenar. Entonces la novela comienza su concepto metaliterario: Gabriel va encontrando manuscritos que se alojan la casa como memorias enquistadas; sin embargo, las páginas cambian su contenido cuando las relee con el paso de los días, pertenecen a escritos de su padre, madre (quien ha perdido la cordura y se “hospeda” en un asilo con tintes de psiquiátrico) y exnovia, todos también escritores como él. A la extrañeza de la mutación de dichos textos, se van sumando apariciones y ruidos extraños en la casa, un constante sentimiento de acecho y visiones en las que su propia piel se cae a pedazos. La realidad de Gabriel se comienza a confundir peligrosamente con las ficciones que lee. Y justo ahí es cuando aparece el tratamiento más humano del autor consigo mismo: un relato conmovedor sobre las relaciones familiares, el poder absoluto de lo fraternal y la transición de la adolescencia a la adultez de la manera más abrupta posible: la muerte de nuestros padres. La sencillez de la prosa es acierto total para acercarnos a sus personajes. Porque este Holden Caulfield (de El guardián entre el centeno) británico del siglo XXI aguarda dentro de su espíritu algo con lo que es difícil no identificarnos.
Loba; Bibiana Camacho
Es interesante cómo esta novela se desenvuelve entre la denuncia social y el ‘folk horror’. Situación que, sin duda, pocas veces se ve en la literatura mexicana (actual). Y es que Bibiana Camacho navega con soltura entre las descripciones de un México asolado por la violencia y las desapariciones forzadas, ya sea en lo profundo de la provincia o en el bullicio de la capital. Además, tanto el personaje de Berenice como el de Felicia sirven como la premisa de un discurso que cuestiona y crítica a la élite académica y el terror cotidiano adquieren tintes sobrenaturales.
Física de la tristeza; Gueorgui Gospodínov
“La tristeza, al igual que los gases y los vapores, no tiene un volumen y una forma propios sino que adopta la forma y el volumen del recipiente o el espacio que habita”. Entrar al laberinto. Encontrar al minotauro. Gueorgui Gospodínov nos lleva a través de su propio laberinto con la finalidad de encontrar y redimir a su propio minotauro. Sin necesidad de estar atado a un hilo se adentra en un mundo –varios, muchos mundos– que abarca la memoria, la melancolía, Bulgaria y su familia de forma muy afilada y filosófica. Hablar (escribir) de forma no lineal nos abre una cantidad de caminos por recorrer a un mismo tiempo. Gospodinov nos sitúa en un desfile por el que circulan Sócrates, Ovidio, Eliot, Borges, el Nuevo Realismo francés. Pero también pintores olvidados, poetas olvidados, «almas abandonadas». Ver (catalogar) a Física de la tristeza como una novela es salir del laberinto tan pronto como se ingresó. Hay que adentrarse para encontrarse.
Sostener la nota; David Remnick
No resulta sencillo enlistar las múltiples conquistas de la británica Tina Brown, la dama de hierro del periodismo tradicional. La mayoría suele reparar en la salvaje revolución editorial que impulsó en Vanity Fair. Algunos en su inestimable virtud como biógrafa de cabecera de Lady Di. Y otros, evidentemente, en su complicidad intelectual con Susan Sontag; que, a su vez, derivó en convertir a Annie Leibovitz en la fotógrafa más cotizada del mundo. Esa asombrosa hoja de servicio incluye, también, haber seducido profesionalmente a un prometedor David Remnick para que abandonara su corresponsalía en Moscú con el Washington Post y se erigiera en una de las piedras angulares dentro de la redacción del New Yorker durante de su gestión como directora, entre 1992 y 1998. Después de seis años en el cargo, Brown partió convencida de dos cosas: que el mensuario Talk, un proyecto que bocetó junto al infausto Harvey Weinstein, iba a encontrar un lugar privilegiado en la conversación pública y que Remnick estaba listo para tomar su sitio en el medio de periodismo narrativo más prestigiado de la Costa Este. Ya como director del New Yorker, Remnick nos ha legado dos libros periodísticos imprescindibles: Reportero, en el que viene una extensa radiografía sobre el primer Vladimir Putin, y Sostener la nota, un libro de perfiles de música popular. Este último incluye una visita monacal a un Leonard Cohen acuartelado, haber contemplado a Aretha Franklin sentarse al piano con un pintalabios rojo, intercambiar reflexiones sobre la novela rusa con Bruce Springsteen o despertarle a Patti Smith los más profundos recuerdos sobre su relación con Sam Shepard. Otra clase magistral de perfiles periodísticos.
La tiniebla; Norma Lazo
La Tiniebla (Textofilia, 2025), de Norma Lazo, está conformado por nueve cuentos donde el terror, la mediumnidad, la brujería, el espiritismo, la fantasía, el onirismo, la ciencia y la cruda realidad del México contemporáneo son parte de los ingredientes que conforman estos cuentos. En Presencias —primer cuento del libro—, conocemos, a través de Irina (una mujer médium), el proceso correcto para abrir una sesión espiritista e incluso conocemos un poco sobre la historia de esta disciplina. El final del relato es estrepitoso y requiere de la complicidad del lector, pues al menos se pueden tener tres finales (o al menos son los que yo me imaginé). El Suplente —segundo cuento del libro— cuenta la historia de Valeria y Fredo, una pareja de buzos que acudió a una cabaña en el bosque como parte de una terapia sugerida por su psicólogo. Estos, abrumados por la rutina, buscan retomar la pasión y en la cabaña les sucederán cosas entre el mundo real y el onírico que sin duda los cambiarán para siempre (curioso que el personaje sea nombrado como yo). Espíritus carroñeros —quinto cuento del libro— es la historia de un doctor que salva vidas en urgencia y al mismo tiempo tiene la capacidad de ver muertos y ayudarlos a trascender. Un don con el que ha aprendido a lidiar para no volverse loco y, en casos como el de este cuento, puede aplicar una especie de justicia extraterrenal. Instinto maternal —séptimo cuento del libro— es un auténtico cuento de brujas mexicano. Es triste, cruel, pero me encantó la belleza del relato y el folklore mexicano del que está conformado. La soledad de las ánimas —noveno cuento del libro— nos acerca todavía más al mundo espiritista y desde una mezcla entre la Historia y la ficción, pues uno de los personajes es Francisco I. Madero. A través de él entendemos lo aterrador y confuso que puede ser una sesión espiritista tanto para los invocados como para los evocantes. Un libro muy entretenido que se lee de forma amena y mezcla —con la precisión de una cirujana— la ciencia ficción, el género negro o policíaco, el esoterismo y la Historia.







