Me resultaba difícil creer que aquél que retozaba en un sillón, en bata y con una pipa en la mano, fuera amo de tantos recuerdos y experiencias.
Topo escultor


Me resultaba difícil creer que aquél que retozaba en un sillón, en bata y con una pipa en la mano, fuera amo de tantos recuerdos y experiencias.

A veces se imagina caminando por el borde de un número. Otras veces piensa que es como una idea, navegando a través del canto de un jilguero.

Hoy, como en aquellos días donde el final se acercaba, abrazo más que nunca tus académicas aclaraciones del Popol-Vuh, sello de tus orígenes y resumen de tu concepción de la muerte.

El corazón le corre desbocado, sabe que si tarda demasiado en hacerlo ya no será capaz, así que apoya la boca del revólver bajo su mentón y luego aprieta el gatillo.

Puedo sumergirme en el dolor sin miedo. Floto a la deriva. No necesito nada.

Te refundieron en el tambo por ser la epitome de la desfachatez en tiempos de Don Porfirio.

Hace mucho tiempo que no la veo, pero supongo que sigue aquí, recuperando la vida que perdió.

Al llegar a mi destino, no quise (no me atreví) preguntar que fue lo que le “faltó” a su papá para dar “el salto a las (ligas) mayores”.

Esos sueños irrealizados serán la loza que cubra donde sea enterrado al dejar de lado la vida.

Tú eres el llamado y el auxilio.

Él y la Tita sólo se han separado un par de veces, y fue porque alguno de los dos estuvo en el hospital.

O dicho de otra manera, piedra filosofal.

La vida corre por un lado y, a veces, yo camino por el otro.

Por aquellas fechas en México no había todavía casos confirmados de COVID-19, y parecía tan lejano…

Aclaro que ésta es la versión de mi historia, afectada severamente por mis sentimientos y mi memoria trastocada.

No hay horarios fijos, ni reglas establecidas.

Tras la muerte de mi abuelita, mi mamá y yo nos quedamos al frente de Lerendipia. Cargados de una nostalgia lapidaria, los primeros días, quizás meses, fueron muy complicados. No sabíamos cómo lidiar con su ausencia, a pesar de que su esencia estaba impregnada en cada espacio del anticuario y de la casa. Decía Cortázar […]

El rumor es la más eficaz de las trampas del lenguaje.

Con el tiempo no deja de doler, pero he aprendido a vivir con ese dolor.

Escribir me ayuda a no desvanecerme.