Caminé diez minutos hacia el metro, sin un alma alrededor y con las calles medianamente iluminadas. Qué suerte, al menos aquí sí hay luz. En Tepito nomás hay de dos: estar a las vivas o estar a las vivas.


Caminé diez minutos hacia el metro, sin un alma alrededor y con las calles medianamente iluminadas. Qué suerte, al menos aquí sí hay luz. En Tepito nomás hay de dos: estar a las vivas o estar a las vivas.

4:27, abro la ventana y prendo un cigarrillo, el olor se parece más a un cartucho recién cortado y utilizado. Esta vida ya se trata de supervivencia y no de vivir.

Te quedaste con mi aroma doblado en tu cajón, también con nuestra alacena de recuerdos, escondiste tus cariñosas formas de nombrarme, y lo único que me dejaste fue la imborrable sensación de tu cuerpo, descansando junto al mío.

Como referente del desplazamiento social en el que se han visto inmersas las mujeres a lo largo de la historia, he decidido usar la comedia de Aristófanes.

Se te nota el terror, sabes que ese conocido sigue mirando escondido.

En Holanda se han cancelado conciertos y eventos sociales con más de 100 personas. Museos, cines, teatros, escuelas y oficinas han cerrado hasta nuevo aviso. Las calles están vacías, estamos aislados.

Nostalgia inexorable viene; y se detiene el tiempo un instante; y ese gusto tuyo, nuestro, se convierte en esa nueva memoria, en una nueva marca en tu piel blanca que al volver de allá se encuentra enrojecida por el sol.

Pudo quedar mejor, pero a pesar de las grapas torcidas, el rostro que te mira de regreso se parece de nuevo un poco al tuyo.

Demasiado cianuro para esos ojos de manantial. Hay tanto viento elevando su ego. Tanto vidrio de ventana trizada.

Resulta una experiencia surreal transitar por la paranoia, el miedo y la desesperación portuguesa ante el coronavirus mientras mis redes sociales, con mayoría de voces mexicanas, ríen a rienda suelta.

Hoy soy fuego y vida, hoy soy mar y furia, hoy soy calma y desdicha, hoy soy libre, sin tapujos y sin etiquetas.

Falta esa chispa, esa sutil minucia que haga estallar el mundo en pedazos. Una grieta en la corteza terrestre que se trague a todos los predicadores de esta realidad. La nuestra. La esclavitud no es un oficio, por mucho que esté aceptado por el Consejo Regulador de turno.

Te digo poco y te pienso mucho; cuando este mundo pisaste y dejaste.

Hay dos posiciones aparentemente irreconciliables entre la ensoñación romántica de Gil y el seco pragmatismo de su prometida Inez, pero no lo son tanto.

En el camino he convivido con mujeres que me han abierto el panorama y me han puesto en mi sitio, por las buenas o por las que haga falta. En esa fila de mujeres va a la cabeza mi esposa y hay otras que llegan en forma de libro, como Svetlana Alexiévich.

Mi niña de 10 años hoy caminará por las calles por todas las mujeres que no han tenido voz, siguen sufriendo violencia, están desaparecidas o han muerto. Hace varios meses tuve la fortuna de conocer a tres niñas entre 5 y 10 años, todas son muy distintas entre sí. Estaba acostumbrada a estar rodeada de […]

Cada desaparecida es una herida abierta en miles de familias, un caso sin respuesta, una fotografía olvidada en un mundo lleno de imágenes y de información acelerada y efímera.

Te hablan de él a menudo, pero para ti, es como la primera vez. Tus recuerdos te parecen de otras vidas, quizás no son tuyos. Ya no lo sabes.

Somos fuego y cenizas al mismo tiempo.

Don Gregorio lleva en la mano derecha un papel arrugado escrito de su puño y letra. Mira de lado y se persigna justo enfrente en la Iglesia de Santiago Apóstol, en el centro del pueblo.