Éramos muchos primero, en un grito desaparecieron del lamento solamente polvo y opacidad.


Éramos muchos primero, en un grito desaparecieron del lamento solamente polvo y opacidad.

Por Francisco Larios también caerán tus muros A los héroes que derrumban muros y rescatan sueños Los muros en ruinas camino del Monte Carmelo,las llaves de Armagedón, de la perennidad: la muralla china, la línea Maginot,el Checkpoint Charlie; los muros del gran Salomón son solouna pared de lamentos. Osado Vallum Hadriani,adelantado muro,entre los bárbaros crece […]

Pero ella nunca estuvo allí, el escritorio no era de caoba, y la muerte no pudo remediarlo.

Son las fotografías que cuelgan de mi existencia, impulsos de paisajes, mapas mentales.

Y tú, impostor, ¿tú aún andas por ahí diciendo que te faltó tiempo?

El viento invita a un escape imaginario donde no existe cal ni arena, los prisioneros salen caminando por la puerta
principal.

La espalda logró acomodarse y recostarse en la suavidad de la cama de los encuentros, mas solo pensé en la cavidad de mis sueños.

Por mi ventana pequeños fragmentos de sol, bailan entre los cristales y se pegan a mi piel.

Yo vi esparcir lo que restaba de cuerpo en lo grandioso del río a la sombra de la bendición eterna bajo la luna inmaculada.

La magia de vivir reincide en saber interpretar los símbolos divinos y aprender a transitar a través de ellos, sin convertirnos esclavos de ninguna fuerza.

Te olvido lentamente… y esa será mi salvación: olvidar que alguna vez pasó lo nuestro.

Duras, qué pedazo de mi alma recogerás para fumártelo en la pipa
mientras tecleas todos los años de escritura solitaria.

Sé que es difícil. Pero es la única manera de seguir a flote. Verás, hagamos un ejercicio práctico. Empieza por desconfiar de este poema.

En la cosquilla como broma a mano alzada los dedos pintaban figuras con el gemido silente la mirada nevada de imágenes.

El teléfono inservible, la cefalea, el dolo, la vida desde entonces ausente.

Veo el espejo y me asusto. Abriré los espacios y me iré al sueño de verme con otros ojos.

Me lavé los ojos con agua de mar, pretendí olvidar las polaroid que cargaba como memoria.

Hay penas que no se pueden escribir.

Ya no me identifico con la cotidianidad que normalmente las personas hacen. Y aunque amo a ese colibrí, sé que le haría más daño si le abro la ventana. Ya no lloro por ello.

Por: Kelly Martínez Grandal Jack Kerouac no me engañó El país de Kerouac no existe. No son lo mismo las autopistas.Hacer dedo en la carretera puede significar aparecer en el cartelito de desaparecidos de Walmart. Kerouac me mintió, me vendió un espejismo. Yo vine de Carolina del Norte en carro y lo único que vi […]