Reír contigo, deslumbrarme contigo, cegarme con tu lucidez, estremecerme con tu mirada.


Reír contigo, deslumbrarme contigo, cegarme con tu lucidez, estremecerme con tu mirada.

O dicho de otra manera, piedra filosofal.

Disfruto con todo mi cuerpo las fisuras que la teoría y la praxis del feminismo genera en la intimidad y cotidianidad de nuestras vidas desnaturalizando lo que está normalizado.

Yo no quiero que el miedo me denigre…

La vida corre por un lado y, a veces, yo camino por el otro.

Tus palabras ya ausentes, me regresan vigor.

Por aquellas fechas en México no había todavía casos confirmados de COVID-19, y parecía tan lejano…

Las lágrimas dejaron de brotar…

Aclaro que ésta es la versión de mi historia, afectada severamente por mis sentimientos y mi memoria trastocada.

No hay horarios fijos, ni reglas establecidas.

Los paseos del flâneur y el turista de masas se entrecruzan por primera vez en este breve ensayo.

Entonces asoma la crueldad que no le pertenece al poeta, sino al mismo lenguaje.

Tras la muerte de mi abuelita, mi mamá y yo nos quedamos al frente de Lerendipia. Cargados de una nostalgia lapidaria, los primeros días, quizás meses, fueron muy complicados. No sabíamos cómo lidiar con su ausencia, a pesar de que su esencia estaba impregnada en cada espacio del anticuario y de la casa. Decía Cortázar […]

El rumor es la más eficaz de las trampas del lenguaje.

Con el tiempo no deja de doler, pero he aprendido a vivir con ese dolor.

Escribo esto desde un bar de tapas andaluz con una barra kilométrica de madera, jamones colgando desde el techo y camareros alérgicos a la modernidad de las tabletas.

Conviertes el tiempo en cristal…

Escribir me ayuda a no desvanecerme.

No es posible huir…

Abro los ojos, hace siglos que no estás.