Yo no me llamo Ricardo, pero comprendo lo que Ricardo dice: los traumas, las obsesiones, el lenguaje negro del dolor.
Sombras distantes, espejos paralelos


Yo no me llamo Ricardo, pero comprendo lo que Ricardo dice: los traumas, las obsesiones, el lenguaje negro del dolor.

Las leridanas Cristina, Gemma y Helena realizarán una autogira por España para lanzar un disco, un filme y un libro.

El obstáculo es el tiempo, el ruido del silencio y sus tormentas.

Edgar Borges juega con los delirios y las soledades de quienes se han visto asediados por el miedo y la deshumanización de una sociedad.

Los besos salen caros, porque detrás viene el puñal.

Aclaro, en mi defensa, que lo descubrí en Eden Lake, un salvaje survival británico.

Tal vez la belleza de El conde de Montecristo se deba precisamente a esta dimensión profundamente humana de su protagonista, que elige conscientemente convertirse en un demonio vengador.

Desde niña, cuando estaba en Lerendipia sentía que me acompañaban todas las historias y todos los personajes que tanto mi abuelita como yo nos inventábamos. Cuando me sentía sola o sentía miedo, traía a mi realidad todo lo que habitaba en mi imaginación. Hacía una fiesta con los objetos, las cosas más grandes cobraban vida. El Rosenkranz, […]

No sé en qué momento el sueño traspaso a la realidad, o la realidad al sueño.

En Mamá desobediente, Esther Vivas habla sin tapujos sobre mitos y percepciones históricos.

Se deslizó en la agonía, de los años.

Se trata de la primera publicación de La Carmensita Editorial, un nuevo espacio en el mercado editorial dedicado a la poesía femenina.

Debajo de mis pies, lo siento; una parte nuestra sigue aquí.

El escritor barcelonés nos deja una forma de narrar, de escribir, de recordar.

La reactivación desde abajo, ofreciendo en sacrificio a la clase precaria.

No puedo ver tu boca, pero sé que estás sonriendo, igual que yo. Lo sé por tus ojos

Me ha herido tanto porque me he cobijado bajo su sombra como si fuera refugio y no laberinto.

La llovizna monótona me devolvía a casa.

Canto y bailo con el maniquí de madera que lleva puesto tu sombrero y tu saco de cachemir.

Nunca fuimos más felices que cuando nos dejamos solos.