Aquél viajero le arrebató todo…
[La tragedia de Polifemo]


Aquél viajero le arrebató todo…

A veces se imagina caminando por el borde de un número. Otras veces piensa que es como una idea, navegando a través del canto de un jilguero.

De los otros que el único techo que tienen es el cielo sumergido en estrellas.

Hoy, como en aquellos días donde el final se acercaba, abrazo más que nunca tus académicas aclaraciones del Popol-Vuh, sello de tus orígenes y resumen de tu concepción de la muerte.

El corazón le corre desbocado, sabe que si tarda demasiado en hacerlo ya no será capaz, así que apoya la boca del revólver bajo su mentón y luego aprieta el gatillo.

Puedo sumergirme en el dolor sin miedo. Floto a la deriva. No necesito nada.

Te refundieron en el tambo por ser la epitome de la desfachatez en tiempos de Don Porfirio.

Especializado en alfabetización periodística y mediática, el Catedrático de la Universidad Autónoma de Barcelona acaba de publicar la primera entrega de un ensayo sobre el confinamiento digital.

Hace mucho tiempo que no la veo, pero supongo que sigue aquí, recuperando la vida que perdió.

Al llegar a mi destino, no quise (no me atreví) preguntar que fue lo que le “faltó” a su papá para dar “el salto a las (ligas) mayores”.

La ordinaria e inmutable certeza de que todo en la vida tiene un final.

Más absurda, que aquella duda, que bailaba por tu mente.

Que no daría yo, por beberme a tragos, la absenta de tu dolor.

Quitándose el vestido de la revolución comunista que le tocó, la escritora cubana se prueba ahora el de la extrema derecha, que le parece igual de vacía y cuestionable.

No me duelen los gritos, las retenciones, los empujones, las agresiones.

Esos sueños irrealizados serán la loza que cubra donde sea enterrado al dejar de lado la vida.

Tú eres el llamado y el auxilio.

El auténtico monstruo de Frankenstein no es la criatura, sino su creador. Nos aterra la muerte, pero más aún nos aterra la idea de que alguien pueda volver de ella o de que esta pueda tornarse vida.

Entonces se dio cuenta: había perdido la piel.

Él y la Tita sólo se han separado un par de veces, y fue porque alguno de los dos estuvo en el hospital.