Qué cosas. Palabras y balas. Hacer la guerra, defender lo tuyo. Escribir, la mayor de las armas.


Qué cosas. Palabras y balas. Hacer la guerra, defender lo tuyo. Escribir, la mayor de las armas.

Y ser lanzado desde el puente a las aguas frías de la vida.

Llévame allí, a la ciudad donde solamente hay borra de café y edificios vacíos.

Alberto Manguel decía que escribía porque no sabía bailar tango, tocar un instrumento musical, resolver problemas de matemáticas superiores, correr la maratón de Nueva York, trazar las órbitas de los planetas, escalar montañas, excavar ruinas arqueológicas, descifrar códigos secretos, rezar como un monje tibetano, cruzar el Atlántico en solitario y un largo etcétera. En la […]

Los seres humanos jugamos, a veces, a ser Mary Shelley y creamos monstruos extravagantes cimentando la idea en sus capacidades para desenvolverse en un campo de fútbol.

-Epílogo- Y la noche con su mar ha perecido. Lo que seremos (IV)Lo que seremos (III)Lo que seremos (II)Lo que seremos (I)

Mi amá fue depositada en su tumba y los albañiles se apresuraron a colar la losa. Cuando estos terminaron, las nubes recomenzaron su actividad, avanzaban de nuevo en movimientos envolventes.

Caminos que forman historias; historias que forman una vida.

A los tres se nos desdibujaron historias diferentes que cayeron en el olvido por no volver a ellas, y volvimos a formar surcos, los unos a los otros, en nuestros reencuentros puntuales.

Un protagonista rodeado de personajes que van apareciendo y saliendo, con un punto de vista cómico; y a veces, grotesco. Atrapa al lector desde la primera línea, lo pone a prueba, le da lecciones de vida.

Aquél que diga que aventurarse a lo desconocido no es atemorizante, está mintiendo. La falacia de la emoción es la mentira que nos repetimos para disfrazar el miedo y no quedar inmóviles ante él. El desplazamiento —imaginario o físico —siempre descoloca.

Tenemos un reto ineludible en nuestro interior: la plática con y contra nuestras hiperidentidades digitales.

Sos un diccionario sin palabras. Con el tiempo el dolor cesa, cada vez cuesta menos respirar. La herida cierra.

Hace tiempo, un buen amigo me preguntaba si era más de escritores o de libros. De escritores, le dije. Son las cosas que tienen los románticos.

Cubrir de oro las heridas. Ponerles nombre y darles color. Dejar que cuenten su historia. Aceptar que son las heridas las que nos construyen.

Crece. Y nos consume. Nos habita

De nuevo no hay, a priori, mucho en común entre Woody Allen, Stephen Frears y Roberto Bolaño. O quizá sí: el mero hecho de que, por alguna razón, los llevo en la cabeza todo el tiempo.

Pregunta siempre antes de entrar
y deja una buena propina
al despedirse.

Escapar del búnker y el amor en aulas vacías.

“Casas vacías” de Brenda Navarro es poética -como debe ser la ficción- y real, cruda e intempestiva, como suele ser la vida. Una fotografía narrativa de uno de los momentos más tristes que vive México.