Crecí en un mundo amenazado por el fantasma de un holocausto nuclear


Crecí en un mundo amenazado por el fantasma de un holocausto nuclear

Vi en el horizonte una montaña que jamás había visto, su cúspide se perdía entre las nubes, y a cada voz del canto, se acercaba más y más, hasta cubrir mi vista.

Los mexicanos aprendimos a identificar las mentiras y tomarlas por verdades porque se siente mejor, porque duele menos.

Un hombre había desenterrado el cadáver de una mujer joven sepultada en la víspera.

Yo la ofrenda la llevo por dentro…

El amor mata, el amor está lleno de inseguridades, el amor romantiza su propia tragedia.

Me pediste un libro y te presté Marina. Me lo regresaste con todo cuidado y me dijiste que te gustaban las cosas que subrayé. Todos llevan un secreto encerrado bajo llave en el ático del alma.

El caos invernal. La antesala del infierno. Un cero a cero entre aspirantes al descenso.

La música no se detiene: es el invierno del presente, la primera página de un libro.

Así, poco a poco, el camino va desapareciendo y yo cada vez me siento más ajena, más ausente.

Llevaba un vestido carmesí de gran escote en la espalda, su andar era ligero, suave, encantador.

Mi vida me refería a un solo momento de existencia.

Un poco de café Palabras Algo de comida El color de las galaxias Humo de estrellasen la avenida

Porque así como están, o terminan linchados o como el wey ese del nombre raro, todo reprimido, que se le ve a kilómetros lo joto y dice que no.

Lo reconozco, es más guapa entre lágrimas, hasta en eso es la niña perfecta.

He prescindido de los nombres propios del tiempo. No hay días. No hay semanas.

Kilómetros de avenidas, callejones, privadas y más se diluyeron a mis pies a paso veloz hasta que llegué a Tlalpan.

La felicidad debía ser algo más…

El tiempo se tambalea como un funambulista entre las manecillas del reloj.

Una niebla de humo acre los ahogaba y parecían contagiados de una borrachera, soñolienta y triste, en esa lúgubre embriaguez de gente que no tiene nada que hacer.