Las generaciones se miden por la coincidencia en la adolescencia. La mía se fue de largo y con ella los anhelos se convirtieron en el marco de un espejo que se niega a morir en una mudanza cualquiera.
The Strokes: My generation


Las generaciones se miden por la coincidencia en la adolescencia. La mía se fue de largo y con ella los anhelos se convirtieron en el marco de un espejo que se niega a morir en una mudanza cualquiera.

Malditas flores, mil veces malditas, que hayan florecido ahora que ella ya no las espera.

Atravesando los cristales, respira y calla, y a su alrededor todo es símbolo.

Una historia de dolor ante la migración. La migración, también, obligada: noche y día en desvencijadas camionetas que cruzan la frontera por el desierto. Estamos llegando. Nunca llegamos, pero siempre estamos llegando.

Parece inevitable no vivir estos días con síntomas de distorsión: habitando una especie de realidad alterna.

Perderse para encontrarse. Morir para volver a nacer. Regresar al origen para reapropiarse de los símbolos, las palabras y así construir su nuevo mundo. Escribir para explicarse a sí misma.

En la decimoquinta Babosada fungen como chambelanes el Hugh Grant que dominó los noventa, una de las mejores películas en la historia del cine y una de las peores comedias jamás realizadas. Es normal, ¿no? Alguno debe ser el bailarín simpático, otro quien se luce y por último arriba quien tira a la quinceañera a […]

Llegamos a la conclusión de que hoy, día internacional del libro, se presentaba ante nosotros una oportunidad inmejorable de rendirle homenaje a una editorial mexicana independiente: Los libros del perro. El ajedrez es un juego tan siniestro y personal; Hugo Roca Joglar La analogía más simple para cualquier ajedrecista es pensar en el tablero como […]

No sé cuántas veces sonreímos con complicidad ante los encendedores prendiendo la flama de la realidad aumentada, una realidad que queríamos conservar para siempre.

Y la gente cruda y los animales muertos parecen estar ahí como productos de la imaginación.

La miré de nuevo. Desde la ventana, los brazos del sol se levantaban sigilosamente renovando de esperanza y dicha al nuevo día.

Estaba ansioso por contrastar aquella teoría del polaco Pawel Rouba, quien argumentó que las alas de los húsares fungían como un mecanismo de defensa contra el ataque de lazo de los tártaros.

Felices los sin tierra, pues hunden sus raíces, del aire, en lo más puro.

Ola tras ola dejo que la corriente me arrastre a la arena.

El director de Altaïr Magazine es alérgico a los márgenes estrechos desde los que se suele escribir y contar los viajes.

Hoy se reúnen dos películas del mismo autor; la otra es un punto culminante e inicial (así de engañoso, así de paradójico, así de personal) en mi infancia. Larga vida a Heath Ledger.

Todo artista deja su obra para quien se atreva a asomarse al ataúd que estará siempre abierto. Garibay lo tuvo claro: permanecer es el afán único de todo hombre.

Es tu señal. Es el guiño terminal. Mi visibilidad se corta. Te pierdo. Es un desenlace lapidario que te corresponde cambiar o sentenciar.

Me quedé despierto, preguntándome por qué se fue, en dónde se pone todo esto que dejó y si ese raro objeto llamado ‘destino’ me tenía algo a sólo una cuadra de mi vida.

No sé, nada, ni quiero y eso me hace libre, muy, y de plastilina.