Mientras escribía las siguientes líneas, Cees Nooteboom escuchaba las campanas de las iglesias de Berlín. El repicar se parecía tanto al que se escuchó una semana antes en la Gedächtniskirche que al escritor holandés le perturbó esa forma peculiar de la sonoridad. Por unos momentos interrumpió su larga crónica fechada el 18 de noviembre de […]




















