Te refundieron en el tambo por ser la epitome de la desfachatez en tiempos de Don Porfirio.


Te refundieron en el tambo por ser la epitome de la desfachatez en tiempos de Don Porfirio.

Especializado en alfabetización periodística y mediática, el Catedrático de la Universidad Autónoma de Barcelona acaba de publicar la primera entrega de un ensayo sobre el confinamiento digital.

Hace mucho tiempo que no la veo, pero supongo que sigue aquí, recuperando la vida que perdió.

Al llegar a mi destino, no quise (no me atreví) preguntar que fue lo que le “faltó” a su papá para dar “el salto a las (ligas) mayores”.

La ordinaria e inmutable certeza de que todo en la vida tiene un final.

Más absurda, que aquella duda, que bailaba por tu mente.

Que no daría yo, por beberme a tragos, la absenta de tu dolor.

Quitándose el vestido de la revolución comunista que le tocó, la escritora cubana se prueba ahora el de la extrema derecha, que le parece igual de vacía y cuestionable.

No me duelen los gritos, las retenciones, los empujones, las agresiones.

Esos sueños irrealizados serán la loza que cubra donde sea enterrado al dejar de lado la vida.

Tú eres el llamado y el auxilio.

El auténtico monstruo de Frankenstein no es la criatura, sino su creador. Nos aterra la muerte, pero más aún nos aterra la idea de que alguien pueda volver de ella o de que esta pueda tornarse vida.

Entonces se dio cuenta: había perdido la piel.

Él y la Tita sólo se han separado un par de veces, y fue porque alguno de los dos estuvo en el hospital.

Reír contigo, deslumbrarme contigo, cegarme con tu lucidez, estremecerme con tu mirada.

O dicho de otra manera, piedra filosofal.

Disfruto con todo mi cuerpo las fisuras que la teoría y la praxis del feminismo genera en la intimidad y cotidianidad de nuestras vidas desnaturalizando lo que está normalizado.

Yo no quiero que el miedo me denigre…

La vida corre por un lado y, a veces, yo camino por el otro.

Tus palabras ya ausentes, me regresan vigor.