Es tu señal. Es el guiño terminal. Mi visibilidad se corta. Te pierdo. Es un desenlace lapidario que te corresponde cambiar o sentenciar.
Mujer de vapor


Es tu señal. Es el guiño terminal. Mi visibilidad se corta. Te pierdo. Es un desenlace lapidario que te corresponde cambiar o sentenciar.

Me quedé despierto, preguntándome por qué se fue, en dónde se pone todo esto que dejó y si ese raro objeto llamado ‘destino’ me tenía algo a sólo una cuadra de mi vida.

No sé, nada, ni quiero y eso me hace libre, muy, y de plastilina.

El silencio nos ha permitido llegar a nuestra música, nuestras letras, nuestros recuerdos, nuestros sueños. El silencio duele pero enseña.

Sé todo lo que puedas. Y ojalá que cuando me veas, no me hables .

En mis sueños, el poema ya está escrito, ella aparece y lo plasma en braille.

Era un cuarto cuadrangular, grande y vacío. Cerró la puerta. La oscuridad se tragó todo. Pero la risa, incontrolable, seguía. Era tan fuerte que parecía surgir de lo más profundo de la tierra.

Fabuloso escenario de un amor no declarado. Una palabra de más podía romperlo todo.

Y nos habremos de encontrar en un trozo de cielo.

Si los amigos son la familia que escogemos, ¿qué son los jefes que nos cambian la vida sin darse cuenta?

Me cuesta agarrar el hilo de una vez. El peor duelo es aquel que se puede evitar.

Habitar otros espacios de ese lenguaje que nos parece quisquilloso por ser de barrio o menos modesto que lo que consideramos cercano. Y, sobre todo, habitar las atmósferas, esos barrios y sus calles, los apartamentos, las mentes.

Llegará el día que todo lo sufrido se irá y despertaré de este sueño pavoroso. Seguiré soñando entre líneas divididas.

Las sábanas poco a poco le presionaban el cuerpo hacia el colchón, asfixiándolo. Rendido, vio que no tenía remedio ni escapatoria, esa cama lo había atrapado. Ahora era su prisionero y sólo quedaba entregarse a ella.

El mundo es un lugar raro, oscuro, cruel, en el cual aferrarse a las cosas en las que uno cree es terapéutico y hasta necesario.

Llegarán palabras urgentes, vientos de entusiasmo, relojes sin prisa, soles cargados de encuentros y lunas libres de llantos.

Cuanto más lejos se encuentre de esta metafísica, más podré con paciencia encontrar un no lugar.

La pelota linda sigue ahí… con labios que se pueden leer… con sonrisas que se pueden ver.

Un dolor presente, sombra de un árbol de la eternidad, un presente abierto al tiempo, la senda de la mortalidad.

Sobran casos de padres que, cegados por las ‘bondades’ del futbol actual, de los millones y la fama, torcieron los destinos de sus hijos.