Hacía dos nochesque no recibía tu visita,que tus tenues besos no invadían mi piel desnuda. Tú, única compañerade los versos cobardes y desoladosque habitan al final de la noche creciente en el pecho,no te habías dignado a saludar. Ahora, vienes vestida de blanco,como la vez que te fuiste resguardada por las nubes. No estuviste cuando Martese marchó para […]
La luna y yo




















