Un poco de café Palabras Algo de comida El color de las galaxias Humo de estrellasen la avenida
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Un poco de café Palabras Algo de comida El color de las galaxias Humo de estrellasen la avenida

Porque así como están, o terminan linchados o como el wey ese del nombre raro, todo reprimido, que se le ve a kilómetros lo joto y dice que no.

Lo reconozco, es más guapa entre lágrimas, hasta en eso es la niña perfecta.

He prescindido de los nombres propios del tiempo. No hay días. No hay semanas.

Kilómetros de avenidas, callejones, privadas y más se diluyeron a mis pies a paso veloz hasta que llegué a Tlalpan.

La felicidad debía ser algo más…

El tiempo se tambalea como un funambulista entre las manecillas del reloj.

Una niebla de humo acre los ahogaba y parecían contagiados de una borrachera, soñolienta y triste, en esa lúgubre embriaguez de gente que no tiene nada que hacer.

Soy pura nostalgia y una monserga de infame certeza.

Al fin y al cabo, estaba acostumbrada a encadenar contratos de corta duración.

¿Es acaso ese túnel el lugar donde huyeron todos mis sueños perdidos?

Tiempo que Massimo no desperdicia y procura llenarlo de recuerdos y palabras, siempre cubiertas de un cálido sol mediterráneo.

Un limbo repetitivo preparado sólo para pagar por mis pecados.

Con certeza les puedo decir, que la vida en la tierra no es un mito. Yo vengo de allí.

Los libros en la sala, paraditos en un mueble, asomando el lomo, me dieron cierto calor.

Aprendí que no debía prestar mis libros si no quería yo ser uno de esos tontos que no saben que están diciéndole adiós a uno de sus libros favoritos

Ser migrante es un camino incierto, oscuro e inacabable.

Cerró la puerta tras de sí y nunca regresó.

Me quedo ahí, en ese lugar donde todo surge para desvanecerse, incluso los malos recuerdos.

Era un Tsuru, de Nissan, que a juzgar por la atmósfera conoció mejores tiempos.