Es la séptima vez en diez días que me prometo a mí mismo que la próxima vez trataré de no pensarte, ni de escribirte.
Palabrería


Es la séptima vez en diez días que me prometo a mí mismo que la próxima vez trataré de no pensarte, ni de escribirte.

Siempre existen los privilegiados con un bote salvavidas y los que naufragan.

Zita era una muchacha atractiva, de tez morena, alta, con piernas largas y torneadas, cabello negro rizado y ojos rasgados.

Se lo digo yo, que bajarme del barco del “matar o morir” me devolvió a la vida.

Pensó que él no tenía ninguna capacidad para odiar.

Me bastó una lágrima desde el principio de tus ojos para saber que tu tormenta me inundaría.

No me necesitarás más, pero estaré a tu lado, cuando emprendas una nueva Odisea.

Su obra perdura en el tiempo como recordatorio de lo implacable e indolente del destino, pero también como un faro en la oscuridad que revierte la desesperanza para abrazar a nuestro albedrío.

Viaja a los confines de la imaginación,
donde todo puede ocurrir: atardeceres al alba, puestas de sol infinitas y un inmenso mar azul en Madrid.

Me estremezco con los versos de un poeta que, lejos de despedirse, nos arrastra hacia las cosas que nunca terminan por cambiar.

Para el cantautor español la felicidades debía ser una patología extraña.

De nada sirve contar a la gente como números si no vamos a contar y recordar, aunque sean sólo partes, de sus historias

Nadie me explicó cómo lidiar con tus cenizas¿Se barren y se tiran?¿Se soplan y desaparecen?¿Las guardo y las olvido?No importa lo que pueda hacer con ellas,volarán con el viento en cualquier instante.

He tratado de borrar todos los pedazos de todos los recuerdos que me hacen sentir que vivo encerrada en el mismo reloj de arena

Zita era una exploradora y, aunque nunca tenía claro lo que buscaba, siempre estaba a la expectativa de un gran hallazgo.

Jack Kerouac escribió lo que los expertos llamarían “la obra definitiva de la Generación Beat”

Los individuos con talento son valorados, pero se espera que pongan este talento al servicio del grupo

El mayor reto para la comprensión de otra cultura, pero especialmente de una tan singular como la japonesa, es verla desde dentro.

Reflexionaba sobre las calles vacías de una ciudad de la que han desaparecido todos sus turistas, sumida en la nostalgia.

Arrancar el nombre, estrujar la mandarina, acariciar el cuerpo, agarrar al pájaro, asumir.