Los ganchos lanzados por Rocky ya hubiese querido Tarantino construirlos con diálogo, aunque ninguno tenga jamás la sensibilidad de mi primera opción.
Babosada y media sobre cine (IX)


Los ganchos lanzados por Rocky ya hubiese querido Tarantino construirlos con diálogo, aunque ninguno tenga jamás la sensibilidad de mi primera opción.

Él tenía miedo porque no sabía nadar, pero de cualquier modo se paró sobre la orilla, sintió el agua salpicándole las piernas y se arrojó porque sabía que eso tenía que hacer. Era su llamado.

Nos entregamos a otros desconocidos, a sus dolores, a nosotros mismos y a nuestros dolores. Y sudamos, y lloramos, y sangramos, y volvemos a ser…

Cuando todo lo que vemos nos marca, todos los días son señalados.

Tu nombre se derrama entre mis manos. Criatura del sol.

Qué cosas. Palabras y balas. Hacer la guerra, defender lo tuyo. Escribir, la mayor de las armas.

Y ser lanzado desde el puente a las aguas frías de la vida.

Llévame allí, a la ciudad donde solamente hay borra de café y edificios vacíos.

Alberto Manguel decía que escribía porque no sabía bailar tango, tocar un instrumento musical, resolver problemas de matemáticas superiores, correr la maratón de Nueva York, trazar las órbitas de los planetas, escalar montañas, excavar ruinas arqueológicas, descifrar códigos secretos, rezar como un monje tibetano, cruzar el Atlántico en solitario y un largo etcétera. En la […]

Los seres humanos jugamos, a veces, a ser Mary Shelley y creamos monstruos extravagantes cimentando la idea en sus capacidades para desenvolverse en un campo de fútbol.

-Epílogo- Y la noche con su mar ha perecido. Lo que seremos (IV)Lo que seremos (III)Lo que seremos (II)Lo que seremos (I)

Mi amá fue depositada en su tumba y los albañiles se apresuraron a colar la losa. Cuando estos terminaron, las nubes recomenzaron su actividad, avanzaban de nuevo en movimientos envolventes.

Caminos que forman historias; historias que forman una vida.

A los tres se nos desdibujaron historias diferentes que cayeron en el olvido por no volver a ellas, y volvimos a formar surcos, los unos a los otros, en nuestros reencuentros puntuales.

Un protagonista rodeado de personajes que van apareciendo y saliendo, con un punto de vista cómico; y a veces, grotesco. Atrapa al lector desde la primera línea, lo pone a prueba, le da lecciones de vida.

Aquél que diga que aventurarse a lo desconocido no es atemorizante, está mintiendo. La falacia de la emoción es la mentira que nos repetimos para disfrazar el miedo y no quedar inmóviles ante él. El desplazamiento —imaginario o físico —siempre descoloca.

Tenemos un reto ineludible en nuestro interior: la plática con y contra nuestras hiperidentidades digitales.

Sos un diccionario sin palabras. Con el tiempo el dolor cesa, cada vez cuesta menos respirar. La herida cierra.

Hace tiempo, un buen amigo me preguntaba si era más de escritores o de libros. De escritores, le dije. Son las cosas que tienen los románticos.

Cubrir de oro las heridas. Ponerles nombre y darles color. Dejar que cuenten su historia. Aceptar que son las heridas las que nos construyen.