Habíamos llegado tan lejos, éramos parte de ese mismo lugar que Julio Verné inmortalizó con el famoso faro del fin del mundo en el canal de Beagle. Saludamos a los pingüinos y lobos marinos, quienes parecían muy cómodos con nuestra presencia. Estar ahí, era algo muy parecido a un sueño.
El viaje al fin del mundo




















