Dos manos que gritan lo vivido, lo bueno y lo malo; que tocando abrazan, que laten, que hablan.
Rostro sin memoria


Dos manos que gritan lo vivido, lo bueno y lo malo; que tocando abrazan, que laten, que hablan.

Imágenes llenas de cables de luz saturan mis pupilas, impiden que esta imagen quede limpia cuando se acciona el disparador.

Y si me palpo los bolsillos, sé que puedo hacer una última apuesta.

Mira los cielos llenos de humo
verde y morado. Que, entre toda esta bruma, seremos libres.

He decidido volar. Gracias por ser mi
ángel; lo serás en el cielo de alguien más.

Y ahí cansados, encontrarán descanso, como caricia, en tu mejilla durmiente.

Hoy no ambiciono ser poeta, tan sólo deseo nombrar aquello que duele…

No puedo ser mujer, si mis actos no le son propios. A esa imagen anhelada (y angelada).

El espacio del aire que aguarda el grito…

A través de la poesía y el rap, combatía con sus luchas internas y externas en un pulso majestuoso con la realidad social. Llamada a marcar una generación, sus versos se apagaron demasiado pronto.

Qué más da si aquí o allá, estamos
ardiendo juntos en este cuarto.

Te cuento que cuando ruges,
sólo me suenan zumbidos.

Un verso en cualquier gasolinera… que no me siga la carretera en los espejos, sino mis ojos.

Tu nombre se derrama entre mis manos. Criatura del sol.

Y ser lanzado desde el puente a las aguas frías de la vida.

Llévame allí, a la ciudad donde solamente hay borra de café y edificios vacíos.

Caminos que forman historias; historias que forman una vida.

Sos un diccionario sin palabras. Con el tiempo el dolor cesa, cada vez cuesta menos respirar. La herida cierra.

Crece. Y nos consume. Nos habita

Pregunta siempre antes de entrar
y deja una buena propina
al despedirse.