Los minutos no duran tanto, cada kilómetro se hace más largo, me siento agotado y mi cartera, siempre, amanece vacía.
De taxis y taxistas (VI)


Los minutos no duran tanto, cada kilómetro se hace más largo, me siento agotado y mi cartera, siempre, amanece vacía.

Él tenía miedo porque no sabía nadar, pero de cualquier modo se paró sobre la orilla, sintió el agua salpicándole las piernas y se arrojó porque sabía que eso tenía que hacer. Era su llamado.

Nos entregamos a otros desconocidos, a sus dolores, a nosotros mismos y a nuestros dolores. Y sudamos, y lloramos, y sangramos, y volvemos a ser…

Qué cosas. Palabras y balas. Hacer la guerra, defender lo tuyo. Escribir, la mayor de las armas.

-Epílogo- Y la noche con su mar ha perecido. Lo que seremos (IV)Lo que seremos (III)Lo que seremos (II)Lo que seremos (I)

Mi amá fue depositada en su tumba y los albañiles se apresuraron a colar la losa. Cuando estos terminaron, las nubes recomenzaron su actividad, avanzaban de nuevo en movimientos envolventes.

A los tres se nos desdibujaron historias diferentes que cayeron en el olvido por no volver a ellas, y volvimos a formar surcos, los unos a los otros, en nuestros reencuentros puntuales.

Aquél que diga que aventurarse a lo desconocido no es atemorizante, está mintiendo. La falacia de la emoción es la mentira que nos repetimos para disfrazar el miedo y no quedar inmóviles ante él. El desplazamiento —imaginario o físico —siempre descoloca.

Tenemos un reto ineludible en nuestro interior: la plática con y contra nuestras hiperidentidades digitales.

Hace tiempo, un buen amigo me preguntaba si era más de escritores o de libros. De escritores, le dije. Son las cosas que tienen los románticos.

Cubrir de oro las heridas. Ponerles nombre y darles color. Dejar que cuenten su historia. Aceptar que son las heridas las que nos construyen.

Sin embargo, te buscaba; tanta fuerza y los huesos tronchados e insisto cada vez, torpe, asfixiado: ¿cómo mierda se reconstruye la vida dentro de un poema?

No fue tan largo el trayecto, fue hermoso, sí, pero también terrible. Es lo que las Hexen cobran por aceptar a una más.

“¿Qué quieres escuchar?” Volteé a ver a André y me tradujo. Dark side of the moon, dije. Sacó el vinil de por ahí, como si lo tuviera a la mano, levantó la aguja y los latidos de Speak to me empezaron a sonar.

Cuando se puso hielo en el rostro, dijo: “Dios mío, ya no chingues y mándame el infarto”.

¿Cómo se dice ‘adiós’ a un hermano?

¿Por qué busco ser autoindulgente a través de la música? Buscarlo de forma consciente; querer problemas gratis. Acelerar para sentir, sentirse.

Un cementerio y una cripta se asemejan lo que un charco a un mar: el contenido es el mismo, pero el continente les define y les jerarquiza, y su importancia la decretan las visitas.

Un pequeño grupo de desconocidos que, sin saberlo, se volvieron mis compañeros de madrugada.

Hoy desperté bien temprano e hice pilates y me puse mi mejor cara para continuar buscando trabajo.