Felices los sin tierra, pues hunden sus raíces, del aire, en lo más puro.


Felices los sin tierra, pues hunden sus raíces, del aire, en lo más puro.

Ola tras ola dejo que la corriente me arrastre a la arena.

El director de Altaïr Magazine es alérgico a los márgenes estrechos desde los que se suele escribir y contar los viajes.

Hoy se reúnen dos películas del mismo autor; la otra es un punto culminante e inicial (así de engañoso, así de paradójico, así de personal) en mi infancia. Larga vida a Heath Ledger.

Todo artista deja su obra para quien se atreva a asomarse al ataúd que estará siempre abierto. Garibay lo tuvo claro: permanecer es el afán único de todo hombre.

Es tu señal. Es el guiño terminal. Mi visibilidad se corta. Te pierdo. Es un desenlace lapidario que te corresponde cambiar o sentenciar.

Me quedé despierto, preguntándome por qué se fue, en dónde se pone todo esto que dejó y si ese raro objeto llamado ‘destino’ me tenía algo a sólo una cuadra de mi vida.

No sé, nada, ni quiero y eso me hace libre, muy, y de plastilina.

El silencio nos ha permitido llegar a nuestra música, nuestras letras, nuestros recuerdos, nuestros sueños. El silencio duele pero enseña.

Sé todo lo que puedas. Y ojalá que cuando me veas, no me hables .

En mis sueños, el poema ya está escrito, ella aparece y lo plasma en braille.

Era un cuarto cuadrangular, grande y vacío. Cerró la puerta. La oscuridad se tragó todo. Pero la risa, incontrolable, seguía. Era tan fuerte que parecía surgir de lo más profundo de la tierra.

Fabuloso escenario de un amor no declarado. Una palabra de más podía romperlo todo.

Y nos habremos de encontrar en un trozo de cielo.

Si los amigos son la familia que escogemos, ¿qué son los jefes que nos cambian la vida sin darse cuenta?

Me cuesta agarrar el hilo de una vez. El peor duelo es aquel que se puede evitar.

Habitar otros espacios de ese lenguaje que nos parece quisquilloso por ser de barrio o menos modesto que lo que consideramos cercano. Y, sobre todo, habitar las atmósferas, esos barrios y sus calles, los apartamentos, las mentes.

Llegará el día que todo lo sufrido se irá y despertaré de este sueño pavoroso. Seguiré soñando entre líneas divididas.

Las sábanas poco a poco le presionaban el cuerpo hacia el colchón, asfixiándolo. Rendido, vio que no tenía remedio ni escapatoria, esa cama lo había atrapado. Ahora era su prisionero y sólo quedaba entregarse a ella.

El mundo es un lugar raro, oscuro, cruel, en el cual aferrarse a las cosas en las que uno cree es terapéutico y hasta necesario.