La máscara es un escondite, un ocultamiento, un florecimiento de la intriga y, por ende, del deseo.
El festival de las máscaras


La máscara es un escondite, un ocultamiento, un florecimiento de la intriga y, por ende, del deseo.

Íbamos y veníamos. Éramos y no éramos. Estábamos pero no estábamos.

Nadie, jamás, querrá recordarte.

A veces pasa así, que alguien llega, ocupa lo que creíste tuyo y sólo te queda recordar y escribir.

Logró confirmar lo obvio: en este lado del charco la gente es estúpidamente feliz…

Al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver

El exilio sabe a frío, demasiado frío, las chaquetas grandes no caben en maletas pequeñas.

Escríbeme una carta, decías; y yo, hasta ahora, no sabía qué hacer.

Era aquello que había jurado jamás ser: un incompetente, un fracasado, un mediocre.

Cuando Joyce toca la guitarra, los sonidos cantan: Prashyusyus Prashyusyus …como espuma de mar.

La adultez se manifiesta aceptando que se llora viendo a Julia y a Hugh ser felices por siempre.

La nostalgia es engañosa, nos puede llevar a un estado de insatisfacción continua.

Entonces me desprendo de todo aquello que en el día me persiguió y leo a mares para escribir ríos

Sabemos a la perfección cómo hacerlo, cómo amarnos.

Estamos aquí. Una foto, dijiste. Y clic en menos de lo que yo pude acomodarme la chamarra y la borrachera.

Nos encontramos otra vez. Diría Sabina: más viejos, más sabios, más primos.

Su madre le enseñó el método de suspensión, así pudo soportar a su padre por cuarenta y siete años, hasta que al viejo le dio por morirse.

Volvió al día siguiente a la misma hora. Anna lo esperaba mirando a la ventana.

Emergió apresurada, como si algo en el agua la persiguiera. Al salir observó el agua con terror.

Aquel domingo de primavera, cumpliendo las profecías de Serrat y Benedetti (El sur también existe), los jóvenes comandados por Diego recibían en casa al último batallón que podía detenerlos.