A la muerte se la puede engatusar con bellas palabras.
HIPÓTESIS DE TRABAJO


A la muerte se la puede engatusar con bellas palabras.

Ahora voy a escribir con la rabia y la fiebre.

Yo no la podía dejar y ella no podía alejarse de mí. Ella era gasolina y yo un cerillo. Siempre pensé en contratar un abogado.

Sus puntas me señalan apuntando hacia el sosiego.

Amanecí contemplando melancólicamente mi realidad y recordé dónde nació mi anhelo por conocer Turquía: un fortuito encuentro literario

Se necesitó un soplo en el faro, para perderte; realmente nunca exististe.

A medida que las nuevas generaciones van dando más importancia al individualismo, el país insular intenta reinventar un modelo que constituye parte integral de su carácter como sociedad.

Ahora yo, cariño, pondré la letra.

Más de una noche de vinho verde besé su figura y le confesé mi admiración literaria, total y absoluta.

Tuvimos los meñiques salpicados de estrellas.

Es la séptima vez en diez días que me prometo a mí mismo que la próxima vez trataré de no pensarte, ni de escribirte.

Siempre existen los privilegiados con un bote salvavidas y los que naufragan.

Zita era una muchacha atractiva, de tez morena, alta, con piernas largas y torneadas, cabello negro rizado y ojos rasgados.

Se lo digo yo, que bajarme del barco del “matar o morir” me devolvió a la vida.

Pensó que él no tenía ninguna capacidad para odiar.

Me bastó una lágrima desde el principio de tus ojos para saber que tu tormenta me inundaría.

No me necesitarás más, pero estaré a tu lado, cuando emprendas una nueva Odisea.

Su obra perdura en el tiempo como recordatorio de lo implacable e indolente del destino, pero también como un faro en la oscuridad que revierte la desesperanza para abrazar a nuestro albedrío.

Viaja a los confines de la imaginación,
donde todo puede ocurrir: atardeceres al alba, puestas de sol infinitas y un inmenso mar azul en Madrid.

Me estremezco con los versos de un poeta que, lejos de despedirse, nos arrastra hacia las cosas que nunca terminan por cambiar.