Ese espacio en blanco, ese silencio, remembranza de la vanidad de tales recuerdos ahora borrosos. ¿Alguna vez podré ser ese espacio vacío?


Ese espacio en blanco, ese silencio, remembranza de la vanidad de tales recuerdos ahora borrosos. ¿Alguna vez podré ser ese espacio vacío?

La justicia está perdida, tal vez, por este absurdo de no llamar a las cosas por su nombre.

Habíamos llegado tan lejos, éramos parte de ese mismo lugar que Julio Verné inmortalizó con el famoso faro del fin del mundo en el canal de Beagle. Saludamos a los pingüinos y lobos marinos, quienes parecían muy cómodos con nuestra presencia. Estar ahí, era algo muy parecido a un sueño.

Hay espacios que creemos pasados u olvidados que han sido visitados con anterioridad. Y entonces reaparecen. Son fantasmas dentro de una burbuja transitoria que no se revienta.

Para mí, la literatura es un viaje de sensaciones… y esta vez no es un viaje agradable.

Un viaje que nunca sucedió, un recorrido a través del agua y un cambio de coordenadas para aniquilar la costumbre. Tres viajes muy distintos de tres jóvenes escritoras, publicados por Ediciones Menguantes, una joven editorial con sede en León, interesada en historias de viajes poco comunes. Saray Encinoso Brito, periodista tinerfeña, en El año que […]

Gracias, mamertos, que mueren baleados por luchar contra eso, que filman eso, que gritan la verdad sobre eso. Algún día, Colombia les sonreirá.

Mi amiga cambió nuestro sentir por otro alba. El alba de mi alma sola se encuentra en la persiana. Sufre de ansiedad por culpa de la amiga imaginaria.

Trató de captarlo todo con los ojos, pero un par de lágrimas se lo impidieron. Darío encendió un cigarrillo. Juan movía la cabeza al ritmo del sucio rock que sonaba más fuerte que todas las sirenas que se lamentaban por la ciudad. El Volkswagen avanzó deprisa cuesta abajo sobre la pronunciada avenida, hacia la noche.

Porque lo único que queda después de las historias son las palabras. Porque todos necesitamos contar una historia.

Es extremadamente importante que la sociedad y los clubes de futbol, que muchas veces son el verdadero hogar y de contención de los niños, inculquen el estudio. Por más bueno que sea el jugador, tiene que estudiar, tiene que leer.

Estoy en bancarrota y desempleado, pero con un buen presentimiento. Y a veces con eso basta. Eso y también que los hijos de puta que hoy jugaban, que hoy defenderían la camiseta —la que corrí a comprar— me habían demostrado durante diecisiete jornadas que ni mi estúpida maldición podía con ellos.

Un día ganaremos: te juro que un día ganaremos. ¿Por qué somos del Atleti? Por esto. Porque capaz ganamos. Capaz ganamos. Puta madre, ya me cayó el veinte: puede que ganemos.

Y me arrastran al corazón del mar, abandono todo lo conocido, me seduce la oscuridad.

Todo listo. No olvides gritar para sacar el odio, pero cierra la boca, no te vaya a entrar una mosca. Disfruta el vuelo, sin importar cuánto dure.

La mesa está puesta para que Puebla recuerde su ADN patriótico y futbolístico. El primer enemigo es el Atlas, hay estrategia y soldados para lograr la hazaña. La pregunta es: ¿habrá garra, entraña, pasión y ganas de hacer historia?

Irle al Aclas es estar al pendiente de un “cisne negro”, esa metáfora estadística acuñada por Nassib Taleb que nos indica que un evento impactante, fuera de toda expectativa racional es, no obstante, siempre posible.

De pronto alguien me dijo al oído: ¿quieres bailar? Abrió los ojos y me sonrió con una de esas malditas sonrisas que quieres guardar en tu bolsa para que te acompañe toda la vida.

Y tememos, nos nace el miedo, un miedo que estaba latente desde antes pero que en la emergencia de la realidad nos arrebató la sorda sensación de tranquilidad.

Hablaremos de los libros que no quisiste leer. (Y de los que leíste, pero como quien se pone guantes para dar la mano, temiendo que sus palabras vivas pudieran arrancarte de tu sueño).