Hablaremos de los libros que no quisiste leer. (Y de los que leíste, pero como quien se pone guantes para dar la mano, temiendo que sus palabras vivas pudieran arrancarte de tu sueño).
Maneras de vivir y maneras de morir


Hablaremos de los libros que no quisiste leer. (Y de los que leíste, pero como quien se pone guantes para dar la mano, temiendo que sus palabras vivas pudieran arrancarte de tu sueño).

En el recorrido de las murallas, denominado como Caminos de Ronda, el vapor de ese tiempo presente, de alguna manera fértil, se podía casi tocar, en un paseo donde celebrar a Dante 700 años después de su nacimiento era como una bendición.

Se renta, dice un cartel. Ay, la renta. Se renta, no se vende, quiero pensar. Cambia de camiseta para luego volver a ser el monstruoso local para el que no pasa el tiempo, quiero pensar. Adáptate a los tiempos, Patrick, y luego vuelve…

La decimosexta Babosada sobre cine arriba tras una jornada de supuesto descanso impuesta por las labores de Zona Maco. Retomamos con el grito desaforado de Enrique Bunbury: amanece tan pronto / y yo estoy tan solo. Una cruda cualquiera. Luego, otra comedia mexicana: no aprendemos, el masoquismo en forma de chistes malos y paisajes vintage […]

Allí besé hasta el último agave, tan lejos del pueblo y tan cerca de Dios.

El efecto de sombra llamado umbra oscureció todo el barrio. Cerré los ojos, mis párpados eran como un objeto celeste cuya traslación se ubicaba entre la luz de la recámara y mi iris, las luces dentro de mis ojos que imitaban auroras boreales y agujeros negros eran mi propio espectáculo, mi propio eclipse.

Sobre una serie de pensamientos crispados y fugaces escritos en noches varias, acerca de la realidad que golpea la existencia.

Al volante no siempre podrá hacer feliz a todo el mundo, pero podrá dirigir su destino, en taxi o en la cancha, para poder hacer feliz a los suyos.

En mi extravío, yo me he sentido más de una vez, una falena azul en el último trance…

Cuando despertó, recordó que había ganado el avión presidencial. Ahí estaban los ojos de Lulú: hinchados y vacíos, mirándolo con una mezcla de pena y compasión. El dolor de la intravenosa lo ayudó a despertar. No sólo estaba en la cama de un hospital, estaba esposado a ella.

Viajar ayuda a resolver el enigma del duelo: esa señal que te recuerda -cuando vas a dar un paso para ser feliz- que una vez perdiste un paraíso que alguien no te va a devolver ya nunca.

Su vida se había reducido a nada más que su propia existencia y ya no le quedaba más que un cuerpo exiguo, esperando dar un último suspiro, porque los suspiros no se los queda la vida; se los lleva el alma.

Cierro los ojos. Llegan los fantasmas de sal. El aliento de las algas. El rumor del océano

Antes de que la ráfaga terminara, pudo sentir piquetes de mosquito por todos lados. El pecho, las piernas, los pies, la cara. Después todo fue negro.

Si lo escrito perdura más, que sirva como registro de un tiempo, un sentimiento, un espacio y, por sobre todo, como registro de que alguien, alguna vez amó.

A propósito de la legendaria reflexión de José Saramago en Viaje a Portugal, como preludio a las lecturas de abril proponemos el siguiente manifiesto: Hay que leer lo que no se ha leído pero también lo que ya se leyó, leer en primavera lo que se ha leído en verano, leer de noche lo que […]

Te quiero noche a noche y beso a beso. Te quiero con mis noches y con mis días.

Tiranas páginas en blanco, nunca cambiarán la inclemencia, tu desamparo.

Es el nombre del álbum de fotos que no debo mirar. La palabra que ahora escribo tanto para desahogar todas las veces que no te la he podido decir.

Hay que correr y llegar al dolor. Un dolor tan fuerte que lo único que quede por delante sea correr. Un dolor que nos permita seguir escribiendo.